El Presupuesto de Zaragoza (IV)

(Carta abierta al Alcalde de Zaragoza)

Señor Alcalde:
Hace unos días, en una carta similar a ésta, le decía que a las dos razones de fondo apuntadas para rechazar el Presupuesto municipal del 2010, como son la inadecuada carga fiscal que consolida y la desastrosa configuración de su estructura interna, se une también el mal reparto del gasto, que refleja, por una parte, el perfil de una línea de gobierno inadecuada para el momento actual, y, por otra, la cristalización de proyectos no solo inadecuados sino claramente perjudiciales para los ciudadanos y que van a hipotecar el desarrollo de la ciudad durante décadas.
Puestos a comentar el gasto, preciso decirle, en primer lugar, que resulta prácticamente imposible con estos presupuestos poder evaluarlo con el rigor que requiere su trascendencia para la vida de la ciudad. La importancia relativa que su Gobierno da a las respectivas políticas sectoriales es imposible vislumbrarla con el rigor necesario porque en ninguna de ellas está contemplado el gasto que resulta determinante en todas ellas, el de personal. Sin saber si cada una de las políticas sectoriales está adecuadamente dotada de personal, no se puede emitir un juicio categórico sobre su acierto o desacierto presupuestario. Esta opacidad del presupuesto lo desautoriza como documento adecuado de trabajo político, y proyecta una sombra de intencionalidad malsana, al no poder evitar pensar que su Gobierno huye de la transparencia política. Hoy en día, con los modernos sistemas informáticos existentes, y en un Ayuntamiento que quiere presumir de abanderado en las modernas tecnologías de la comunicación, el hecho de que los gastos de personal no estén adecuadamente asignados a cada responsable de área solo puede ser debido a que no se desea que así sea, pero no a ninguna imposibilidad material. Esta opacidad obliga a hacer recaer en exclusiva la atención del enjuiciamiento del gasto sobre los bienes corrientes, las transferencias y las inversiones, lo que, siendo interesante, no agota, en absoluto, la totalidad del juicio. Por eso, todas las declaraciones que usted y su Gobierno vienen haciendo sobre la bondad del presupuesto tienen la misma cosnsistencia que los castillos edificados sobre el agua.
Un cordial saludo

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