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Descentralizar Zaragoza

noviembre 6, 2009

Un asunto municipal de particular importancia para la calidad de vida de los zaragozanos, y en el que no se ha hecho absolutamente nada, es el referente a la descentralización municipal, en virtud de la cual los ciudadanos no tengan que desplazarse necesariamente al centro para resolver cualquier cuestión y puedan, incluso para asuntos de envergadura, realizarlos en instalaciones próximas a sus domicilios. Zaragoza ya es una ciudad suficientemente grande como para requerir con urgencia poner fin al actual sistema completamente centralizado de funcionamiento.
Las actuales juntas de distrito municipales tienen dos cometidos fundamentales: la participación ciudadana y la descentralización municipal.
En materia de participación ciudadana, las juntas están capacitadas para erigirse en canales de comunicación de los vecinos con el Gobierno en la doble dirección de elevar hasta el segundo las inquietudes y preocupaciones de los primeros, y viceversa, transmitir a los vecinos las respuestas del Gobierno. En este sentido, cuantos más canales de comunicación haya, mejor para el objetivo buscado, de forma que si en lugar de haber catorce juntas hubiera veintiocho podría duplicarse esa labor.
Pero de la misma forma que proclamo que son útiles para la participación ciudadana, proclamo igualmente que, en estos momentos, son inútiles para la otra función, la de desconcentración, y ello sencillamente porque carecen de las competencias adecuadas y del personal que esas competencias requeriría. Urge, por lo tanto abordar el proceso de reforma de las mismas, y, en consecuencia, de los distritos, para que, también en esta función, puedan cumplir con su cometido.
Esto obliga a establecer tres tipos de competencias municipales. En primer lugar, aquellas competencias que por su naturaleza global no pueden transferirse en modo alguno a los distritos; en segundo lugar, las que son completamente transferibles, de forma que los problemas que a ellas se refieran se resuelvan en los distritos y solo en los distritos; y en tercer lugar, una relación de competencias compartidas por el poder central del Ayuntamiento y los distritos.
Aplicado a la ciudad, sería un proceso similar al que se ha efectuado en España al pasar de un Estado centralista a otro autonómico. Todo esto supone un verdadero cambio en el funcionamiento municipal, pero es el cambio que está haciendo falta para que el Ayuntamiento sirva realmente mejor a los ciudadanos. Y para que las competencias transferidas por completo y las compartidas pudieran ejercerse cabalmente sería preciso también el traslado de funcionarios municipales de todo tipo a los distritos, de forma que en éstos pudieran existir equipos de ingenieros, arquitectos, abogados y demás.
Resulta impensable llevar a cabo esto en catorce distritos porque carecen del mínimo de población necesaria para que entren en juego las economías de escala que toda organización precisa, pero sí puede hacerse a base de dividir la ciudad en cuatro o cinco grandes distritos que por el volumen de población que cada uno de ellos tendría, en torno a los 160.000 habitantes, más que algunas capitales de provincia, justificaría con creces la operación. Este proceso de descentralización podría llegar a permitir que, aproximadamente, un 40% del Presupuesto municipal pasase a los distritos, con lo que podrían éstos contar con un presupuesto del orden de 60 ó 70 millones de euros.
El problema político que tiene esto, y, a mi juicio, la razón por la que no se aborda, es que supone un cambio profundo en el reparto de la estructura de poder dentro del Gobierno local, ya que algunas Delegaciones tendrían que desaparecer por completo, y es muy posible que el Alcalde, no tenga ganas de meterse en problemas con su propio grupo municipal por esta cuestión. Pero para la ciudad sería muy conveniente