Preocupación por la montaña

Aragón es un territorio montañoso. Prácticamente la mitad de su superficie se considera zona de montaña. El 41% de los municipios aragoneses, que ocupan un 49% de la superficie y abarcan siete comarcas, pueden considerarse en esa catalogación, perteneciendo además a diferentes sistemas, el Pirenaico y el Ibérico, y conformando la identidad del conjunto de la región, ya que es precisamente su existencia lo que canaliza el Valle del Ebro. En dicha zona se encuentra el 70% de los embalses y en torno al 40% de las explotaciones de ganadería extensiva, viéndose la producción agraria notablemente encarecida por la orografía y la disminución del período vegetativo.
Por otra parte, el aislamiento y la inaccesibilidad, unidos a su cualidad de frontera en muchos casos, han dotado a esa zona de unas características etnográficas y culturales propias que constituyen, junto con sus valores naturales, un patrimonio de altísimo valor. Son además ecosistemas frágiles, sumamente sensibles a riesgos como los incendios o el cambio climático.
Ante esta situación, es normal la preocupación del Gobierno aragonés por las zonas de montaña, por su desarrollo, por la calidad de vida de sus habitantes y por la búsqueda de mejoras permanentes en la política aplicada a ellas.
Y en esa búsqueda, el Gobierno de Aragón sintoniza además con el conjunto de la sociedad y de las instituciones no solo españolas. El Parlamento Europeo, el Comité de las Regiones, incluso la Cumbre de Río han emitido comunicados, informes y propuestas sobre este tema y en esa dirección.
En esta preocupación europea, es preciso resaltar la importancia de la Política Agraria Común, un 10% de cuya dotación anual se dedica a esas zonas, de forma que el importe medio de ayudas directas percibido por los beneficiarios allí ubicados es casi un 13% superior al importe medio regional, logrando con ello un cierto efecto equilibrador de rentas.
Además, a través del segundo pilar de la Política Agraria Común, el Programa de Desarrollo Rural ejerce también un efecto benefactor sobre la calidad de vida en estas regiones, tanto en lo referente a la modernización de las explotaciones, como en la ayuda a los jóvenes, o en lo tocante a los complementos agroambientales.
En lo referente a la modernización de explotaciones, dichas zonas tienen una mayor puntuación en el baremo para acceder a las ayudas en caso de insuficiencia presupuestaria, y el porcentaje de subvención se incrementa en 10 puntos, es decir, pasa del 40% al 50% de la inversión.
Por lo que afecta a la incorporación de jóvenes agricultores, puede decirse que son preferentes para atender todas las solicitudes y la ayuda que obtienen es superior al resto, incrementándose la prima un 10%
Y en lo que concierne a las ayudas agroambientales, es preciso remarcar que algunas de ellas solo son de aplicación en dichas zonas, como el caso de la medida de los pastos de siega, mientras otras, como la de ganadería de razas autóctonas en peligro de extinción, repercuten mayoritariamente en estas áreas.
Hay en la Política Agraria Común, por lo tanto, un decidido apoyo público a la agricultura y ganadería en las zonas de montaña, que en la medida de lo posible el Gobierno de Aragón lo intensifica por otros caminos. Pero no es suficiente con todo ello. Esas zonas tienen que recibir mayores ayudas y un nuevo planteamiento que las impulse a depender cada vez menos de las subvenciones, porque la viabilidad de las explotaciones debe obtenerse por la remuneración de los productos y servicios que se obtengan. El reto consiste, por lo tanto, en conseguir que los consumidores estén dispuestos a pagar un plus por disfrutar de determinadas cualidades intangibles asociadas a dichos productos.
Para ello es preciso que se identifiquen con claridad los valores intangibles ofrecidos, que los consumidores los aprecien y estén dispuestos a pagar por ellos, que los productos lleguen al mercado a través de los canales adecuados, que se implique y crea en ello toda la población local, convirtiéndose en verdaderos embajadores de su tierra, que se aborden, de forma eficaz, las acciones de promoción necesarias; y que se aprovechen con inteligencia las complementariedades que existen entre la agroalimentación, el turismo, la restauración, la gastronomía, la cultura, la artesanía, el comercio y el ocio dentro del dicho territorio.
Pero sin perjuicio de todas estas acciones, el Gobierno de Aragón está decidido a impulsar al mismo tiempo, como complemento de todo lo anterior, una vigorosa dinamización de todas las vertientes turísticas que las zonas montañosas ofrecen, y una especial atención a la gestión forestal y al mantenimiento de la biodiversidad y los espacios naturales como fuente añadida de creación de riqueza en la zona.

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