La Política de Innovación en Aragón

La innovación en Aragón está caracterizada por una gran estabilidad a lo largo de lo que va de siglo. Analizando los datos que depara el Instituto Nacional de Estadística desde comienzos de los años 2000, puede observarse que el lugar que ocupa Aragón en el conjunto de las Comunidades Autónomas, según los indicadores más característicos con los que se suele medir la innovación, se mantiene prácticamente en la misma posición desde hace más de una década

En cuanto al número de empresas con actividad innovadora, ocupando Aragón en 2006 la séptima posición, tras pasar los años 2009, 2010 y 2011 a la octava, en 2014 ha vuelto a estar en la séptima, en una muestra elocuente de su relativa inmovilidad.

En intensidad de innovación de las empresas, entendida ésta como el porcentaje que representan los gastos totales en actividades innovadoras en el monto total de la cifra de negocio de las mismas, tras una pequeña disminución desde el 2006 al 2011, pasando de la tercera posición nacional a la quinta, sigue estando en estos momentos en la quinta.

Y con respecto al número de empresas tecnológicamente innovadoras, Aragón se encuentra en el octavo puesto prácticamente desde el año 2008, idéntica situación a la contemplada si se atiendo al monto de los gastos totales en innovación.

Todo ello, y sin perjuicio del relativismo con el que hay que tomar siempre los análisis estadísticos, pero sin prescindir tampoco del valor orientativo que tienen, permite abundar en lo que decía al principio, en la relativa estabilidad de la innovación en Aragón a lo largo de este siglo, poniendo de manifiesto que, en líneas generales, la política de innovación que ha mantenido el Gobierno de Aragón ha sido sustancialmente la misma con independencia de los partidos que en las distintas épocas lo han sustentado

Esta circunstancia de estabilidad al margen de los colores políticos de los agentes públicos, que puede ser muy benefactora y deseable para ciertos asuntos, no lo es, a mi juicio, cuando se pretende, como es el caso de la innovación, convertir a Aragón en una Comunidad líder en la materia. Esa condición de liderazgo, que se mide por la ventaja de una Comunidad Autónoma frente a las demás, es incompatible con el estancamiento en el tiempo que las cifras antes comentadas ponen de manifiesto.

Si se pretende que Aragón ascienda sustancialmente en el ranquin de Comunidades Autónomas en esta materia se requiere un potente revulsivo, que no se ha dado hasta el momento. La mera continuidad de la política seguida hasta ahora por todos los gobiernos no conduce a esa posición de liderazgo deseada, sino simplemente a mantener las posiciones que ya se tienen. Solo un cambio auténtico cuantitativo y cualitativo, y no meramente literario, como se percibe en los discursos actualmente, puede generar el golpe de timón que la política de innovación requiere, si se quiere lograr lo que se predica.

Y para ese golpe de timón estratégico hay en la dimensión innovadora de Aragón puntos fuertes en los que poder apoyarse. En lo referente al porcentaje de la cifra de negocios de las empresas que representan los productos nuevos o mejorados, Aragón está la segunda Comunidad, solo superada por el País Vasco. Y en lo tocante al porcentaje de empresas con innovación no tecnológica, tan solo es superada por Cataluña, Madrid y Valencia.

Hace ya más de cinco años, la Comisión Europea declaraba que, tras haber atravesado la peor crisis económica desde los años treinta del pasado siglo, la única forma para conseguir la restauración de los puestos de trabajo destruidos y lograr prosperidad consiste en mejorar la innovación en todos los aspectos, desarrollando nuevos productos y servicios.

Esta solemne afirmación, aceptada ya de forma general, constituye una de las bases del actual pensamiento económico, y obliga a utilizar adecuadamente el potencial científico y tecnológico de cualquier Comunidad o país para la generación de innovaciones.

El desafío de Aragón en esta hora de España y de Europa, como todos los grandes desafíos vitales, tanto personales como sociales, no es unidireccional, sino mucho más complejo. Requiere una amplitud de miras suficiente para contemplar simultáneamente todas las dimensiones en que descansa. Pero sin duda alguna, una de esas dimensiones, en el aspecto económico, es la innovación. Pasar de las palabras a los hechos, superar la política de meros discursos para adentrarse con realismo y decisión en la modificación de la realidad actual, y sentar bases sólidas para un vigoroso futuro es lo que, a mi juicio, requiere una política de innovación que cambie realmente la situación.

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