Archive for 30 abril 2008

Política a la deriva

abril 30, 2008

La reciente aprobación del Plan de Movilidad Sostenible, el pasado día 28 de abril, por parte del Consorcio Metropolitano del Transporte de Zaragoza pone de manifiesto que la política de su Ayuntamiento en materia de movilidad va a la deriva.
Que el documento más importante que existe en esta materia, como es el mencionado Plan, considerado además como programa de gobierno por la actual coalición PSOE-PAR, no contemple el metro, asumido ya por ambos partidos, lo hace inservible en lo referente al transporte de gran capacidad del futuro.
Al mismo tiempo, evidencia el absurdo en que está instalado el Alcalde en esta materia, pues afirma pretender una cosa, el metro, y se apoya para conseguirla en documentos que no la contemplan. Es como intentar recorrer un país por ferrocarril asistido por una guía de carreteras.
Tal contradicción induce a pensar tan sólo en una disyuntiva: o bien el Alcalde, en el fondo, no pretende poner en marcha ni una cosa ni la otra, es decir, ni el tranvía ni el metro; o bien está tan ocupado con la Exposición Internacional que no quiere mirar para ningún otro sitio, abandonando la gobernación de la ciudad a todos sus absurdos.
Ambas vertientes del dilema conducen al mismo despropósito: la política referente al asunto más importante que en estos momentos tiene planteado la ciudad, la movilidad, va, de manera consciente o inconsciente, a la deriva.

La movilidad inmóvil

abril 26, 2008

La contradicción envuelta en esta paradoja es, tal vez, lo que mejor pudiera reflejar la parálisis en que se encuentra inmersa la política de movilidad de la ciudad de Zaragoza.
Cuando el Gobierno local es interpelado por la evolución de los puntos críticos del tráfico de la ciudad, reconoce con toda tranquilidad que son los mismos del año pasado, del anterior, y de hace diez años, haciendo casi ver que su existencia respondiera a un inevitable destino histórico, escrito por encima de la voluntad de los mortales.
Y ciertamente, La Plaza de Paraíso, la Plaza de Europa, el cruce del Portillo, la Puerta del Carmen y la confluencia de las avenidas de la Hispanidad y Gómez Laguna, entre otros puntos negros del tráfico zaragozano, siguen suportando la misma concentración de vehículos, incrementada anualmente por el índice de motorización, que hace diez años, sin que ello mueva al Gobierno a adoptar ninguna acción, ni a plantearse siquiera la posibilidad de modificar la actual red de tráfico.
La red de tráfico de Zaragoza ha permanecido prácticamente inalterada durante las últimas décadas, mientras la ciudad en todo ese tiempo ha experimentado notables cambios en su morfología, ha contemplado la aparición de nuevas zonas urbanas, en grandes partes de ella ha cambiado sustancialmente el uso del suelo, y se han abierto nuevas infraestructuras de circunvalación, aportándose con todo ello elementos más que suficientes para estudiar un cierto replanteamiento de la misma. Pero sólo cuando la oposición ha forzado la situación, por medio de una moción plenaria en este sentido, se ha dispuesto el Gobierno, de mala gana, a estudiar esa posibilidad.
En esta materia de la movilidad, el Gobierno permanece confortablemente instalado en la pasividad, remitiendo la desazón de los zaragozanos, y sus padecimientos, a un hipotético futuro maravilloso creado por medio de una particular línea de tranvía, a la que se opone la mitad de la ciudadanía, y a la aplicación de las medidas contempladas en un Plan Intermodal del Transporte, asumido como si fuera la Biblia, que, antes de ser oficialmente aprobado, ha quedado ya desbordado por los propios compromisos del Gobierno.
Con estas contradicciones internas se comprende algo mejor la causa de la parálisis existente y el afán del Alcalde por anestesiar la sensibilidad de los zaragozanos con la Exposición Internacional, como si ese proyecto, al que todos apoyamos con entusiasmo, pudiera ser el particular bálsamo de Fierabrás zaragozano que resolviera por sí mismo todas las dolencias y los problemas de la ciudad

