La Literatura

Hace unos días he tenido ocasión de leer un amplio trabajo de Antonio Blanch, un profesor de Historia y Crítica Literaria de la Universidad Pontificia de Comillas, que suele venir a Zaragoza a impartir conferencias sobre algún autor literario de renombre universal, dejando siempre en el ánimo de los oyentes un gusto acrecentado por la literatura y un irreprimible deseo de divulgar su virtualidad como vehículo de comprensión de lo más profundo de la pulsión vital. Y eso quisiera glosar al comienzo de este año con las palabras que siguen a continuación.
Sabido es que la persona, en cualquier estadio de su vida, siente siempre la necesidad de ser más, de elevarse por encima de ella misma, de desarrollar plenamente sus energías y sus propias potencialidades, dando lugar a esa pulsión tan humanísima llamada deseo, hasta el punto de que podríamos decir que ser persona, es, en el fondo, desear.
Y lo grandioso de esa pulsión es que moviliza la imaginación, haciendo que la complejidad de las imágenes que allí se generan estalle en una constelación de sentimientos y pasiones que constituyen la estructura afectiva de la persona y que encuentra en la creación artística la amplitud de expresión que la estructura de la realidad a veces impide. De ahí el papel primordial que la literatura, y la palabra que es su materia prima, juegan en el desarrollo de la persona y de la personalidad
La literatura ha ejercido en la cultura de todos los pueblos y de todas las épocas la función primordial de traducir simbólicamente las experiencias del individuo, hasta el punto de que muchas obras literarias han sido consideradas como los mejores instrumentos para conocer al ser humano, por encima incluso de las ciencias y de la filosofía.
El enigma humano es muy hondo y donde la filosofía se muestra incapaz, porque analiza al hombre desde una perspectiva meramente racional, y las ciencias no alcanzan a rozar siquiera su estructura interna, puede llegar el misterio de la palabra, adentrándose sutilmente en el símbolo y en el mito, y hurgando certeramente, por medio de una creación estética, en lo más profundo de la persona. Y poniendo, así, de manifiesto, sin pretenderlo, que cuando los grandes misterios del hombre se hacen impenetrables para todas las ciencias, hay que volver la vista hacia la literatura como ultima razón y herramienta para indagar en el corazón humano.
Y dentro de los grandes enigmas humanos, el amor constituye el más misterioso de todos, erigiéndose en tema central de la literatura de todos los tiempos
Desde el comienzo de la civilización el deseo amoroso ha sido generador de poesía y de romance, e incluso hay pensadores que sugieren que ha sido precisamente ese deseo la fuente de donde han surgido el lenguaje y la cultura toda. Porque las aventuras amorosas, antes de manifestarse en acciones externas, se inician siempre en itinerarios internos y por cauces muchas veces oscuros y tortuosos que acentúan aun más la dimensión natural de su misterio y avivan el mundo imaginario por el que discurren.
Y es tan complejo y abismal el mundo del amor que de él decía Ortega que tan solo una buena novela podría suministrar evidencia real a su propia dimensión
Ahora que comenzamos un año nuevo y nos acercamos al día en que proliferan los regalos, tal vez sea interesante que alguno de ellos recaiga en una buena obra literaria.

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