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Interconexión eléctrica europea

abril 28, 2014

En el Consejo de Ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea del pasado 3 de marzo, la delegación española puso claramente de manifiesto la necesidad de dar carácter prioritario a las interconexiones eléctricas y a las redes de gaseoductos entre España y Portugal,  y entre España y Francia, de forma que se puedan superar los objetivos planteados para 2020, que son: más del 15% entre España y Portugal, y del 10% entre España y Francia.

La postura conjunta de las Comunidades Autónomas españolas, representadas en esa ocasión por Aragón, abundó en la idea de terminar con el aislacionismo español, lo que se denomina la isla energética de la Península Ibérica, superando ese escaso 2% de la potencia instalada de interconexión actual, abogando al mismo tiempo por avanzar hacia un mercado energético único europeo, y manifestando igualmente su preocupación por la ausencia de objetivos previos en la gobernanza general de la energía.

El asunto de la interconexión debería llevar aparejada una bajada de los precios de la energía en España, excesivamente cara en estos momentos, y constituir una palanca de desarrollo general de la economía, terminando al mismo tiempo con la incertidumbre jurídica que paraliza inversiones, desasosiega a los empresarios y retrasa el desarrollo económico

La reflexión sobre el futuro energético de la Unión Europea es algo crucial para todos los Estados Miembros, y dentro de España de una manera particular para Aragón, una Comunidad muy extensa y con poca densidad de población, en la que el problema de la red de distribución eléctrica es más agudo que en otras Comunidades.

Aragón, como es sabido, es una potencia en materia energética. La capacidad que tendría de exportar energía en el momento más adecuado se podría resolver con una línea de interconexión con Francia que tuviera una capacidad equivalente a dos o tres centrales nucleares, que es cualquier línea de las que salen de la central de Andorra. Proyectos anteriores en este sentido, arruinados por debates desacertados, hubieran permitido a España importar y exportar, con gran ventaja para Aragón.

Además, nuestra Comunidad, a través de su Universidad y apoyándose en proyectos de investigación, puede y debe incorporarse al desarrollo de las redes inteligentes para la distribución electricidad. Unas redes que permitirán la producción distribuida, la creación de flujos bidireccionales entre los centros de producción y consumo eléctrico, como los que se producirían con el uso del coche eléctrico, y los mecanismos de gestión de la demanda.

La posición común de las Comunidades Autónomas enfatizó también la conveniencia de que los consumidores puedan producir su propia energía sostenible, y se siga profundizando en la competencia y liberalización del mercado energético, evitando concentraciones, y eliminando paulatinamente las subvenciones para tecnologías de las energías maduras. Calificó también de muy acertada la intensificación de iniciativas de I+D en materia de energías renovables, eficiencia energética y procesos industriales hipocarbónicos, y el hecho de que estas iniciativas se desarrollen utilizando los ingresos generados a través del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión.

Tras este cúmulo de preocupaciones del conjunto de las Comunidades Autónomas españolas, resulta muy satisfactorio el apoyo logrado en el Consejo Europeo del pasado 21 de marzo para impulsar las interconexiones energéticas en la Unión Europea y, especialmente con la Península Ibérica, así como el respaldo que, en defensa de estas tesis, obtuvo el presidente Rajoy por parte del primer ministro portugués, Pedro Passo, de la canciller alemana, Angela Merkel, o del presidente francés François Hollande. Con ello, es de esperar, y desear, que en el Consejo Europeo del próximo octubre se aprueben definitivamente estas tesis, en beneficio de toda la Unión Europea y, muy particularmente, de España y Aragón

Europa está en estos momentos envuelta en una grave crisis económica, pero viene arrastrando una crisis política desde hace más de diez años. El fracaso del proyecto de Constitución del año 2005, debido el voto negativo de los referéndums francés y holandés, y las consiguientes tendencias de ciertos países a replegarse sobre sus propios Estados, han debilitado el espíritu de unión política nacido del Tratado de Maastricht. Al mismo tiempo, los partidos que se consideran europeístas se muestran más preocupados en ver qué pueden sacar de Europa para sus respectivos países que en aquello que beneficia al conjunto de la Unión, abandonando en gran parte su responsabilidad de contribuir a la formación de la conciencia europea, haciendo de lo europeo algo cotidiano en la preocupación y el interés de las gentes.

Al considerar esta convulsa situación, que desemboca con demasiada frecuencia en estados crónicos de pesimismo acerca de la viabilidad real del proyecto europeo, me parece importante reflexionar sobre todas estas cuestiones, tan europeas y tan decisivas al mismo tiempo, para intentar contribuir a extender la conciencia de la necesidad de ver la Unión Europea como algo próximo, esencial y esperanzador en este mundo globalizado que marca el signo de los tiempos.