Nuevo reglamento para la agricultura ecológica

Sabido es que la agricultura ecológica es un sistema general de gestión agrícola y producción de alimentos que combina las mejores prácticas en materia de medio ambiente y clima, un elevado nivel de biodiversidad y una buena conservación de los recursos naturales. Con ello, por una parte, aporta productos a un mercado específico que demandan los consumidores y, por otra, contribuye a la protección del medio ambiente y al desarrollo rural.

Los objetivos de la política de producción ecológica se recogen de forma implícita en los objetivos de la Política Agraria Común al garantizar que los agricultores reciben una retribución adecuada por cumplir las normas de producción ecológica. Además, la creciente demanda de productos ecológicos por parte de los consumidores crea condiciones idóneas para un mayor desarrollo y expansión del mercado de estos productos y, por tanto, para el aumento de los ingresos de los agricultores que se dedican a esta producción.

La producción ecológica forma parte de los regímenes de calidad de los productos agrícolas europeos, junto con las indicaciones geográficas, las especialidades tradicionales garantizadas y los productos de las regiones ultraperiféricas. Igualmente, contribuye al logro de los objetivos relacionados con la infraestructura verde, la estrategia temática para la protección del suelo y los controles sobre los límites máximos nacionales de emisión

Por ello, es necesario, entre otras cosas, que la agricultura ecológica disponga de un marco normativo moderno, ajustado a sus grandes expectativas de crecimiento, que garantice la adaptación a la evolución técnica, que otorgue a los consumidores una información clara en todo el mercado de la Unión y que aproveche toda la experiencia adquirida con la aplicación de las disposiciones sobre importación de productos ecológicos.

La Unión Europea lleva más de dos años trabajando en esta materia sin resultados todavía concluyentes. En su Consejo de Ministros de Agricultura del pasado 11 de mayo se puso palmariamente de manifiesto la gran diversidad de concepciones e intereses que hay en los distintos países de la Unión con respecto a esta materia, hasta el punto de ser imposible el acuerdo a pesar de haber suspendido la sesión durante unas horas para analizar nuevas propuestas presentadas sobre la marcha por la presidencia. No fue posible el acuerdo en aquel momento, lográndose, a pesar de que la disparidad seguía latente, en el siguiente Consejo de Ministros, el del 16 de junio. Dicho acuerdo, de carácter eminentemente político, debe negociarse a partir de ese momento con el Parlamento y de la Comisión Europea.

Lo aprobado en esa sesión constituye una base para seguir negociando, si bien ésta, a mi juicio, no es completamente satisfactoria, ya que la solución que se ha adoptado relativa a la aparición de sustancias no permitidas, como plaguicidas o residuos de fitosanitarios, en los productos ecológicos abre un margen de tolerancia cuando no haya intencionalidad por parte del productor. A mi entender, la tolerancia debe ser cero, independientemente de la culpabilidad o no del productor, pues está en juego el prestigio de los productos ecológicos, así como el propio concepto de la ecología, además de que, a largo plazo, este proceder iría también en contra del productor.

Por otra parte, me parece más positivo el acuerdo logrado sobre el control de los procesos de producción de los productos ecológicos. Se llegó al consenso en el sentido de dar luz verde para que los controles sobre el terreno de aquellos productores que tengan un perfil de bajo riesgo se realicen con una frecuencia máxima de dos años y medio, y en cambio, en el resto de los casos, la frecuencia sea anual.

Sobre las importaciones, también se logró un acuerdo satisfactorio consistente en que el tipo de exigencias que la Unión va a tener con las importaciones de los productos ecológicos procedentes o producidos en terceros países será el mismo que se tiene para los productores comunitarios, lo que garantiza la ausencia de competencia ilegal por parte de dichos países.

Como digo, lo logrado no es más que una base negociadora para el trílogo necesario con el Parlamento y la Comisión Europea. Ojalá de todo ello resulte un reglamento satisfactorio que impulse realmente la agricultura ecológica en la dirección que el mercado y la modernidad reclaman.

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