El Presupuesto de Zaragoza 2010 (I)

(Carta abierta al Alcalde de Zaragoza)

Señor Alcalde:
Como usted sabe, el debate sobre los presupuestos de cualquier institución es siempre su gran debate político. No en balde la vida parlamentaria, la dialéctica política, nació en torno a la discusión de las cuentas, es decir, en el debate de los presupuestos de los países que se abrían a la democracia.
Empiezo por hacer esta afirmación, señor Alcalde, para salir al paso de la pretensión histórica de su Gobierno, de presentar los documentos presupuestarios como cargados de tal contenido técnico que resultase imposible salirse de los parámetros fijados en ellos por la ciencia económica que, naturalmente, vienen a coincidir casualmente siempre con los planteamientos gubernamentales, pretendiendo de entrada desactivar o ridiculizar cualquier oposición sustancial a los mismos, calificando de iletrados a quienes osen oponerse a los dictados del Gobierno, y tratando de ocultar que, precisamente, el presupuesto es siempre el documento político por antonomasia.
Esa actitud dialéctica a la que tan acostumbrados nos tiene su delegado para estos asuntos, además de descalificarse por sí misma, desautoriza a quien la sostiene, y le sitúa en un punto más próximo a la rutina tecnocrática de los regímenes que se esfuerzan por encubrir su autoritarismo que a los planteamientos de los políticos verdaderamente democráticos. Y con estas palabras no aspiro a corregir la tendencia del responsable aludido, y por lo tanto la suya, señor Alcalde, ya que en él delega, sino a decirle sin ningún tapujo, y al margen del juicio de su delegado, que los presupuestos para el año 2010 no es que sean malos, es que son pésimos, y no hacen sino reflejar la deriva que viene arrastrando su Gobierno, y cuyas negativas consecuencias para la ciudad son de tal dimensión que no pueden ser ocultadas ni por su aparato de propaganda, ni por la propia palabrería de su delegado presupuestario.
La situación económica con que arrancó esta Corporación era francamente mala, y esa mala herencia recibida de ustedes mismos, señor Alcalde, se ha ido empeorando año tras año hasta llegar al momento actual en que se superan todos los anteriores.
Los últimos presupuestos de la anterior Corporación contemplaban un gasto corriente superior al 74% del conjunto de operaciones no financieras, y de ahí se pasó en el presupuesto de 2008 a situarse por encima del 76%, en el del 2009 a superar el 84%, y en el que se va a probar en breve de forma definitiva el 86%, de cuyo montante, además, los gastos de personal llegan casi a la mitad.
Esta trayectoria de evolución del gasto corriente es de desastre. Y este es el desastre en el que se encuentra el Ayuntamiento de Zaragoza en estos momentos. Porque ello, entre otras cosas, obliga a que la inversión siga la misma tendencia pero invertida, como se pude apreciar de su evolución histórica en estos últimos años, pasando sucesivamente de más del 25%, en números redondos, del conjunto de operaciones no financieras al 23%, posteriormente al 15% y para este año al 13%. Con esta deriva, para el año 2011 seguirá bajando inevitablemente a menos que usted, señor Alcalde, vuelva a subir los impuestos ó decida no presentar ningún presupuesto por tratarse de año electoral y no tener nada mínimamente atractivo que ofrecer a la ciudadanía en materia presupuestaria.
Ante esta deriva que no conduce más que al desastre, usted tendría que haber dado un golpe de timón vigoroso en cualquiera de los años anteriores para enderezar la situación y cambiar la tendencia. Pero en lugar de hacer eso, ha preferido incrementar la propaganda con la que pretende distorsionar la realidad sin abordar las reformas estructurales que son necesarias, dando como conclusión, como acabo de decir, que cada presupuesto sea peor que el anterior, haciendo de todos ellos presupuestos históricos, por desgracia, y el más histórico de todos, el actual.
Yo estoy convencido de que usted, señor Alcalde, en su fuero interno, es consciente de esta realidad y de la necesidad de dar un golpe de timón políticamente desagradable, pero absolutamente necesario, que ponga coto al crecimiento desmedido del gasto corriente, que es el verdadero cáncer de la estructura presupuestaria del Ayuntamiento de Zaragoza. De lo que ya no estoy tan convencido es de las razones por las que no lo hace. Y sobre ello, señor Alcalde, aventuro dos: ó porque está usted dispuesto a hacerlo cuando pasen las próximas elecciones, con tiempo por delante hasta la próxima cita electoral, para intentar superar el desgaste de su propio ajuste; ó porque lo deja para el próximo Alcalde, convencido de las altas probabilidades de que no va a ser usted. Yo me inclino a pensar que es por esta segunda razón.
Un cordial saludo.

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