Rectificar es de sabios

abril 24, 2008

En la última Comisión de Servicios Públicos del Ayuntamiento de Zaragoza, el Gobierno local, ante una interpelación del Grupo Popular, comunicó que era inminente, por parte del Consocio Metropolitano del Transporte, la aprobación del Plan Intermodal del Transporte de Zaragoza y su área metropolitana, sin ninguna alteración sustancial con respecto a su formulación inicial, hace más de un año, y sin que Ayuntamiento de la capital hubiera introducido ninguna corrección al mismo
Considero que, con esa actitud, el Gobierno local de Zaragoza, además de perseverar en su contradictoria política en materia de movilidad, presta un flaco servicio a la ciudad y complica las soluciones de su movilidad en el futuro.
Sin perjuicio de reconocer que el mencionado Plan está inspirado, en líneas generales, en una filosofía adecuada de la movilidad, y algunas de sus partes son válidas, opino igualmente que una de las piezas con las que pretende articular el transporte de alta capacidad, obliga, a un planteamiento de futuro que, para Zaragoza, va a ser gravemente perjudicial, creando más problemas de los que pudiera llegar a resolver. Se trata de la asunción de una línea de tranvía norte-sur que pretende cruzar diametralmente la ciudad consolidada.
Me encuentro entre los que consideran que dicha línea es un grave error estratégico porque impide el acceso al centro a 110.000 vehículos, se lo dificulta a más de 200.000, anula toda circulación rodada por el entorno del Mercado Central, el Coso y la Gran Vía, entorpece notoriamente el normal desarrollo del servicio de taxis, ambulancias y bomberos, erosiona más de la mitad de las líneas de autobús urbano, bloquea el acceso al servicio de urgencias del Hospital Miquel Servet y al Hospital Infantil, imposibilita todo acto cívico, lúdico o festivo en el Paseo de la Independencia, y menoscaba la libertad de movilidad de los ciudadanos, entre otras consecuencias igualmente negativas, condicionando de forma negativa el desarrollo de la ciudad para las próximas décadas.
Ante esta situación, lo más conveniente para la ciudad sería que el Alcalde, haciendo suyo sin reservas aquello de que, en ciertos casos, “rectificar es de sabios”, abrace la sabiduría que esas palabras rezuman y, considerando que éste es un caso muy indicado para aplicarlas, impida que el Consorcio Metropolitano de Transporte complique todavía más la maraña en que se encuentra la movilidad de la capital de Zaragoza.

Manifiesto de los Concejales del PP en Zaragoza

abril 22, 2008

MANIFIESTO DE LOS CONCEJALES DEL PP EN EL AYUNTAMIENTO DE ZARAGOZA CON MOTIVO DEL DÍA DE SAN JORGE Y DEL 1er ANIVERSARIO DE LA ENTRADA EN VIGOR DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA DE ARAGÓN

Ante la celebración de la festividad del Día de San Jorge y el primer aniversario de la entrada en vigor del nuevo Estatuto Autonomía de Aragón, los Concejales del Partido Popular en el Ayuntamiento de Zaragoza manifiestan que:

1.- El Decreto del Consejo de Ministros del pasado viernes, 18 de abril de 2008, que permite ejecutar de forma inmediata el trasvase del Ebro a Barcelona supone una clara vulneración del Estatuto de Autonomía de Aragón, aprobado por las Cortes de Aragón y por el Congreso de los Diputados con el consenso político de Partido Socialista, Partido Popular, Partido Aragonés e Izquierda Unida.

2.- La aprobación de un nuevo trasvase del Ebro incumple el Artículo 72.3 del Estatuto de Autonomía de Aragón por el que la comunidad autónoma aragonesa debe realizar un informe preceptivo ante cualquier propuesta de transferencia de aguas de la cuenca del Ebro.

3.- El Artículo 19.3 del Estatuto de Autonomía de Aragón obliga a los poderes públicos aragoneses a velar para evitar cualquier trasvase que pueda afectar a los intereses de los aragoneses en el presente y en el futuro.

4.- El trasvase del Ebro a Barcelona va a ejecutarse sin haber resuelto las obras hidráulicas del Pacto del Agua comprometidas en la Disposición adicional quinta del Estatuto de Autonomía de Aragón.

5.- Pactando bilateralmente con la Generalitat de Cataluña, el Gobierno de España ha infringido el principio de unidad de cuenca que debe imperar en la gestión de un recurso hidrológico como el río Ebro.

