El Alcalde de Zaragoza a la deriva

(Artículo publicado en el periódico “Empresarios”)

La reciente aprobación del Plan de Movilidad Sostenible para Zaragoza y su área de influencia por parte del Consorcio Metropolitano de Transportes, el pasado día 28 de abril, me parece una ocasión muy oportuna para subrayar una vez más la profunda contradicción en que se mueve el Alcalde en lo referente a la movilidad, y la deriva que lleva su política en esta materia
El Plan de Movilidad Sostenible se concibió, entre otras cosas, para organizar la movilidad de gran capacidad de Zaragoza en torno al tranvía. Bastó que la oposición lo criticara aduciendo su apuesta por el metro para que el Alcalde, asustado por el debate del estado de la ciudad que tenía en aquel noviembre preelectoral de 2006, y reconociendo implícitamente el error de fondo de su planteamiento, se inventase deprisa y corriendo una línea de metro, que puso ya en cuestión una premisa básica del comentado Plan
Después de denostar abiertamente durante toda la campaña electoral la propuesta de red de metro que hizo la oposición, el Alcalde, al cabo de unos meses de comenzada la actual Corporación, y con el fin de aliviar la angustia momentánea de un grave problema de ingobernabilidad que tenía por empeñarse en regir la ciudad con un Gobierno sin fuerza política suficiente, asumió la creación de dicha red, pero sin alterar ninguno de los planteamientos previos recogidos en el mencionado Plan, afirmando, sin ninguna lógica, que no eran incompatibles en su formulación original con ella, como si los sistemas de movilidad de una ciudad admitieran, como los estratos geológicos, el simple amontonamiento de unos encima de otros.
Y no digo que la situación actual carezca de lógica porque sean incompatibles el metro y el tranvía, que no lo son, y es más, en muchas ciudades conviven en una armonía que resulta enormemente satisfactoria para los ciudadanos, sino porque no pueden convivir adecuadamente si no se proyecta su convivencia de manera armónica y de la forma más razonable posible.
Cuando una ciudad tiene una o varias líneas de tranvía y se desea que disponga también de metro, éste tiene necesariamente que proyectarse condicionado por el tranvía que ya existe. Son exigencias de la realidad. Y cuando una ciudad tiene una red de metro y desea también servirse del tranvía, es el proyecto de éste el que tiene que estar forzosamente condicionado por el metro preexistente. Pero cuando una ciudad, como es el caso de Zaragoza, no tiene ni metro ni tranvía y quiere tener ambos sistemas, ninguna de los dos tiene que estar condicionado por el otro, existiendo la posibilidad de armonizar inteligentemente los proyectos de las dos formas de movilidad para que ambas desplieguen al máximo sus respectivas potencialidades y logren la óptima intermodalidad entre ellas.
Esto no son grandes planteamientos estratégicos aptos sólo para mentes avezadas en cuestiones esotéricas: es simple sentido común que todo el mundo entiende sin ningún esfuerzo. Y sin embargo, ese sentido común es el que está brillando por su ausencia en Zaragoza, con una luz tan cegadora que no podrá apagarse ni con el esplendor de la Exposición Internacional.
Porque carece de sentido común que la futura red de metro de Zaragoza, cuya existencia se adoptó con la aprobación de los últimos presupuestos municipales, tenga que estar condicionada por una línea de tranvía que no existe todavía. Y al mismo tiempo, carece igualmente de sentido común que el tranvía que se desea que exista no pueda beneficiarse de todas las posibilidades que una red de metro armonizada con él pueda brindarle.
Esta es la situación actual: el espectáculo del choque frontal de dos inexistencias que se contraponen radicalmente antes de existir, cuando tienen todas las posibilidades de existir armónicamente desde su mismo nacimiento. ¿Cabe mayor sinsentido?
Desde la oposición lo hemos pedido muchas veces: deténgase el proyecto del tranvía; deténgase el proyecto de esa línea de metro que se imaginó no para resolver los problemas de la ciudad sino los de su alcalde, y, ahora que se ha decidido tener red de metro, estúdiense ambos proyectos, metro y tranvía, armónicamente desde un principio de forma que Zaragoza pueda contar con la mejor red mixta de metro y tranvía que resuelva realmente los problemas del futuro de su movilidad de gran capacidad.
Estamos a tiempo de hacerlo. Haciéndolo como estas palabras proponen se pierde, ciertamente y por desgracia, algún dinero ya invertido en proyectos que nunca se deberían haber iniciado de la forma en que se hizo; pero por doloroso que esto sea, lo es mucho menos que el dinero y el bienestar que Zaragoza puede perder si se continua con un planteamiento de la movilidad carente de sentido. Porque, nadie debe olvidarlo: en todos estos proyectos estratégicos de largo alcance, de cuantiosas inversiones y de décadas de realización, lo más caro siempre, a la largo plazo, es no acertar.

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