Réplica al Alcalde de Zaragoza

En el desarrollo de los debates del Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza, el reglamento concede al Alcalde, que preside la sesión, la facultad de hablar en cualquier momento y por el tiempo que considere oportuno. Hasta el presente, no se ha prodigado el Alcalde en el uso de la palabra en dichas sesiones, limitándose a presidirlas y a ordenar las exposiciones de los demás, pero sí ha intervenido en algunas ocasiones importantes para dar su particular opinión al final del debate.
Esto fue lo que sucedió en el pasado Pleno municipal del mes de julio, entre otros asuntos, en el concerniente al proyecto del tranvía. Al final de todas las intervenciones, tomó la palabra el Alcalde para intentar endosar a la oposición la responsabilidad por el fracaso del consenso en materia de movilidad que, en nombre de mi grupo, le había yo censurado minutos antes.
Como por razones reglamentarias me fue imposible desmontar en aquel Pleno la falacia de su argumento, aproveché el Pleno de principios de este mes para replicarle como entonces no pude, y aprovecho esta tribuna para hacer llegar a todos sus lectores el contenido de esa réplica.
Es comprensible, y legítimo también, que el Alcalde trate de imputar a otros la responsabilidad de lo que, a mi juicio, constituye su mayor fracaso político en todo el tiempo que lleva rigiendo la ciudad. Cuando se emprende un proyecto de la envergadura de la transformación de la movilidad Zaragoza en torno a unas premisas en contra de las que se han pronunciado el 42% de los electores, la mitad de los colegios profesionales, la mitad de las asociaciones ciudadanas, algunos importantes sindicatos y todas las organizaciones empresariales es natural que el desasosiego cunda en el máximo responsable.
Los grandes proyectos estratégicos de una ciudad, aquellos que, por su naturaleza, van a requerir para su ejecución una duración temporal superior a los cuatro años de mandato de una Corporación, la concurrencia financiera y operativa de otras instancias públicas y privadas y la mejor comprensión ciudadana ante las molestias que pueden conllevar, hacen muy conveniente un amplio consenso político y ciudadano que mantenga la pervivencia en el tiempo del rumbo emprendido, asegure la constancia en los esfuerzos requeridos y anime la necesaria modificación de hábitos ciudadanos.
Este es el consenso del que carece la actual política de movilidad, como se evidenció en el último Pleno municipal con la aprobación de una de sus premisas conceptuales: el tranvía por el centro de la ciudad.
La movilidad de Zaragoza, orquestada con la del área metropolitana por el sistema de cercanías ferroviarias, se puede articular en torno exclusivamente a una red de tranvía por las calles que lo permitan, a una red de metro, a una red de autobuses, o a una combinación de dos de esos tres elementos, o de los tres conjuntamente. Personalmente, me encuentro entre los que piensan que ésta última posibilidad es la más conveniente para Zaragoza. Pero en todo caso, eso es una cuestión a discutir, y precisamente en esa discusión, y en la posibilidad de llegar entre todos los partidos políticos y fuerzas sociales y ciudadanas a un punto de equilibrio en todas esas posibilidades, consiste el consenso de la movilidad.
Pero el Gobierno municipal, con el Alcalde a la cabeza, ha hecho justamente lo contrario. Ha asumido de forma unilateral y dogmática una premisa, el tranvía por el centro de la ciudad, y se ha negado a considerar cualquier otra posibilidad ni para el tranvía ni para ninguna otra combinación de los restantes elementos, intentando hacer creer a la opinión pública que su disposición a aceptar retoques de matiz en dicha premisa fundamental demostraba un amplio espíritu de consenso.
Que la catenaria del tranvía vaya por el aire o soterrada en algunas calles; que el giro del convoy se realice por una esquina o por la siguiente; o que las paradas se estipulen cada cuarenta o cincuenta metros, con ser asuntos interesantes, en modo alguno suponen la alteración de la premisa fundamental consistente en que el tranvía cruce el centro de la ciudad. Y en la negativa a entrar en esos detalles, que no alteran lo más mínimo el carácter estructurante de dicha premisa, es en lo que el Alcalde basaba su intento de endosar a la oposición falta de voluntad de consenso, en una inútil pretensión de levantar una cortina de humo para ocultar el perfil de su rigidez y oscurecer el reflejo de su fracaso.
Porque esta es la realidad: en materia de movilidad, el Alcalde ó no ha querido el consenso ó no ha sabido lograrlo. En cualquier caso, es su fracaso como regidor de todos los zaragozanos y una losa para el futuro de la movilidad de la ciudad.

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