“Molinos de viento”

Al hilo del debate que semanas atrás tuvo lugar en las Cortes de Aragón con motivo de la aprobación por las Cortes Generales de la Ley de Evaluación Ambiental, me viene a la mente la conocida historia que cuenta Cervantes acerca del suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la aventura de los molinos de viento.

Se empeñó la oposición en el mencionado debate en ver en las modificaciones de la ley una puerta abierta al trasvase del Ebro y cargó contra ella con un afán similar al de Don quijote cuando le decía a  Sancho:

La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer.

Por más que el Gobierno de Aragón y el grupo mayoritario que le sustenta argumentaran con suficientes razones jurídicas y políticas el desatino de semejante postura, la oposición siguió empeñada en querer ver lo que su fantasía política le dictaba, y pareció responder a los razonables argumentos que sobre la realidad se dieron como respondiera Don Quijote a Sancho cuando éste le conminaba a descender a la realidad:

 Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

La Ley de Evaluación Ambiental mejora las garantías jurídicas, simplifica los procedimientos de evaluación de planes y proyectos, y mejora la coordinación entre las Comunidades Autónomas y el Estado en esta materia, pero no supone ninguna amenaza para Aragón en lo referente al Derecho en materia de Aguas.

El hecho de que la modificación de la Ley de Aguas que esta ley propicia permita que la cesión de derechos de uso privativo entre cuencas, que antes solo podía autorizarse por Ley pueda ahora ser autorizada por la Dirección General del Agua, no supone ninguna apertura de ninguna puerta al trasvase del Ebro, porque solo reza para un trasvase ya aprobado. Además, la propia ley dice taxativamente que la autorización de estos contratos de cesión no implican por sí mismos la autorización para la construcción de las instalaciones e infraestructuras necesarias, que la autorización de las cesiones en ella reguladas no podrá alterar lo establecido en las reglas de explotación de cada uno de los trasvases, y que para que se haga un nuevo trasvase se requiere una ley específica que así lo contemple.

Pero la oposición, haciendo oídos sordos a todo esto que la ley tan claramente dice, y encomendándose a su particular Dulcinea, arremetió contra ella con un afán semejante al que sigue contando Cervantes cuando el ingenioso hidalgo, tras desoír las sensatas palabras de su escudero, se lanzó a lo que pensaba que era una de sus grandes aventuras.

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.

La furia del viento de la realidad está haciendo pedazos las lanzadas de la oposición que, anhelante de un tiempo pasado y ayuna de causas mejores, quiere recuperar los jirones de viejas banderas sin reparar en que el paso del tiempo y la determinación política de los actuales gobernantes las han convertido en expresión de una nostalgia infecunda.

Todo lo anterior no impide al que esto escribe reconocer que la oposición está en su derecho de organizar cuantas batallas parlamentarias crea oportunas, estén ellas sustentadas en causas reales o ficticias, como es el caso que se comenta. En ello radica una de las grandezas de la democracia y una de las virtudes del parlamentarismo, que se robustece en la dialéctica y propicia con ello el mejor gobierno de los pueblos.

 

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