6.- Dicho acuerdo entre el Gobierno de España y la Generalitat presta un trato desigual a las demás comunidades autónomas españolas y frustra cualquier intento de diálogo hidráulico entre las mismas, alimentando un nuevo enfrentamiento entre comunidades.

7.- El pasado 25 de enero de 2008, todos los Concejales del PP en el Ayuntamiento de Zaragoza y los del resto de formaciones políticas, nos posicionamos unánimemente en Pleno en contra de cualquier trasvase del Ebro.

8.- La ciudad de Zaragoza y otros 50 municipios de su entorno metropolitano reclaman desde hace años el abastecimiento con agua de calidad del pantano de Yesa, cuya infraestructura se encuentra finalizada sin que el Ministerio de Medio Ambiente haya impulsado su puesta en marcha, vulnerando otro derecho que contempla nuestro Estatuto de Autonomía de Aragón.

9.- El Partido Socialista Obrero Español y el Presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, han incumplido el compromiso político y legal que adquirieron con la comunidad autónoma de Aragón y con los aragoneses para rechazar el trasvase del Ebro.

10.- La actitud del Presidente aragonés rompe la unidad política lograda frente al trasvase del Ebro entre todos los partidos políticos aragoneses.

Por estas razones, los Concejales del Partido Popular en el Ayuntamiento de Zaragoza mostramos nuestro más profundo desprecio a la humillación que supone para Aragón y para el resto de las comunidades españolas el acuerdo bilateral suscrito entre el Gobierno de España y la Generalitat de Cataluña. Creemos que el Presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, no ha estado a la altura y no ha cumplido con la responsabilidad que le fue encomendada (y que él mismo asumió en su último debate de investidura) de defender los intereses de Aragón en materia de agua mientras no se hayan cubierto las necesidades presentes y futuras de los aragoneses.

Por eso, porque el Gobierno de Aragón ha actuado contra el Estatuto de Autonomía de Aragón y porque está tolerando un trato discriminatorio hacia nuestra comunidad autónoma, comunicamos públicamente al Presidente aragonés que no deseamos acompañarle durante el Acto Institucional que se celebrará el próximo 23 de abril, Día de San Jorge, en la Sala de la Corona de la Sede del Gobierno de Aragón. De la misma forma, animamos al resto de los Concejales del Ayuntamiento de Zaragoza y, especialmente, a nuestro alcalde Juan Alberto Belloch, a que tampoco participen en dicho acto.

Por último, exigimos a Marcelino Iglesias que adopte las medidas políticas y jurídicas a las que está obligado como Presidente de la comunidad para frenar el trasvase del Ebro y recuperar la unidad política aragonesa frente al trasvase. Le reclamamos, igualmente, que requiera al Gobierno de España la misma celeridad administrativa que ha dado al trasvase del Ebro para la ejecución de las obras de regulación contempladas en el Pacto del Agua y en nuestro Estatuto de Aragón.

