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Escasa repercusión internacional

octubre 6, 2008

Concluida ya la Exposición Internacional de Zaragoza y retomándose con ello el curso normal de la vida de la ciudad y de los afanes municipales, y sin perjuicio de analizar más serenamente su legado cuando una cierta distancia de ella permita su enjuiciamiento más objetivo, me parece oportuno poner de relieve, junto a las luces que tanto ha glosado su Alcalde, alguna de las sombras que, con la misma intensidad, se han apresurado a resaltar cualificadas autoridades en la materia. Se trata de su escasa repercusión internacional
Algunos días antes incluso de que la muestra acabara, el propio Bureau International des Expositions de París, el supremo órgano de las exposiciones, reconoció, con tristeza que todos compartimos, que había sido la Exposición que menos repercusión internacional había tenido. Y los propio organizadores, cuando no se había llegado ni siquiera a la mitad de su tiempo de existencia, viendo el escaso eco exterior que la muestra estaba teniendo, anunciaron la realización de una campaña urgente de divulgación de la misma en los principales medios informativos internacionales, en un ejercicio que valía más para reconocer de forma meridiana lo que no habían hecho antes que para remediar verdaderamente la situación.
La cifra de visitantes extranjeros ha sido manifiestamente baja, la presencia de jefes de Estado o de Gobierno no ha llegado a la décima parte de los países representados, la incidencia en los medios nacionales ha sido clamorosamente escasa y la repercusión en los internacionales prácticamente inexistente.
No sólo resulta paradójico que en el balance de una exposición internacional sea precisamente la dimensión internacional lo más lamentable de sus resultados, sino que debe servir, a mi juicio, de aldabonazo en las conciencias municipales, de sereno toque de atención para reflexionar con rigor sobre la política exterior del Ayuntamiento de Zaragoza y sacar las conclusiones precisas con el fin encarar el futuro de manera más adecuada.
La proyección exterior de una ciudad no consiste sólo en viajar, por más que esto sea necesario; ni en organizar festejos o acontecimientos deportivos de relieve, casi siempre convenientes por otra parte; ni en efectuar hermanamientos con ciudades en todas las direcciones de la rosa de los vientos, siendo interesantes muchos de ellos; ni en pertenecer a todas las redes mundiales de ciudades, aunque su presencia en algunas de ellas sea obligada. No consiste sólo en esto. Consiste en esto y muchas otras acciones, de muy compleja ejecución, pero realizadas todas ellas en un marco de sentido unitario, fruto de un análisis previo de lo que se pretende conseguir y de los medios que para ello se dispone, trazadas en un horizonte temporal amplio, pues los efectos son siempre a largo plazo, y realizadas todas ellas dentro de un contexto de verdadero interés para la ciudad por encima del brillo que puedan aportar a sus regidores.
Y este marco de sentido unitario, esta concepción global de la política exterior como una acción no aislada sino vertebrada con todas las demás, esta jerarquización de objetivos y prioridades que antepone lo necesario a lo meramente conveniente y, por supuesto, a lo sencillamente superfluo, es, entre otras condiciones, lo que ha faltado, y está faltando, en el Ayuntamiento de Zaragoza en esta materia.
Sin esta articulación interna, sensatamente concebida, debatida y acordada entre todas las fuerzas políticas, y sin las alianzas externas de todo tipo, públicas y privadas, debidamente establecidas para su realización, la acción exterior puede brillar de forma momentánea con el deslumbrante fulgor de unos fuegos artificiales, pero nunca conseguirá ser la iluminación permanente del desarrollo de una ciudad.
Este mes hace exactamente tres años que en el Ayuntamiento de Zaragoza, a iniciativa de la oposición, se constituyó una Comisión de Exteriores que tenía por finalidad llevar a efecto, de manera dialogada y rigurosa, todo esto que acabo de decir, pero, a pesar del entusiasmo con que el Alcalde la recibió, nunca se ha puesto en funcionamiento.
Me encuentro entre los que piensan que ha llegado el momento de desempolvarla y erigirla en aquello para lo que nació: el ámbito político para concebir una sensata política exterior, la fuente de impulso para realizarla, y el órgano de control y evaluación de lo que se vaya consiguiendo.
La Exposición Internacional nos ha dejado muchos sabores agradables, pero el regusto amargo de lo que no se ha logrado en la medida esperada debiera servir al Gobierno municipal para reflexionar y obrar en consecuencia cuanto antes.