Sobre el mundo islámico

Hace unas semanas tuvo lugar en Zaragoza, en el Seminario de Investigación para la Paz, en el Centro Pignatelli, la presentación del libro anual de reflexiones, dedicado este año al mundo islámico, en un acto en el que se puso de manifiesto no solo la importancia de conocer las claves de esta cultura para su cabal comprensión, sino también la necesidad de diálogo entre todos los agentes para superar la encrucijada en la que esa parte del mundo se encuentra.

El Seminario de Investigación para la Paz del Centro Pignatelli viene desarrollando desde 1984 una intensa labor en beneficio de la paz, particularmente interesante siempre, pero sobre todo en una sociedad, como la nuestra, penetrada por la ley económica occidental de la competitividad, que no apunta precisamente en dirección a la paz.

 En las distintas intervenciones se puso de manifiesto, ensalzándolo en la dimensión que merece, el aldabonazo social y espiritual en beneficio de valores profundos que la actividad de este Seminario supone. Y no solo por lo que intrínsecamente representa en beneficio de la paz, sino por lo que tiene también de contribución al prestigio internacional de Aragón.

Como es sabido, la capital de Aragón recibió en 1999, de manos de la UNESCO, y de una manera muy decisiva por la labor de este Seminario, el título de “Sitio Emblemático de la Cultura de la Paz”. Un título que debe constituir un motivo de orgullo y compromiso para los ciudadanos, y que, en contraste con otros títulos de la ciudad de Zaragoza que proceden del pasado y de la guerra, tiene éste el valor de venir de los esfuerzos por la paz y de la ambición de proyectarlos en el futuro.

El libro en cuestión, “El Mundo Árabe en la Encrucijada”, presenta las reflexiones y debates de una pléyade de pensadores  e investigadores que a lo largo del año han ido desgranando con precisión las claves internas de un mundo, el islámico, cuyo cabal conocimiento constituye hoy uno de los factores esenciales para trabajar con eficacia por la paz.

Pero no solo es importante el conocimiento del mundo árabe por lo que tiene de ayuda para comprender la encrucijada en la que se encuentra sumergido, que es también, de alguna manera, la nuestra, sino para comprendernos también a nosotros mismos en nuestra condición de españoles. La Hispania árabe islámica, esos ocho siglos de convivencia en nuestro territorio de las tres culturas, cristiana, judía y musulmana, y el esplendor de esta última, no solo constituyen un hecho diferencial con respecto al resto del mundo, sino que contribuyen también a que los españoles podamos estar mejor preparados que otros para comprender esta problemática y superar el desencuentro actual entre la cultura occidental y la islámica.

Las cosmovisiones de ambos mundos no solo están marcadas por la lengua, la geografía, los factores sociales y otras causas similares, sino también, y muy fundamentalmente, por la religión. No puede olvidarse que todas las guerras que en el mundo han sido, y siguen siendo, tanto de forma explícita como de forma latente, son, en el fondo, guerras de religión, entendiendo la religión en el sentido profundo de la palabra, es decir, aquello que liga a la persona con valores que dan una orientación total a su vida, y por los que se esfuerza y trabaja permanentemente, tanto si es de forma consciente como inconsciente.

Por eso, una de las razones subrayada de manera particularmente nítida en el acto mencionado como fundamental para la contribución a la paz en general, y con el mundo islámico en particular, fue la necesidad del diálogo religioso. De un diálogo profundo y sincero, es decir, aquel que consiste en acercarse al interlocutor convencido de que parte de la verdad también reside en él; con la esperanza de salir ambos enriquecidos del encuentro; y viéndose el uno al otro, como ha expresado hace poco el Papa Francisco, “como partes que pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida, sin apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserve en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna”.

A lo largo del acto se puso igualmente de manifiesto la necesidad de superar los fundamentalismos que desde ambas partes, occidental e islámica, tantas veces han cegado, y siguen cegando, la correcta comprensión mutua, abriendo con esa superación camino a un entendimiento fecundo que propicie un mundo realmente en paz, que es la forma de que sea un mundo realmente mejor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: