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Es espíritu de Stresa

abril 22, 2013

En estos momentos en que se están debatiendo en el seno de las instituciones europeas los reglamentos para la nueva Política Agrícola Común (PAC) me parece oportuno subrayar la importancia de dicha política, la única verdaderamente europea hasta el momento, y el espíritu con que nació, hace más de cincuenta años

Aunque la PAC se formó prácticamente en la década de 1960, cuando se formularon propuestas detalladas de organizaciones comunes de mercado para los principales productos, se acordó que los precios debían estabilizarse por encima de los niveles del mercado mundial, y se propusieron medidas para reducir todo lo posible los costes de producción, se considera el mes de julio de 1958, con motivo de la Conferencia de Stresa, como el arranque institucional de dicha política.

En esa pequeña ciudad del norte de Italia, los ministros de Agricultura de los seis Estados miembros de la entonces Comunidad Económica Europea, junto con técnicos y funcionarios de alto rango, las organizaciones agrarias y representantes de la industria y el comercio de productos agrarios pusieron la primera piedra de lo que posteriormente sería la más sólida de las acciones conjuntas europeas.

En aquella reunión las posturas no fueron tan concordantes como retrospectivamente cabría suponer. Francia, y en menor medida Alemania, abogó por la creación de organizaciones internacionales de mercado y se mostró favorable al establecimiento de relaciones comerciales con África; Italia puso el énfasis en la defensa de los productos meridionales, como el arroz, las frutas y hortalizas; Holanda insistió en el desarrollo del comercio con terceros países y el comercio libre con la vista puesta en exclusiva en los consumidores; y Bélgica llamó la atención sobre la necesidad de evitar los excedentes de producción sin perjuicio de hacer ello compatible con el progreso técnico

A pesar de ese gran contraste de opiniones, se llegó a la conclusión de que era preciso algún acuerdo común y éste se generó en torno a la necesidad de establecer una cauta política de precios para no estimular la superproducción, poner el énfasis en la mejora estructural, sobre todo de las explotaciones familiares agrarias, y abrirse razonablemente a las importaciones

Pero, por encima de todo, en lo que hubo unanimidad sin problemas fue en lo que dio en llamarse, el “espíritu de Stresa”, como lo definió el ministro italiano de Agricultura, del gobierno del democristiano Amintore Fanfani, Mario Ferrari-Aggradi, en el discurso final de la conferencia, cuando habló del espíritu europeo que había caracterizado los debates y que había puesto de manifiesto la voluntad de los seis países de convertirse en una unidad política, a base de establecer lazos cada vez más estrechos a través de la mutua comprensión, la eliminación sistemática de absurdas barreras artificiales surgidas de prejuicios históricos, y la afirmación de una fe sincera en la futura Europa unida.

Este es el espíritu que animó desde un principio la idea de la construcción europea; el espíritu que hace proclamar la estabilidad de las instituciones que garanticen la democracia, aseguren la soberanía de la ley, defiendan los derechos humanos, respeten a las minorías, y busquen el funcionamiento adecuado de una economía de mercado que tenga capacidad también para hacer frente a la presión competitiva de sus mismas fuerzas interiores. Y para lograr todo ello, como se ha dicho en distintas ocasiones, no basta solo con cambios económicos, sino también se precisan importantes mutaciones humanas e intelectuales.

En estos tiempos de aguda crisis de la Unión Europea, en los que la mayor parte de los dirigentes de sus Estados miembros acuden a las instituciones comunitarias tan solo preocupados por lo que puedan sacar para sus respectivos países, me parece muy oportuno recordar aquel “espíritu de Stresa” que, al tiempo que sentaba las bases para la más importante de las políticas europeas actuales, la Política Agrícola Común, dejaba constancia de la grandeza y la visión histórica con que debe abordarse en todo momento el proceso de la unidad europea