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Más democracia, más Europa

mayo 3, 2012

El Gobierno español está adoptando medidas de reformas estructurales dolorosas pero necesarias, criticadas ruidosamente por la oposición, pero silenciosamente comprendidas y asumidas por la gran mayoría de la población, y además lo está haciendo desde la legitimidad democrática que le da la mayoría absoluta ganada en las urnas. Situación ésta que contrasta abiertamente con la implantación en Grecia e Italia de gobiernos tecnócratas no electos, en lo que constituye un lamentable proceso europeo de erosión democrática que debe inducir, a mi juicio, a una seria reflexión sobre la forma de superar la crisis económica sin debilitar la democracia, pues debilitando la segunda ni la primera se solucionaría ni tendría sentido la construcción europea, que se asienta precisamente sobre la democracia como supremo valor político, la paz como el bien más preciado de la convivencia, y la persona como destinatario último de toda la acción pública.

La democracia no es algo accidental, por más que en estos momentos la presión de “los mercados” y las angustias de las deudas nacionales estén zarandeando las conciencias europeas y debilitando convicciones que son básicas en la moderna convivencia en libertad.

En  nuestro ámbito europeo, el euro no puede considerarse un fin en sí mismo, sino un medio para conseguir los fines de la Unión Europea que, por naturaleza, trascienden del orden meramente económico, aunque éste sea indispensable para su logro. Y por ello, es preciso comprender que la unión monetaria no puede funcionar sin una unión económica y ésta es insostenible sin una unión política. Este es el triángulo básico que hay que resolver en Europa con decisión. Sin una auténtica unión política no habrá nunca una verdadera política económica común, y sin ésta la moneda estará siempre en el aire y a merced de vientos exteriores.

 Y para ello es necesario un cambio importante de las mentalidades que propicie, a su vez, una mutación sustancial de las estructuras políticas europeas que siente las bases de un orden nuevo y logre no solo preservar, sino aumentar sustancialmente la libertad y la democracia.

En Europa la democracia está, en estos momentos, básicamente estructurada en los Estados nacionales que, de manera indirecta, y sin perjuicio del Parlamento Europeo, proporcionan el entramado político de la Unión Europea. Europa es en estos momentos la “Europa de los Estados”, y aunque esta circunstancia supone un adelanto frente a épocas anteriores, no puede considerarse como una situación definitiva, sino como un paso intermedio en el largo proceso de construcción europea.

El general De Gaulle, en la década de los sesenta, henchido de nacionalismo
francés, propugnaba la “Europa de las Patrias”, que era tanto como la negación de Europa en beneficio no de las patrias en general, sino de la suya, de Francia, a la que concebía por encima de todas las demás. Fue necesario esperar a su desaparición, para que su sucesor, Pompidou, con un sentido más apegado a la realidad del momento, hiciera posible un paso adelante en la construcción europea, propiciando la entrada del Reino Unido de la mano de Edward Heath, en 1973, a quien las circunstancias económicas del interior de su país le impidieron continuar el mejor impulso europeísta que ha conocido Gran Bretaña desde la desaparición de Winston Churchill.

La “Europa de los Estados” supone un avance frente a aquella concepción, pero tampoco puede considerarse el final del trayecto de la construcción europea. Y son muchos los que consideran que, tal vez, uno de los pocos productos positivos que está deparando la actual crisis financiera sea la extensión del convencimiento de que es necesario superar esta situación y avanzar en nuevas fórmulas con un golpe de timón político que propicie un salto cualitativo y cuantitativo y haga posible la aparición de sólidas redes de democracia transnacional que articulen el basamento de los ciudadanos europeos, dando lugar a una Unión Europea más directamente democrática, sin la interposición de instancias intermedias legitimadoras.

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