La movilidad inmóvil

La contradicción envuelta en esta paradoja es, tal vez, lo que mejor pudiera reflejar la parálisis en que se encuentra inmersa la política de movilidad de la ciudad de Zaragoza.
Cuando el Gobierno local es interpelado por la evolución de los puntos críticos del tráfico de la ciudad, reconoce con toda tranquilidad que son los mismos del año pasado, del anterior, y de hace diez años, haciendo casi ver que su existencia respondiera a un inevitable destino histórico, escrito por encima de la voluntad de los mortales.
Y ciertamente, La Plaza de Paraíso, la Plaza de Europa, el cruce del Portillo, la Puerta del Carmen y la confluencia de las avenidas de la Hispanidad y Gómez Laguna, entre otros puntos negros del tráfico zaragozano, siguen suportando la misma concentración de vehículos, incrementada anualmente por el índice de motorización, que hace diez años, sin que ello mueva al Gobierno a adoptar ninguna acción, ni a plantearse siquiera la posibilidad de modificar la actual red de tráfico.
La red de tráfico de Zaragoza ha permanecido prácticamente inalterada durante las últimas décadas, mientras la ciudad en todo ese tiempo ha experimentado notables cambios en su morfología, ha contemplado la aparición de nuevas zonas urbanas, en grandes partes de ella ha cambiado sustancialmente el uso del suelo, y se han abierto nuevas infraestructuras de circunvalación, aportándose con todo ello elementos más que suficientes para estudiar un cierto replanteamiento de la misma. Pero sólo cuando la oposición ha forzado la situación, por medio de una moción plenaria en este sentido, se ha dispuesto el Gobierno, de mala gana, a estudiar esa posibilidad.
En esta materia de la movilidad, el Gobierno permanece confortablemente instalado en la pasividad, remitiendo la desazón de los zaragozanos, y sus padecimientos, a un hipotético futuro maravilloso creado por medio de una particular línea de tranvía, a la que se opone la mitad de la ciudadanía, y a la aplicación de las medidas contempladas en un Plan Intermodal del Transporte, asumido como si fuera la Biblia, que, antes de ser oficialmente aprobado, ha quedado ya desbordado por los propios compromisos del Gobierno.
Con estas contradicciones internas se comprende algo mejor la causa de la parálisis existente y el afán del Alcalde por anestesiar la sensibilidad de los zaragozanos con la Exposición Internacional, como si ese proyecto, al que todos apoyamos con entusiasmo, pudiera ser el particular bálsamo de Fierabrás zaragozano que resolviera por sí mismo todas las dolencias y los problemas de la ciudad

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