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Aire puro en Europa

marzo 22, 2014

A pesar de los avances que Europa ha hecho en materia de contaminación atmosférica, la lucha contra ella sigue siendo un gran desafío, ya que pervive como principal factor ambiental causante de enfermedades evitables y muertes prematuras. Por ello, es necesario seguir avanzando en la mejora de la calidad del aire

Fruto de esta preocupoación, el pasado mes de enero la Comisión Europea presentó el programa Aaire Puro para Europa, que afecta a tres procedimientos normativos: el referente a la fijación de los techos nacionales de emisión, el relativo a las plantas de combustión medianas, y el que pone el acento en luchar contra el ozono troposférico.

Se trata de un programa que abarca de  forma coordinada, con horizonte de 2030, la política comunitaria en materia de calidad del aire y lucha contra la contaminación atmosférica, puede facilitar de maneta considerable el cumplimiento de los objetivos marcados en esta materia para 2020, y contribuir en gran medida a que se puedan cumplir a más largo plazo los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud

El programa va a requerir fuertes inversiones, y, aunque está previsto que los estados Miembros puedan obtener financiación de los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos de 2014-2020 y del nuevo instrumento LIFE de 2014-2020, es preciso decir que se deberían incorporar, al mismo tiempo, otras vías de financiación, como las ayudas procedentes de fondos europeos en materia de energía y medio ambiente, y, en todo caso, potenciar el acceso a Fondos de I+D+i y a la combinación de Fondos Estructurales con ayudas al sector privado.

En lo tocante a los techos nacionales de emisión, y en el caso concreto de España, conviene decir con claridad, que los objetivos propuestos son muy ambiciosos y que resulta decisivo dotarlos del suficiente margen de elsticidad para que puedan adecuaerse a sus posibilidades reales, como también a las posibilidades reales, tecnológicas y económicas del resto de los Estados Miembros. Y para ello, se precisan adecuados Programas Nacionales de Lucha contra la Contaminación Atmosférica, con medidas concretas a llevar a cabo en la reducción de todos los contaminantes, y particularmente, y en el caso español,  en lo que se refiere al amoniaco, un contaminante que se genera principalmente en la actividad agroganadera, y que es muy determinante en todo el territorio nacional

Establecer regulación de los límites de emisión para las instalaciones de combustión medianas parece muy interesante ya que las emisiones globales de dicha instalaciones son importantes y , además, en España, salvo en alguna Comunidad Autónoma, no hay suficiente control de ellas. Todo ello sin perder de vista las actuales dificultades socioeconómicas actuales del sector residencial doméstico, incluído en el ámbito de aplicación de esta pretensión, por lo que se debe valorar la posibilidad de excluirlas de esta normativa, o, al menos, establecer para él niveles y controles de emisión menos estrictos  y plazos de implementación más largos.

En relación con el ozono troposférico, es preciso decir que, antes que nada, se deberían establecer medidas de fomento de la investigación tendentes a esclarecer, por una parte, los procesos de formación del ozono en la baja atmósfera y su evolución en ésta, y, por otra, el efecto de los climas cálidos mediterráneos, tanto sobre su formación como sobre la salud de las personas. Sin un conocimiento profundo de estas variables no es posible desarrollar medidas eficaces de reducción del ozono. Sería como dar “palos de ciego” o “escribir en el agua”

Nos encontramos a las puertas de una elecciones al Parlamento Europeo con las peores expectativas para los planteamientos verdaderamente europeístas. Y ello, en gran parte, por el abandono generalizado de los Estados Miembros en hacer pedagogía social de la conveniencia de la Unión Europea en todos los órdenes.

Reflexionar sobre el aire puro en Europa, como han pretendido, aunque fuera muy someramente, los comentarios anteriores, constituye, a mi juicio, una forma más de incardinar lo europeo a la vida cotidiana de su ciudadanos, y responde a la idea que desde tiempo atrás vengo desarrollando a través de este espacio, y es que hay que hablar más de Europa en todo momento. Para que Europa sea una realidad tienen que quererla los ciudadanos; y para llegar a ello es preciso que se hable de Europa, que se discutan sus asuntos, que se analicen sus problemas, que se vea entre todos la forma de eliminar los inconvenientes y aumentar las ventajas de su pertenencia a ella; en definitiva, que se haga de lo europeo asunto doméstico y se incardine en el elenco de preocupaciones cotidianas. Esto no es algo que se pueda conseguir de la noche a la mañana, ciertamente, pero es algo que no se conseguirá nunca si no se dan los pasos en la dirección adecuada, y para estos pasos la pedagogía social por parte de quienes se consideren europeístas resulta fundamental.

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