Puedes descargarte el manifiesto en PDF clicando aquí

La política de movilidad en Zaragoza

abril 18, 2008

Quiero empezar afirmando con toda claridad que estoy convencido de que el planteamiento de la movilidad del futuro de Zaragoza adolece de tan graves defectos estructurales, y tan profundas contradicciones políticas y estratégicas, que nada hace pensar que pueda llegarse a buen fin, sino más bien al contrario: está profundamente extendida entre la ciudadanía la creencia de que el desconcierto que el Gobierno tiene en esta materia es de tal dimensión que es razonable pensar que algún momento habrá de replantearse por completo la situación.
Hay un refrán marinero que dice que cuando no se sabe a qué puerto ir, ningún viento es favorable. Esto es precisamente lo que está sucediendo en el Ayuntamiento de Zaragoza en materia de movilidad: no sabe adónde va. Pretende una cosa, y al día siguiente otra distinta; recibe una crítica por un lado y muda de criterio; vuelve a recibir críticas y, por acallarlas todas, se abraza a cualquier cosa y a su contraria al mismo tiempo, en un afán políticamente infantil de no dejar ningún espacio a la crítica y ocultar al mismo tiempo la indigencia de planteamientos propios.
Porque esto es lo que está sucediendo con todo lo que afecta a la movilidad y de manera especial con el documento al que se le quiere otorgar el máximo rango de carta de navegación en esta materia: el Plan Intermodal del Transporte
El Plan Intermodal del Transporte se concibió, entre otras cosas, para organizar la movilidad de gran capacidad de Zaragoza en torno a dos sistemas: el tranvía y las cercanías; y en torno a ellos se organizó, con mayor o menor fortuna técnica, no es del caso discutirlo ahora, la intermovilidad de ambos y con el sistema existente de capacidad reducida: el autobús urbano.
Bastó que la oposición lo criticara aduciendo su apuesta por el metro, para que el Alcalde, asustado por el debate del estado de la ciudad que tenía a continuación, en aquel noviembre preelectoral de 2006, y reconociendo implícitamente el error de fondo de su planteamiento, aunque negándolo vigorosamente de palabra, se inventase deprisa y corriendo una línea de metro, que cogió por sorpresa incluso a su propio Gobierno, y a todas las mentes que habían concebido dicho Plan, sólo para poder decir en el debate: !También tenemos metro! !Lo tenemos todo!, en un ejercicio, como lo he calificado antes, políticamente infantil de querer tener la luna y el sol al mismo tiempo y no dejar ninguna estrella para nadie. Es posible que eso le ayudase a ganar las elecciones, por muy ajustada diferencia, también hay que decirlo, 13 frente a 12, pero lo que nadie se atreve a afirmar es que le hiciera ganar un ápice de razón, sino más bien todo lo contrario. Y yo me encuentro entre los que piensan que incluso él mismo, el Alcalde, está convencido de la sinrazón de todo lo que se está haciendo en movilidad, pero anda muy ocupado ahora con el asunto de la Exposición Internacional, y no quiere volver la cara hacia ningún otro problema, por grande que sea.
Y unos meses después, luego de denostar a la oposición porque le interpelaba para reconducir la situación a alguna senda de sensatez, y con el fin de aliviar la angustia momentánea de un grave problema de ingobernabilidad que tenía por empeñarse en regir la ciudad con un Gobierno sin fuerza política suficiente, hizo lo que es más difícil todavía: asumió la creación de una red de metro, no una línea, toda una red, sin modificar ninguno de los planteamientos incompatibles previos, como si una red de metro pudiera instalarse en una ciudad sin alterar ningún otro sistema de movilidad, de la misma forma que un rayo de luz atraviesa un cristal: sin romperlo ni mancharlo
Y no pretendo afirmar que la situación actual carezca de lógica porque sean incompatibles el metro y el tranvía, que no lo son, y es más, en muchas ciudades conviven en una armonía que resulta enormemente satisfactoria para los ciudadanos, sino porque no pueden convivir adecuadamente si no se proyecta su convivencia de manera lo más razonable posible.
Cuando una ciudad tiene una o varias líneas de tranvía y se desea que disponga también metro, éste tiene necesariamente que proyectarse condicionado por el tranvía que ya existe. Son exigencias de la realidad. Y aunque ello le prive de la máxima virtualidad, le aporta la sensatez de lo real y de lo posible, que siempre se encuentra condicionado por lo real. Y cuando una ciudad tiene una red de metro y desea también servirse del tranvía, es el proyecto de éste el que tiene que estar forzosamente condicionado por el metro preexistente, limitándole igualmente el despliegue pleno de sus posibilidades. Pero cuando una ciudad, como es el caso de Zaragoza, no tiene ni metro ni tranvía y quiere tener las dos cosas, ninguna de las dos tiene que estar condicionada por la otra, existiendo la posibilidad de armonizar inteligentemente los proyectos de las dos formas de movilidad para que ambas desplieguen al máximo sus respectivas potencialidades y logren la óptima intermodalidad entre ellas.
Esto no son grandes planteamientos estratégicos aptos sólo para mentes avezadas en cuestiones esotéricas: es simple sentido común que todo el mundo entiende sin ningún esfuerzo. Y sin embargo, ese sentido común es el que está brillando por su ausencia en Zaragoza, con una luz tan cegadora que no podrá apagarse ni con el esplendor de la Exposición Internacional.
Porque carece de sentido común que la futura red de metro de Zaragoza, cuya existencia se adoptó con la aprobación de los últimos presupuestos municipales, tenga que estar condicionada por una línea de tranvía que no existe todavía. Y al mismo tiempo, carece igualmente de sentido común que el tranvía que se desea que exista no pueda beneficiarse de todas las posibilidades que una red de metro armonizada con él pueda brindarle.
Esta es la situación actual: el espectáculo del choque frontal de dos inexistencias que se contraponen radicalmente antes de existir, cuando tienen todas las posibilidad de existir armónicamente desde su mismo nacimiento. ¿Cabe mayor sinsentido?
Desde la oposición lo hemos pedido muchas veces: deténgase el proyecto del tranvía; deténgase el proyecto de esa línea de metro que se imaginó no para resolver los problemas de la ciudad sino los de su alcalde, y, ahora que se ha decidido tener red de metro, estúdiense ambos proyectos, metro y tranvía, armónicamente desde un principio de forma que Zaragoza pueda contar con la mejor red mixta de metro y tranvía que resuelva realmente los problemas del futuro de su movilidad de gran capacidad.
Estamos a tiempo de hacerlo. Haciéndolo como estas palabras proponen se pierde, ciertamente y por desgracia, algún dinero ya invertido en proyectos que nunca se deberían haber iniciado de la forma en que se hizo; pero por doloroso que esto sea, lo es mucho menos que el dinero y el bienestar que Zaragoza puede perder si se continua con un planteamiento de la movilidad carente de sentido. Porque, nadie debe olvidarlo: en todos estos proyectos estratégicos de largo alcance, de cuantiosas inversiones y de décadas de realización, lo más caro siempre, a la largo plazo, es no acertar.

