Rectificar es de sabios

En la última Comisión de Servicios Públicos del Ayuntamiento de Zaragoza, el Gobierno local, ante una interpelación del Grupo Popular, comunicó que era inminente, por parte del Consocio Metropolitano del Transporte, la aprobación del Plan Intermodal del Transporte de Zaragoza y su área metropolitana, sin ninguna alteración sustancial con respecto a su formulación inicial, hace más de un año, y sin que Ayuntamiento de la capital hubiera introducido ninguna corrección al mismo
Considero que, con esa actitud, el Gobierno local de Zaragoza, además de perseverar en su contradictoria política en materia de movilidad, presta un flaco servicio a la ciudad y complica las soluciones de su movilidad en el futuro.
Sin perjuicio de reconocer que el mencionado Plan está inspirado, en líneas generales, en una filosofía adecuada de la movilidad, y algunas de sus partes son válidas, opino igualmente que una de las piezas con las que pretende articular el transporte de alta capacidad, obliga, a un planteamiento de futuro que, para Zaragoza, va a ser gravemente perjudicial, creando más problemas de los que pudiera llegar a resolver. Se trata de la asunción de una línea de tranvía norte-sur que pretende cruzar diametralmente la ciudad consolidada.
Me encuentro entre los que consideran que dicha línea es un grave error estratégico porque impide el acceso al centro a 110.000 vehículos, se lo dificulta a más de 200.000, anula toda circulación rodada por el entorno del Mercado Central, el Coso y la Gran Vía, entorpece notoriamente el normal desarrollo del servicio de taxis, ambulancias y bomberos, erosiona más de la mitad de las líneas de autobús urbano, bloquea el acceso al servicio de urgencias del Hospital Miquel Servet y al Hospital Infantil, imposibilita todo acto cívico, lúdico o festivo en el Paseo de la Independencia, y menoscaba la libertad de movilidad de los ciudadanos, entre otras consecuencias igualmente negativas, condicionando de forma negativa el desarrollo de la ciudad para las próximas décadas.
Ante esta situación, lo más conveniente para la ciudad sería que el Alcalde, haciendo suyo sin reservas aquello de que, en ciertos casos, “rectificar es de sabios”, abrace la sabiduría que esas palabras rezuman y, considerando que éste es un caso muy indicado para aplicarlas, impida que el Consorcio Metropolitano de Transporte complique todavía más la maraña en que se encuentra la movilidad de la capital de Zaragoza.

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