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¡Europa, despierta!

febrero 19, 2017

Después del “Brexit”, que debiera haberse convertido en el aldabonazo que despertase las conciencias europeas, la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, calificando de reduccionista la construcción europea y anunciando que seguirán yéndose más países tras el Reino Unido, La Unión Europea no puede permanecer inactiva esperando que las aguas se calmen y que pase la tormenta.

La situación europea es muy grave. No solo la amenaza de los eurófobos, envalentonados tras el triunfo de Trump, y gritando desde Coblenza que hay que regresar a los Estados nación, sino la misma pasividad de los mandatarios europeos, que parecen confiar en que el paso del tiempo lo resuelva todo, están poniendo a la Unión Europea es una situación de enorme debilidad, de la que no podrá salir ninguna vigorosa acción en sentido contrario, si no hay un decidido golpe de timón.

“Quien se duerme en la democracia puede despertarse con una dictadura”, afirmaba con acierto el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel, sumándose a la manifestación contra los ultraderechistas europeos reunidos a orillas del Rin para decir que “2017 será el año del despertar de los pueblos de la Europa continental”. La extrema derecha europea escucha encantada a Trump cuando afirma que los pueblos quieren seguir teniendo su propia identidad, y aprovecha su estela para lanzar con entusiasmo mensajes de desunión en Europa

No es el reverdecer autoritario de viejas identidades lo que Europa necesita, sino el cultivo y florecimiento sereno de la identidad europea, ese poso de ciudadanía basado en la concepción adecuada de la cultura europea, entendida como diálogo desde el respeto compartido e incluso desde admiración compartida, de sus diversas culturas. Lo que Europa necesita es fomentar la conciencia ilusionada de pertenecer no solo a un espacio político y geográfico concreto, sino, al mismo tiempo, a un elenco de valores profundos que le son consustanciales: la paz, la democracia y la entronización de la persona con sus derechos humanos como eje central de toda la acción pública.

La mayor urgencia de Europa en estos momentos es avanzar con paso firme en la integración, y una de sus piezas fundamentales para ello es la política de seguridad, que tiene en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) un basamento esencial, y más, si cabe todavía, con el cuestionamiento que de ella está haciendo Trump, al calificarla de “obsoleta”.

En esta materia, El Tratado de la Unión, como han puesto de manifiesto destacados expertos, contempla muchas medidas que todavía no se han desarrollado, sea por culpa de la crisis o por lo que fuere. Aumentar la cooperación en inteligencia es imprescindible para nuestra seguridad; la creación de un cuartel general estratégico para las operaciones conjuntas es de vital importancia; lograr una industria de defensa europea competitiva que nos proporciones autonomía estratégica  es de todo punto necesario; y aumentar la inversión colectiva en investigación tecnológica para la defensa es la forma de abordar el futuro.

Es preciso que todos los Estados, y no solo los que quieran, como permite el Tratado de Lisboa, refuercen su cooperación militar y puedan desplegar misiones rápidamente, aumentando con ello su peso en el mundo, y contribuyendo así a un reforzamiento de la propia  OTAN

Pero para lograr todo lo anterior, se precisa, como he dicho en otras ocasiones desde estas mismas líneas, que los políticos europeos estén dotados de un verdadero europeísmo y fomenten ese sentimiento entre los ciudadanos

Es necesario que los ciudadanos encuentren motivos no solo económicos, sino también culturales y sociales, para experimentar con vigor ese nuevo arraigo en lo europeo sin el cual nunca será posible una verdadera Unión. Para sentirse espontáneamente europeo, sin ningún tipo de imposición ni fingimiento, es necesario el entronque en las raíces profundas que nos unen a todos los europeos, con esa apertura hacia lo universal, que constituye la condición europea por excelencia, para humanizar la globalización, propagando a todo el mundo los valores de la igualdad, de los derechos humanos y del respeto a la persona. Es, por lo tanto, imprescindible que se cultive y florezca el verdadero europeísmo, porque sin europeístas nunca podrá lograse una auténtica Unión Europea, de la misma forma que sin demócratas resulta imposible articular una democracia verdadera.

Ojalá estos graves contratiempos por los que atraviesa la política europea sirvan para despertar las conciencias europeas, con el fin de asumir, con toda crudeza, que no se puede demorar por más tiempo el abordaje de los graves problemas que atenazan el proceso de construcción europea. Y reconocer que es preciso encararlos con diálogo abierto, pero también con todo rigor y determinación, y, sobre todo, con la disposición de poner en marcha cuantas medidas sean necesarias.

Por ello, a la petición que encabeza estas líneas, habría que añadir también: ¡Levántate y anda!

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