Hablar de Europa

abril 6, 2008

Una de las mayores deficiencias que, a mi juicio, existen en la vida política española en la hora presente es la escasez de conversaciones sobre Europa. En la última campaña electoral para las elecciones generales, las referencias al proceso de construcción europea han sido mínimas y enfocadas la mayoría de las veces a especular más sobre lo que a España puede reportar Europa que a lo contrario, postura ésta que, además, demuestra por sí misma el escaso europeísmo que la nutre.
Y es precisamente esta atonía de conversaciones sobre Europa una de las causas más profundas de la crisis en la que se encuentra el proceso tras la retirada del proyecto de Constitución.
En estos momentos en que las naciones europeas parecen temerosas de abrir a la opinión pública el verdadero debate sobre la Unión, y prefieren recostarse sobre las instituciones de sus respectivas naciones para discutir los asuntos que son comunes, incitan a la reflexión las nostálgicas palabras que desde su exilio pronunciara el que por primera vez en la historia moderna intentó la unidad europea.
Napoleón, en 1816, en la isla de Santa Elena, repasando su vida y rumiando con amargura su fracaso y la quiebra de su sueño europeo, se recriminó a sí mismo no haber sabido sacar a la luz pública las bondades de su proyecto para que lo conociera la gente, lo discutiera y terminase por desearlo.
Y es cierto. Para que Europa sea una realidad tienen que quererla los ciudadanos, y para ello es preciso que se hable de ello, que se discuta, que se analice, que se vea entre todos la forma de eliminar los inconvenientes y aumentar las ventajas, que se haga asunto doméstico y se incardine en el elenco de preocupaciones cotidianas
En lugar de someterlo a la luz de las personas y al empuje de la palabra, Napoleón lo fío a la fuerza de las armas y al sometimiento de las gentes, como hizo Hitler un siglo y pico después, fracasando ambos en su intento. Ahora gozamos de inmejorables condiciones históricas para lograr ese proyecto no por la fuerza de las armas, ni para someter a nadie, sino, al contrario, para liberar a todos de servidumbres y esclavitudes antiguas, y haciéndolo, precisamente, con lo más humano que hay en la persona: la palabra.

