Archive for 16 noviembre 2007

A vueltas con la movilidad de Zaragoza

noviembre 16, 2007

(Artículo publicado en El Periódico de Aragón)

La implantación de un tranvía o un metro en cualquier ciudad no es nunca una decisión técnica sino estratégica, es decir, entra de lleno en el ámbito de la discrecionalidad política, y está dotada de todas las características que a lo político, en el sentido más profundo de esta palabra, el que apela al arte de gobernar, corresponden.
La perversión intelectual que ha estado manejando con fruición el Gobierno local en este asunto ha sido la de pretender presentarlo como una cuestión eminentemente técnica, dotándolo además del atractivo emocional que la técnica avanzada tiene, dando a entender de manera indirecta que quienes no comulgasen con sus planteamientos eran sencillamente iletrados o atrasados.
Este fue el planteamiento de fondo de aquellas jornadas realizadas en octubre del año pasado, durante dos días, en las que el Gobierno hizo desfilar por el Auditorio todo un panel de eminentes y muy prestigiosos técnicos que cantaron al unísono las excelencias del tranvía, e incluso dedicaron media jornada entera a presentar las más hermosas fotografías de los últimos modelos de este medio de transporte, sin que ni una sola palabra ni un solo técnico se dedicase a glosar las bondades del metro.
Tal ejercicio de propaganda, explicable en parte por la proximidad de las elecciones locales, no contribuyó lo más mínimo a analizar con detenimiento las partes aprovechables del Plan Intermodal del Transporte, del que parecía extraerse como una lógica conclusión la bondad del tranvía, sino a complicar todavía más el planteamiento de la movilidad de Zaragoza y su entorno metropolitano, al presentar dicho Plan como la Biblia dogmática de cuanto en Zaragoza y su entorno había que hacer en esta materia.
Y nada más alejado de la realidad porque el citado Plan se elaboró después de adoptar la decisión del tranvía y con el pie forzado de que toda la intermodalidad que en la ciudad hubiera que hacer se llevase a cabo sobre esta premisa. Ni una palabra sobre el metro hay en dicho Plan, ni siquiera para esa línea este-oeste que el Alcalde, comprendiendo el error, se apresuró a presentar por sorpresa en el debate del estado de la ciudad para paliar, aunque solo fuera por la vía literaria, el equivocado planteamiento de fondo de toda la política de movilidad.
Se glosó con profusión en aquellas jornadas la categoría profesional de los técnicos que optaban por el tranvía en contra del metro, categoría profesional con la que estoy completamente de acuerdo, pero se omitió decir que existen otros técnicos, de la misma categoría que los anteriores, que opinan justamente lo contrario y abogan por el metro en contra del tranvía, cayendo en esa manipulación intelectual a la que antes me refería.
Puede que aquellas jornadas consiguieran en parte el efecto buscado, pues ganó las elecciones el mismo equipo que las organizó, pero lo que en absoluto consiguieron fue demostrar que el planteamiento de la movilidad de Zaragoza es acertado. Y toda esta situación viene, a mi juicio, motivada por la maraña en que se enredó el anterior Gobierno
Tengo para mí la percepción de que el Alcalde es consciente de la hondonada política en la que se encuentra la movilidad de Zaragoza. No en balde, hace unos años, antes de que este asunto ocupase la primera línea de la atención pública, el Alcalde se mostró claramente partidario del metro para Zaragoza, alegando tan sólo que si no lo proponía era únicamente por su carestía, no por la ausencia de bondades para resolver los problemas de esta ciudad.
Por otra parte, sabido es que el paladín del tranvía durante estos cuatro años pasados no fue el grupo mayoritario del Gobierno, sino, precisamente, el minoritario, que incluso llevó su fotografía a los carteles electorales. Y sabido es también, por éste y por otros asuntos de cuyo nombre no quiero acordarme ahora, que el Alcalde estuvo siempre más dispuesto a llevarse la contraria a sí mismo que a su socio minoritario, al margen del interés que las decisiones pudieran tener para la ciudad, en un estilo de ejercicio del poder comprensible, aunque no compartible.
Y con ello se desemboca en el enrevesado sentido político de la situación actual consistente en que el grupo mayoritario del Gobierno se ve abocado, en unión con un socio que no quiso el tranvía, a defender un proyecto de tranvía de otro socio que ya no está en el Gobierno, y a hacerlo compatible con lo contrario, que, al parecer, es lo que en su día deseaba el Alcalde que preside este Gobierno.
Ante esta situación, y teniendo en cuenta que se trata de decisiones cuyo completo desarrollo va a ocupar por lo menos una década y va a condicionar de manera importante el futuro de la ciudad, me encuentro entre los que opinan que lo mejor que el Alcalde podría hacer, ahora que está liberado de servidumbres del pasado, es detener el actual proyecto de tranvía, que condiciona inevitablemente la búsqueda de la mejor solución global para la movilidad de la ciudad, y propiciar con sinceridad un amplio consenso político y ciudadano en torno a esa red de metro que resuelva realmente los problemas de la movilidad de la ciudad, y cuya orden de estudio ya se ha dado, y hacerlo con el convencimiento de que, a la larga, en este tipo de planteamientos estructurales, lo más caro es no acertar.



