El yo humano

El Yo humano es el tema central y objeto de reflexión del último libro filosófico del profesor Ángel Cristóbal Montes, en el que, bajo el título Los Giros del Yo Humano Occidental, hace un recorrido por los distintos aspectos y circunstancias históricas de este concepto para desembocar en lo que puede considerarse la plenitud humana a través de lo que él llama “la mirada esencial”

El libro, como todos los libros filosóficos del profesor Cristóbal Montes, además de disertar con finura sobre una pléyade de conceptos sutiles, está escrito en un lenguaje elegante, casi sonoro, articulado en tríadas conceptuales de forma que las ideas aparecen casi en tres dimensiones, en relieve, aunando de esa forma la profundidad de pensamiento con la belleza expositiva, y procurando un placer exquisito al espíritu del lector

En su disertación aparece la idea medular del esfuerzo como categoría humana fundamental que, alejándose de las comodidades mentales de la vida moderna mal entendida, se erige como la base de la verdadera aristocracia espiritual. Como él mismo dice:“El yo humano que estamos tratando es el que alcanza con esfuerzo una etapa superior y al día siguiente ya está inquieto en ella, el inconformista, el dubitativo, el que ora acepta y ora rechaza, el que con una mano sujeta lo que con la otra afloja, el que está dispuesto al mayor esfuerzo y el que considera que siempre hay lugar para aquello que es superior”

Frente al pesimismo generalizado en amplias capas de nuestra sociedad por la crisis, la evolución de los acontecimientos internacionales, el terrorismo o la angustia vital que atenaza a gran parte de los países desarrollados, el libro es un canto a la esperanza activa, aquella que se apoya en lo logrado para seguir conquistando nuevas metas, según sus propias palabras: “Estoy convencido de que en Occidente el tipo humano normal de nuestros días tiene unas características tales que están produciendo un despegue vital que permite superar la visión catastrofista que durante el siglo XX atrapó a Occidente. La extensión del modelo democrático prácticamente a todo Occidente, la casi desaparición del modelo totalizante nazi y soviético que llevó a la humanidad al borde de la catástrofe, y la Unión Europea han logrado ya cosas que hasta hace poco parecían imposibles, y permite albergar la esperanza”

El canto a la persona y a las posibilidades humanas, lejos de aproximarle a cualquier concepción megalómana o supra humana, le lleva precisamente al reconocimiento humilde de sus limitaciones, y ello como condición indispensable para superarlas, basando la verdadera esperanza en el realismo, no en ninguna ensoñación artificial. Solo la verdad nos hará libres, insiste en repetidas ocasiones, y es esa verdad de nuestra pequeñez la que precisamente, cabalmente reconocida, nos posibilita para la grandeza en el sentido más humano de la palabra.

Pero a pesar de lo insondable del pensamiento humano y de sus posibilidades, el profesor Cristóbal Montes no se deja deslumbrar por ningún espejismo, sino que, asumiendo con valentía la realidad, se sitúa en la línea de los grandes pensadores, como él mismo dice

“Todos los egregios pensadores nos recuerdan que podemos avanzar hasta cierto punto y que podemos rondar las puertas del misterio, pero que no somos capaces de dar un solo paso en la dirección de desvelar la incógnita humana, quizá porque en permanentes palabras del patriarca Gadamer, “la verdadera experiencia es aquella en que el hombre se hace consciente de su finitud”

El libro, al llegar a este punto, parece como si estuviera preparando el camino para dar el salto hacia la trascendencia, como esperaba, al menos, el que estas palabras escribe. Pero no se puede perder de vista en ningún momento que se trata de un libro de filosofía, no de teología, y que ese salto en el vacío que la fe reclama para avanzar en el misterio de lo humano no es propio de aquella disciplina

Y sin embargo esa trascendencia la roza precisamente desde la frontera de humano, desde ese punto en que lo humano se atreve a vislumbrar lo que ya no es humano pero en cuyo vislumbre puede instalarse sin perjuicio de su propia humanidad. Y así aparece la cultura como ese lugar privilegiado para otear el insondable misterio de nuestra condición. O, según sus propias palabras:“La cultura es, probablemente, el fruto más exquisito y la realización más admirable que los hombres y los pueblos son capaces de producir, ya que, mediante ella, el ser humano alcanza la mayor altura espiritual e intelectual que es capaz de conseguir. Sin ella, todo lo demás se disminuye porque le falta el líquido vital para crecer y desarrollarse, y la vida colectiva misma se torna insulsa, bárbara y rutinaria porque no circula por sus venas ese impulso sagrado y sublime que eleva a los pueblos y los hace probar la ambrosía y el néctar de los dioses”

Los Giros del Yo Humano Occidental es un libro, a mi juicio, para leer con calma, meditar con sosiego y saborear con delectación.

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