ESCASO INTERÉS POR EL COMERCIO EN ZARAGOZA

abril 2, 2008

En el marco de referencia económico creado por las grandes transformaciones globalizadoras considero que la política macroeconómica, aunque sigue siendo imprescindible para asegurar la estabilidad y el crecimiento económico, resulta insuficiente para la mejor generación de riqueza, debiendo ser completada por políticas microeconómicas que, por su naturaleza, encuentran en los municipios ámbitos adecuados para su puesta en funcionamiento, y en las autoridades locales agentes apropiados para su realización.
Asumir lo anterior supone reconocer que en los municipios, en relación directamente proporcional a su tamaño, existen una serie de potencialidades de todo tipo que permiten desarrollar una acción política que desborda la mera consideración administrativa para adentrarse de lleno en una concepción de gobierno, con toda la amplitud y profundidad estratégicas que dicha palabra entraña, permitiendo, de esa forma, el desarrollo de unas posibilidades políticas que rebasan la concepción clásica del municipalismo.
Por otra parte, la dinámica de competitividad que impone la globalización del mercado obliga a los municipios a acentuar o crear sus propios elementos de competitividad, transformándose en esa dirección, desde el convencimiento de que la libre competencia es una fuente de riqueza para toda la sociedad.
El desarrollo de esta política creadora de riqueza, o política de fomento, como puede llamarse con toda propiedad, debe constituir, a mi juicio, una pieza capital en el entramado de la política municipal, configurando nuevos campos de actuación, como la captación de empresas, las actividades relacionadas con el avance tecnológico, la intervención en el proceso educativo e investigador, o el desarrollo de nuevos sistemas de formación laboral, entre otros. Y entre estos otros ámbitos, el comercio, el impulso y desarrollo de las actividades comerciales dentro de la propia ciudad, constituye sin duda un elemento clave en el entramado de esta política.
La irrupción de las grandes superficies en las ciudades está alterando sustancialmente su vida comercial modificando hábitos de consumo, generando necesidades nuevas, estableciendo pautas de comportamiento diferentes y alterando, sustancialmente muchas veces, el equilibrio comercial de la ciudad en detrimento del comercio clásico, el comercio de proximidad, que constituye una parte determinante no sólo de la actividad económica de la ciudad sino de su propia idiosincrasia y espíritu ciudadano.
Las ciudades en las que la sensibilidad por la política de fomento es acusada se esfuerzan en esta materia por mantener un adecuado equilibrio entre ambos tipos de comercio, logrando que gocen por igual de suficientes elementos de competitividad, y removiendo para ello los obstáculos que se interpongan.
Por desgracia, no es éste el caso de la ciudad de Zaragoza, donde la irrupción de las grandes superficies no se ha visto correspondida con la suficiente atención a la otra forma de comercio, ni con ningún esfuerzo significativo por restaurar un adecuado marco de competencia entre todos los agentes comerciales, con independencia de su dimensión o ubicación.
El último ejemplo lamentable de esta insensibilidad, que se encuentra en las antípodas de lo que corresponde a una buena apolítica de fomento, lo dio el Gobierno municipal en el último Pleno del Ayuntamiento al negarse a crear un número suficiente de plazas de aparcamiento de rotación en populosos barrios que carecen de ellas, y para cuyo comercio clásico resultan un elemento vital compensador, aunque sea sólo en parte, de la desigualdad con que operan frente a las grandes superficies.
Pero si lamentable es la negativa dada a esta justa reivindicación por la que los comerciantes vienen clamando desde hace años, y el propio Gobierno municipal prometiéndoselo, lo es casi todavía más la argumentación con que se defendió la desatención, al pretender el Gobierno contraponer los intereses de los comerciantes al de los vecinos, y ello tan sólo para salvar ciertos intereses constructivos, legítimos, pero particulares, como si los comerciantes no fueran vecinos y como si el Ayuntamiento no estuviera siempre obligado a supeditar los intereses privados a los públicos, en estricta igualdad para todos los ciudadanos.
Acontecimientos como el vivido con respecto a este asunto en el último Pleno Municipal de la ciudad de Zaragoza, casi en vísperas del comienzo de la Exposición Internacional, deben, a mi juicio, hacer reflexionar al Gobierno, que sólo parece realmente preocupado por esto último, sobre el hecho de que, aunque la muestra constituye sin duda una pieza importante de la política de fomento, no debe cerrar los ojos ante las reclamaciones de los comerciantes de Zaragoza porque este tipo de comercio, con su íntima penetración en el tejido urbano y el entramado de relaciones humanas que su actividad depara, constituye una pieza igualmente esencial de la política de fomento hasta ahora abandonada.