“Vencerán pero no convencerán”

(Artículo publicado en el periódico “Empresarios”)

Esta famosa frase histórica, por supuesto desconectada del contexto en que se pronunció y de la carga ideológica que portaba, pero aprovechada en lo que tiene de expresión formal de hasta qué punto la fuerza no hace la razón, es la que podría decirse hoy de los socialistas, en el Ayuntamiento de Zaragoza, con respecto al tranvía.
Al cumplirse prácticamente medio año ya de la nueva Corporación, Juan Alberto Belloch parece dar por cerrada la posibilidad de enmendar uno de sus más grandes yerros políticos y obstinarse en mantener un proyecto, el del tranvía, que tiene dividida por el eje a la ciudadanía, y para cuya realización, aunque tiene el suficiente amparo legal, carece del necesario apoyo político
Una vez más, el Alcalde, en el último Pleno y con una manifiesta intención de solemnidad, ha vuelto a desdecir con los hechos lo que pregona con las palabras. Todavía resuenan en el ánimo de todos cuantos le escuchamos los solemnes planteamientos de consenso con los que adornó su discurso inaugural de la presente Corporación, en los que pretendía proyectarse como el Alcalde que está por encima de los partidos y se ocupa tan sólo del bien de la ciudad, comprometido con la voluntad de la enorme mayoría de la población.
Su categórica afirmación en el pasado Pleno municipal de que Zaragoza tendrá la línea de tranvía que la parte por la mitad echa por tierra su voluntad real de consenso con la representación política de un amplísimo número de zaragozanos que expresaron en las urnas su rechazo, haciendo buenos los temores de que aquel discursos inaugural no fuera más que una nueva edición de los juegos florales con los que pretende dotarse de una imagen de gobernante que no se ajusta a la realidad.
El conjunto de ciudadanos que en la capital del Ebro dio su voto en las pasadas elecciones a los programas electorales que se oponían a esa línea de tranvía y proponían como alternativa una red de metro para Zaragoza fue superior al 42 %, mientras que los que apoyaron los programas del actual Gobierno para realizarla sólo llegan al 38 %.
Aunque esto no le quita al Gobierno local legalidad alguna para hacer lo que considere oportuno en esta materia, sí le priva de autoridad moral y democrática para laminar por completo la voluntad de más del 42 % de los zaragozanos y tratarlos como si no existiesen en la ciudad. El respeto a las minorías es algo consustancial con la vida democrática, y su importancia adquiere un rango mayor cuando esas minorías representan a más del 42% del electorado.
Si a ello le unimos el hecho de que todas las encuestas ciudadanas existentes en la actualidad han mostrado la preferencia por lo contrario de lo que propone el Gobierno local, nos encontramos ante una situación que arroja razones suficientes para la prudencia a la hora de aplicar mecánicamente la mayoría gubernamental en un proyecto de tanta trascendencia y que, como el Alcalde ha dicho en repetidas ocasiones, va a hipotecar las próximas décadas.
Prudencia que, dicho sea de paso, se encuentra en las antípodas de la arrogante postura que en el referido último Pleno mostró el Partido Socialista, al negarse a dar ninguna explicación al rechazo a la moción del Partido Popular que pedía al Gobierno local recapacitar. Ese alarde de indigencia argumental, que, de manera involuntaria pero muy fiel, pone al desnudo la carencia auténtica de razones para lo que se pretende hacer, es tal vez el reflejo más expresivo de la ausencia de rumbo que lleva el actual Gobierno local en esta materia, y del oscuro futuro que espera a la movilidad zaragozana
Pero no es sólo la voluntad de consenso lo que se arruina con la decisión del Alcalde en el último Pleno, es también el prometido estudio de la red de metro aprobado por el Ayuntamiento de Zaragoza hace dos meses.
La pretensión de instalar una línea de tranvía norte sur en la ciudad condiciona por completo cualquier solución posterior que pretenda darse a la movilidad zaragozana, tanto si es posterior en el tiempo como si lo es en el concepto, pues dicha línea supone un pie forzado para cualquier planteamiento global.
Diseñar una red de metro partiendo de la premisa del tranvía implica necesariamente elaborar una red complementaria de dicho tranvía y, por lo tanto, no la mejor red para servir los intereses de la movilidad de Zaragoza, sino la que mejor cuadre a las pretensiones del tranvía, supeditando conceptualmente el primero al segundo, en un ejercicio que sólo conduce a la elaboración de un estudio más, inservible para los fines que se pretenden.
La búsqueda sincera de las soluciones de la movilidad de Zaragoza requiere plantear con rigor conceptual no sólo los fines, sino los métodos, porque un desacertado enfoque de éstos condiciona inevitablemente el resultado y no contribuiría más que a incrementar el escepticismo de la ciudadanía sobre las intenciones municipales, a agravar la mala situación de la movilidad del presente y a trazar una perspectiva todavía peor para el futuro. Y a ese desenfoque, y a ese desacierto, conduce, a mi juicio, la decisión del Gobierno local en el último Pleno municipal.



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