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“Territorios Inteligentes”

abril 29, 2018

Uno de los desafíos pendientes del Gobierno de Aragón en la línea de modernización de la Comunidad es abordar un ambicioso plan de “territorios inteligentes” en virtud del cual se comience una sistemática ayuda para introducir la digitalización en todas las dimensiones de la vida social, en línea y complementación con las propuestas del actual Plan Nacional 2017-2020 en esta materia.

Lo contenido en este Plan Nacional alude a un concepto muy nuevo, todavía no definido completamente y sometido, por lo tanto, a todo tipo de matizaciones, pero que apunta fundamentalmente a un tipo de desarrollo que tenga como norte la sostenibilidad en la prestación de todos los servicios, concebida esta en su triple dimensión económica, social y ambiental. Y como herramienta para conseguir esa sostenibilidad se contemplan las modernas tecnologías de la información y la comunicación, las vulgarmente conocidas como TIC, haciendo de su uso extensivo el procedimiento normal de trabajo, de forma que, a través de ellas, pueda lograrse un amplio abanico de servicios, basados en una gran cantidad de datos que esas tecnologías consiguen manejar de forma impensable en otro tiempo.

Este uso masivo de las TIC, característica fundamental de las “ciudades inteligentes”, que surgieron como evolución del concepto de Ciudad Digital, iniciado en España en 2004 por el Ministerio de Industria, se extendería ahora al conjunto del territorio, brindando a sus habitantes las ventajas que las grandes ciudades digitalizadas ofrecen a sus ciudadanos.

Todo ese afán de desarrollo sostenible, con servicios de gran calidad soportados por las TIC, lo que pretende, en definitiva, es incrementar la calidad de vida de las personas, erigiéndose todo lo anterior como un medio para conseguir este fin humano, sin cuyo logro los esfuerzos previos carecerían del sentido último.

La propia complejidad del proceso hace que el desarrollo inteligente de un territorio, según el concepto comentado, tenga un carácter multifacético, afectando a una amplia gama de industrias suministradoras de los servicios necesarios y propiciando la aparición de cuantas nuevas empresas hagan falta para cubrir el extenso campo de las necesidades territoriales, erigiéndose el plan, de esa manera, en elemento tractor de nuevos negocios basados precisamente en las TIC.

Pero la bondad de un territorio no depende solo de las prestaciones materiales que pueda ofrecer a sus habitantes, sino, una vez satisfechas las más básicas, exige ocuparse también de aquellas necesidades inmateriales que una persona precisa para ser elevada al rango que requieren su propia dignidad humana y la dimensión trascendente de su ser. Y en este sentido, la aportación de las TIC tiene que enfocarse también a los servicios culturales, a la transmisión del saber y al desarrollo de la dimensión social de las personas.

Todo esto hace que un proyecto de “territorio inteligente”, además de un interés sobresaliente, tenga una complejidad extraordinaria porque junto al amplio elenco de elementos que intervienen aparece el hecho de la dificultad de vislumbrar el resultado final, ya que el concepto de bienestar humano, en su dimensión global, física e inmaterial, no es algo a lo que se pueda llegar por el mero uso de las TIC por más intensivo que sea, aunque este constituya uno de los retos humanos más desafiantes de la modernidad.

Con esta visión, el “territorio inteligente” se configura como un proceso interminable, como un adentrarse en un mar de posibilidades cuyos confines no se vislumbran todavía, pero cuya navegación es requerida por la modernidad y, sobre todo, por el afán de servicio a las personas, que es su verdadero objetivo final.

Por otra parte, ese mejor servicio a las personas no solo está en función de los aportaciones materiales o inmateriales que a ellas puedan ofrecérseles, sino también del cuidado de su dimensión social y, por lo tanto, del gobierno del territorio como cosa pública, apareciendo así las TIC como una poderosa herramienta para mejorar el desarrollo de la democracia y abriendo con ello un campo extenso de posibilidades de reforma en la administración territorial todavía no suficientemente explorado.

Hoy en día, las TIC pueden jugar un papel reformador de las viejas estructuras de gobernanza para profundizar la democracia e involucrar cada vez más a las personas en el gobierno de la cosa pública, abriendo de esa forma la puerta a un proceso de auténtica modificación de la vida social, donde, en definitiva, ya no solo se trate de territorios inteligentes, sino, sobre todo, de territorio responsables, elevando a sus habitantes a un rango moral superior.

Es una lástima que el inicio de un proceso de tales dimensiones en Aragón haya sido frustrado por el actual Gobierno de la Comunidad tan solo por la circunstancia de que la propuesta del mismo haya partido de la oposición, como pudo constatarse en uno de los últimos Plenos celebrados en las Cortes de Aragón, mostrando con ello una estrecha visión de la política, incompatible con la altura de miras que debe presidir la auténtica acción de gobierno.

 

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