Preocupaciones agrarias europeas

El Consejo de Ministros de Agricultura europeo, el pasado 20 de abril, abordó la postura común de la Unión Europea para llevarla al undécimo período de sesiones del Foro de las Naciones Unidas sobre los Bosques, que se celebrará en Nueva York del 4 al 15 de mayo próximo.
La postura europea, con la que está de acuerdo España, considera que la política forestal es sumamente importante porque la realidad pone de manifiesto que se está produciendo una alarmante deforestación en el mundo y ello incide negativamente en la lucha contra el cambio climático, en la pérdida de la biodiversidad, en los legítimos aprovechamientos madereros, en la extensión de las energías renovables a través de la biomasa y en la creación de puestos de trabajo.
En dicha reunión se puso de manifiesto que es necesaria una política forestal sostenible, implicar más la actuación de los intereses privados, reforzar el entendimiento internacional e incrementar la participación de los procesos regionales en los acuerdos internacionales sobre bosques, desde el convencimiento de que estos procesos regionales pueden desarrollar un papel mediador entre los niveles nacionales y mundial.
En este sentido, expreso mi satisfacción al comprobar, una vez más, que la política forestal aragonesa está en línea con esta preocupación por el desarrollo sostenible de la gestión de los bosques, como lo atestigua la introducción de la certificación forestal sostenible, las nuevas regulaciones de planificación de los aprovechamientos forestales y la nueva Ley de Montes, aprobada durante esta Legislatura por las Cortes de Aragón, que aumenta la posibilidad de la iniciativa privada en la gestión forestal.
La contribución de nuestro país a la gestión forestal puede ser muy notable. Sus características estructurales en esta materia así lo hacen pensar. Con 27,7 millones de hectáreas de superficie forestal, es decir, el 54% de su extensión, es la segunda nación europea en superficie forestal, tan solo superada por Suecia. Su superficie arbolada es de 18,1 millones de hectáreas, el 35% de todo el territorio nacional, la tercera de Europa, precedida por Suecia y Finlandia. Algo parecido, en la escala correspondiente, puede predicarse de Aragón, que tiene en esta materia una estructura similar a la española. Tiene 2,6 millones de superficie forestal, prácticamente la mitad públicas, el 54% de su territorio, y 1,5 millones de hectáreas arboladas, el 32% de su superficie.
No debe olvidarse que la gestión sostenible de los bosques puede contribuir al logro de una economía ecológica y, en el contexto del desarrollo sostenible, a la erradicación de la pobreza, cuestiones ambas que están en el más alto puesto de las preocupaciones mundiales. Todo ello, teniendo en cuenta, además, que los bosques están sufriendo una presión exterior por la expansión de la agricultura, las prácticas no sostenibles y el aprovechamiento ilegal de la madera.
En otro orden de cosas, en el Consejo de Ministros se informó también del memorandum de entendimiento logrado el pasado mes de marzo entre el Banco Europeo de Inversiones y la Unión Europea para poner en marcha el “Plan Especial de Garantía para la Agricultura”. Este plan es un nuevo instrumento financiero para el mejor y más rápido cumplimiento del Programa de Desarrollo Sostenible, y facilitar el crédito para las actividades agrícolas, silvícolas y agroindustriales. Pretende contribuir a que Europa recupere la competitividad en materia de agroindustria, perdida, por desgracia, hace décadas.
Con el plan se pueden financiar las instituciones públicas y los agentes privados que tengan que ver con el Programa de Desarrollo Rural, es decir, todo lo que se cofinancia con Fondos Europeos. Además, el Banco Europeo de Inversiones ofrece igualmente la posibilidad de garantía y asesoría técnica y financiera, al tiempo que brinda simultáneamente capacitación a todos los agentes.
Por último, en el Consejo de Ministros se informó acerca de los trabajos que están desarrollándose para la celebración de la Exposición Universal de Milán, que va a girar en torno al trascendental asunto de la alimentación mundial.
Considero que dicho problema, el de la alimentación, a mi juicio del mayor rango ético, constituye un desafío para la humanidad, teniendo en cuenta no solo el desequilibrio de la actual estructura alimenticia, sino también el notable incremento de personas a alimentar en el futuro, varias veces superior al incremento de la superficie cultivable.
Como allí se puso de manifiesto, en el mundo hay 800 millones de personas hambrientas y 1.900 millones de personas con sobrepeso u obesas. En 2050 habrá que alimentar a 9.000 millones de personas, es decir, a un 30% más de la población mundial actual, y la superficie cultivable sólo puede aumentar un 5%. Esto indica que es necesaria la tecnología para aumentar la productividad y que es preciso abordar todos los asuntos de la política agraria, prácticamente la única política realmente europea, con una mentalidad abierta a los avances que la ciencia viene produciendo en esta materia.

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