La ópera “Zaragoza”

noviembre 14, 2007

La opera “Zaragoza”, con libreto de Benito Pérez Galdós y música de Arturo Lapuerta, representa un drama lírico en cuatro actos cuya acción está comprendida entre mediados de diciembre de 1808 y febrero de 1809. La historia de amor que tiene lugar en Zaragoza en medio del fragor de la lucha, en la que tan magistralmente refleja Galdós los rasgos de la capital durante Los Sitios, merece ser representada en la clausrua de los actos del Bicentenario
La efemérides de Los Sitios de Zaragoza constituye un acontecimiento histórico de tal resonancia en el contexto de la época en que sucedió, y de tanta importancia para nuestra ciudad, que su recuerdo debe ser siempre un motivo de reflexión y una fuente permanente de enseñanzas.
Los acontecimientos históricos están siempre ceñidos al momento concreto en que se producen, pero, aunque la historia nunca se repite, y muere con la circunstancia que la ocasionó, algunos rasgos de estos acontecimientos pueden estar impregnados de un valor que les hace perdurables en el tiempo. Ese es el caso de Los Sitios de Zaragoza
El liderazgo de Zaragoza en España, el fortalecimiento de la autonomía de Aragón, el revulsivo de la conciencia de libertad europea que supusieron, y el papel que la mujer desempeñó en ellos, son algunos de los muchos rasgos que aquella gesta dejó marcados con valor superior al de su propia época, y que dan a su Bicentenario una dimensión muy por encima de la de cualquier conmemoración
Por eso, concluir dicho Bicentenario con un broche de esta categoría artística, contemplado además en el horizonte de la creación de un futuro Teatro de la Ópera en la capital del Ebro, es una forma certera de avanzar en el camino de hacer que Zaragoza llegue a ser no sólo una ciudad grande, sino una gran ciudad.
Zaragoza esta necesitada de un impulso cultural de primera magnitud. La gran transformación urbanística que está experimentando nunca podrá llegar a su plenitud ciudadana si no va acompañada de una simultánea transformación cultural, y acontecimientos artísticos de la índole del que comento pueden contribuir poderosamente a crear el clima en el que esa transformación pueda llegar a ser posible



Los “Estados Unidos de Europa”

noviembre 11, 2007

Son muy numerosas las veces que la expresión “Estados Unidos de Europa” ha salido a la consideración pública, y son también muy reveladoras las circunstancias en que eso se ha producido.
En los tiempos que corren, a veces da la impresión de que esa forma de pensar el futuro de lo europeo constituye una especie de imposible necesario. Imposible para algunos, atenazados por la fuerza telúrica de los nacionalismos de Estado, que se resisten a admitir que la Historia no se detiene. Y necesario para otros, que miran esa misma Historia con ojos diferentes y consideran que los Estados son para los pueblos y no los pueblos para los Estados.
Y no me parece ocioso evocar estas cuestiones ahora que se viven los tiempos del fracaso de la primera Constitución europea, ésa que ni siquiera llegó a nacer.
El primero que habló en público sobre los Estados Unidos de Europa fue Aristide Briand, Primer Ministro francés a principios del siglo XX, y Ministro de Asuntos Exteriores de ese país cuando lo propuso ante la Sociedad de Naciones, en 1929.
También Ortega y Gasset, europeísta convencido y militante, se refirió en numerosas ocasiones a esa expresión para sintetizar en ella la necesidad de dar forma a la unión de los europeos, porque, decía: “la unidad de Europa no es una fantasía, sino que es la realidad misma; la fantasía es precisamente lo otro, la creencia de que Francia, Alemania, Italia o España son realidades sustantivas e independientes”
Y Winston Churchill también se explayó en esa necesidad de la unión cuando, a partir de su famoso discurso en la Universidad de Zurich, en 1946, inició su campaña por una Europa unida, alentando con su prestigio y su voz autorizada las primeras sesiones en Estrasburgo del Consejo de Europa.
Pero hay una evocación histórica de esa expresión que tiene un particular dramatismo e induce, a mi juicio, a reflexionar sobre el sentido último de esa construcción europea con la que muchos estamos seriamente comprometidos.
A mediados de junio de 1940, cuando los alemanes entraban en París, Churchill, que estaba desplegando cuantos esfuerzos fueran necesarios para evitar la rendición de Francia, envió al Presidente Roosevelt un telegrama urgente suplicando ayuda y alegando, con todo dramatismo, que “si ese país caía y luego posiblemente Inglaterra, se encontraría con unos Estados Unidos de Europa, bajo la tiranía nazi, más populosos, más fuertes y mejor armados que los Estados Unidos de América”
Afortunadamente, los Estados Unidos de América impidieron la creación de esos Estados Unidos de Europa, triunfando la libertad sobre la tiranía y la democracia sobre el fascismo. Y la construcción europea, en la que ahora, a pesar de todos los contratiempos, estamos embarcados, tiene en la consolidación de ese triunfo de la libertad y de la democracia su última razón de ser.



