Archive for 17 febrero 2014

La PAC definitiva

febrero 17, 2014

Hace unos días concluyó en Madrid la última ronda de negociaciones para establecer el desarrollo de la Política Agraria Común (PAC) en el conjunto de España. En la Conferencia Sectorial celebrada en el Ministerio de Agricultura los pasados días 21 y 22 de enero, el conjunto de Comunidades Autónomas y el Gobierno de la Nación llegaron al acuerdo final en los cuatro grandes asuntos que quedaban pendientes desde la reunión de julio pasado: la aplicación del llamado “modelo regional” al conjunto del territorio nacional, la definición de “agricultor activo”, el montante de las “ayudas acopladas”, y la distribución por Comunidades Autónomas de los fondos del Programa de Desarrollo Rural.

Sin que pueda decirse que haya habido unanimidad en todos los asuntos, sí puede afirmarse que el conjunto de los cuatro grandes apartados contó con una suficiente mayoría que permitió desarrollar las sesiones en el tiempo previamente establecido para ellas

En lo tocante al “modelo regional”, se tomó como punto de partida la comarca agraria y, dentro de ella, una compartimentación en cuatro zonas correspondientes respectivamente al cultivo de secano, al de regadío, a los cultivos permanentes y a los pastos, agrupando en una misma región a las comarcas y tipos de superficie con importes de ayuda por hectárea semejantes. Todo ello inducido por la voluntad de evitar trasvases de fondos entre las distintas Comunidades Autónomas y minimizar el que pudiera producirse entre los distintos perceptores de un mismo sector. Para ello se acordó que el modelo contemplase entre 22 y 24 regiones, al objeto de evitar una excesiva fragmentación del territorio.

En lo tocante a la definición de “agricultor activo”, todas las opiniones giraron en torno a la necesidad de que la actividad agraria fuera realmente significativa, es decir, que los beneficiarios de las ayudas de la PAC contasen con algún ingreso agrario suficientemente representativo, distinto de las ayudas directas. En este sentido, sin perjuicio de otras disposiciones, se acordó no considerar como agricultor activo aquel cuyas ayudas directas supongan más de un 80% del total de sus ingresos agrarios, dispensando de esta disposición a los perceptores cuyo monto sea inferior a 1.250 euros de ayudas directas al año.

Con respecto a las llamadas “ayudas acopladas”, que es la manera corriente de denominar a las ayudas asociadas que son voluntad de los respectivos Estados, se siguió, entre otros, el criterio de aplicarlas de manera preferente a aquellos sectores que, sin ellas, estarían sometidos a evidentes riesgos de reducción de su producción o incluso de abandono, con importantes repercusiones socioeconómicas, y también para atender a formas de producción que no pueden ser atendidas de ninguna otra forma, como es el caso de los ganaderos sin tierra.

Resulta oportuno recordar que el pasado mes de febrero la organizaciones agrarias aragonesas y la federación de cooperativas, acompañadas por el Gobierno de Aragón, llevaron ante la Comisión Europea y la representación de la Presidencia irlandesa el clamor de esta Comunidad sobre la fragilidad con la que la actual pretensión de reforma de la PAC contemplaba la problemática de la ganadería extensiva en Aragón

Como es sabido, gran parte del territorio aragonés está ocupado por tierras áridas y semiáridas, con escasas precipitaciones y en donde la ganadería extensiva de ovino y caprino es la única alternativa de subsistencia para aquellos ganaderos que carecen de superficies agrícolas. Y de forma muy similar podría hablarse también de las vacas nodrizas, el segundo sector de la ganadería extensiva de Aragón, que pastan áreas de montaña de menor aridez, pero desempeñando un papel también determinante en el sostenimiento de la economía de estas áreas con limitaciones específicas, en la preservación de espacios naturales o en la lucha contra incendios.

Es indudable pensar, aunque sea difícil establecer una relación cuantificada de causa y efecto, que el clamor de aquella reivindicación aragonesa en Bruselas y su eco correspondiente en el Gobierno español, que terminó por asumir la tesis aragonesa, ha contribuido de forma notable al avance sustancial que en esta materia se ha dado para la ganadería extensiva de ovino, que ha visto multiplicada por cinco su dotación.

Por último, es preciso destacar la importancia de haber mantenido, acrecentada en un millón, la actual dotación del programa de Desarrollo Rural que tan benefactor impacto tiene en la creación de puestos de trabajo en el medio rural, y en cuyo desarrollo, Aragón, viene situándose a la cabeza de las Comunidades Autónomas, siendo además, la primera de ellas en lo tocante al programa de “Relaciones entre actividades de Desarrollo de la Economía Rural” (LEADER) (“Liaisons Entre Activités de Developement de L’Economie Rural”)

Al término de esta negociación, me parece oportuno subrayar no solo la importancia que para el campo español y aragonés tiene la PAC, sino también el valor que esta política auténticamente europea, la única que en puridad merece esta calificativo, tiene como ejemplo y acicate para que Europa salga del marasmo en que la actual crisis económica la ha metido

Para que Europa sea una realidad, como he dicho en repetidas ocasiones en estas mismas páginas,   tienen que quererla los ciudadanos; y para llegar a ello es preciso que se hable de ella, que se discutan sus asuntos, que se analicen sus problemas, que se vea entre todos la forma de eliminar los inconvenientes y aumentar las ventajas de la pertenencia a ella; en definitiva, que se haga de lo europeo asunto doméstico y se incardine en el elenco de preocupaciones cotidianas. La PAC, al tiempo que mejora la vida del campo europeo, puede contribuir de una manera muy poderosa a este necesario renacer de la conciencia Europa y facilitar con ello el camino de la auténtica construcción de la Unión Europea

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Sobre el mundo islámico

febrero 17, 2014

Hace unas semanas tuvo lugar en Zaragoza, en el Seminario de Investigación para la Paz, en el Centro Pignatelli, la presentación del libro anual de reflexiones, dedicado este año al mundo islámico, en un acto en el que se puso de manifiesto no solo la importancia de conocer las claves de esta cultura para su cabal comprensión, sino también la necesidad de diálogo entre todos los agentes para superar la encrucijada en la que esa parte del mundo se encuentra.

El Seminario de Investigación para la Paz del Centro Pignatelli viene desarrollando desde 1984 una intensa labor en beneficio de la paz, particularmente interesante siempre, pero sobre todo en una sociedad, como la nuestra, penetrada por la ley económica occidental de la competitividad, que no apunta precisamente en dirección a la paz.

 En las distintas intervenciones se puso de manifiesto, ensalzándolo en la dimensión que merece, el aldabonazo social y espiritual en beneficio de valores profundos que la actividad de este Seminario supone. Y no solo por lo que intrínsecamente representa en beneficio de la paz, sino por lo que tiene también de contribución al prestigio internacional de Aragón.

Como es sabido, la capital de Aragón recibió en 1999, de manos de la UNESCO, y de una manera muy decisiva por la labor de este Seminario, el título de “Sitio Emblemático de la Cultura de la Paz”. Un título que debe constituir un motivo de orgullo y compromiso para los ciudadanos, y que, en contraste con otros títulos de la ciudad de Zaragoza que proceden del pasado y de la guerra, tiene éste el valor de venir de los esfuerzos por la paz y de la ambición de proyectarlos en el futuro.

El libro en cuestión, “El Mundo Árabe en la Encrucijada”, presenta las reflexiones y debates de una pléyade de pensadores  e investigadores que a lo largo del año han ido desgranando con precisión las claves internas de un mundo, el islámico, cuyo cabal conocimiento constituye hoy uno de los factores esenciales para trabajar con eficacia por la paz.

Pero no solo es importante el conocimiento del mundo árabe por lo que tiene de ayuda para comprender la encrucijada en la que se encuentra sumergido, que es también, de alguna manera, la nuestra, sino para comprendernos también a nosotros mismos en nuestra condición de españoles. La Hispania árabe islámica, esos ocho siglos de convivencia en nuestro territorio de las tres culturas, cristiana, judía y musulmana, y el esplendor de esta última, no solo constituyen un hecho diferencial con respecto al resto del mundo, sino que contribuyen también a que los españoles podamos estar mejor preparados que otros para comprender esta problemática y superar el desencuentro actual entre la cultura occidental y la islámica.

Las cosmovisiones de ambos mundos no solo están marcadas por la lengua, la geografía, los factores sociales y otras causas similares, sino también, y muy fundamentalmente, por la religión. No puede olvidarse que todas las guerras que en el mundo han sido, y siguen siendo, tanto de forma explícita como de forma latente, son, en el fondo, guerras de religión, entendiendo la religión en el sentido profundo de la palabra, es decir, aquello que liga a la persona con valores que dan una orientación total a su vida, y por los que se esfuerza y trabaja permanentemente, tanto si es de forma consciente como inconsciente.

Por eso, una de las razones subrayada de manera particularmente nítida en el acto mencionado como fundamental para la contribución a la paz en general, y con el mundo islámico en particular, fue la necesidad del diálogo religioso. De un diálogo profundo y sincero, es decir, aquel que consiste en acercarse al interlocutor convencido de que parte de la verdad también reside en él; con la esperanza de salir ambos enriquecidos del encuentro; y viéndose el uno al otro, como ha expresado hace poco el Papa Francisco, “como partes que pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida, sin apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserve en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna”.

A lo largo del acto se puso igualmente de manifiesto la necesidad de superar los fundamentalismos que desde ambas partes, occidental e islámica, tantas veces han cegado, y siguen cegando, la correcta comprensión mutua, abriendo con esa superación camino a un entendimiento fecundo que propicie un mundo realmente en paz, que es la forma de que sea un mundo realmente mejor.