Nueva cultura de la movilidad

noviembre 9, 2007

He solicitado al Gobierno de la ciudad un esfuerzo de participación activa en el debate sobre la movilidad abierto por la Unión Europea con motivo de la presentación, el pasado mes de septiembre, del Libro Verde sobre la movilidad, “Nueva cultura de la movilidad”
El momento gestante en materia de movilidad en que se encuentra Zaragoza, la resonancia internacional que la Exposición del próximo año va a dar a la ciudad, y la proximidad de la clausura de dicho debate europeo con la apertura de dicha Exposición, ofrecen, a mi juicio, una ocasión enormemente propicia para que el Ayuntamiento de Zaragoza elabore un proyecto integral y metropolitano de movilidad sostenible que, al tiempo que resuelva para décadas los problemas de la ciudad y su entorno metropolitano, contribuya a enriquecer la sensibilidad europea de vanguardia en esta materia
En este sentido, considero que el Gobierno de Zaragoza debe abandonar proyectos nostálgicos del pasado, que cercenan las auténticas soluciones que la ciudad requiere, y que están además inducidos en gran parte por servidumbres políticas ahora inexistentes, y propiciar un amplio consenso ciudadano y político para ofrecer a Zaragoza una solución de futuro, acorde con sus propias características específicas, contando, naturalmente, con todos los modernos sistemas de transporte, y en plena sintonía con la moderna sensibilidad medioambiental.



Mayor presencia de los taxis en las calles de Zaragoza

noviembre 8, 2007

Considero necesario y urgente incrementar sustancialmente la presencia de los taxis en las calles de Zaragoza, de forma que los ciudadanos puedan usarlos con más intensidad y facilidad.
El servicio del taxi no ha adquirido todavía en Zaragoza el rango de importancia que sus posibilidades ofrecen y sus expectativas de futuro auguran.
Para una ciudad moderna, el taxi, además de ser un buen sistema de transporte, puede constituir también un elemento estratégico de desarrollo urbano de primera magnitud, al incidir simultáneamente sobre dimensiones muy variadas, y todas importantes, de la vida ciudadana, y, por lo tanto, erigirse en elemento determinante del incremento de la calidad de vida de los ciudadanos
Por otra parte, se da la circunstancia de que la actual flota de taxis de Zaragoza, en condiciones de máximo rendimiento, podría llegar a absorber el transporte de casi el 70% de los usuarios del autobús, lo que unido al hecho de que los taxis hacen aproximadamente el 50% de su recorrido vacíos, da idea de hasta qué punto la capacidad del servicio puede ser mejorada, pudiendo constituir un importante alivio de la gran problemática del tráfico, al potenciar su virtualidad como elemento de disuasión del vehículo privado, en complementariedad con el autobús urbano.
Esta circunstancia, unida a la proximidad de la Exposición Internacional del próximo año, hace, a mi juicio, completamente urgente abordar el impulso de este servicio, con cuantas medidas instrumentales hagan falta.

Nueva política aeroportuaria

noviembre 6, 2007

El pasado fin de semana, en Barcelona, Mariano Rajoy, al hablar de la futura gestión de su aeropuerto, indicó que, si gana las elecciones, el Partido Popular hará cambios sustanciales en su actual gestión y, por lo tanto, en la política de AENA, el ente público que se ocupa actualmente de la navegación aérea y la explotación comercial de los aeropuertos.
Pienso que esta nueva orientación de AENA es una excelente noticia y opino que puede ser el comienzo de un nuevo planteamiento de la política aeroportuaria española que beneficie simultáneamente a Zaragoza, a toda España y al sur de Europa.
Con el tren de alta velocidad Zaragoza se encuentra en el centro, y a una hora y cuarto de distancia de los focos, de una zona aeroportuaria que, uniendo los flujos aéreos de Madrid y Barcelona, es la quinta de Europa y la novena del mundo. Esta realidad, y la función más característica de la alta velocidad ferroviaria que no es otra sino la de enhebrar aeropuertos, permiten, a mi juicio, plantear el futuro del Aeropuerto de Zaragoza con un discurso nuevo, inexistente hasta el momento, cuyo último desarrollo conduciría a pensar que, con un adecuado planteamiento de la segunda estación del AVE, podría convertirse Zaragoza en aeropuerto de desconcentración simultánea de Madrid y Barcelona para todo tipo de vuelos, incluidos los intercontinentales. La calidad de sus pistas, consideradas técnicamente entre las mejores de Europa, las condiciones de su orografía, la amplitud de terrenos circundantes, y la singularidad de su posición estratégica, puesta en valor por el AVE, podrían hacerlo posible si hubiera tras ello una decidida apuesta política y un pleno convencimiento social e institucional.
Pero, a mi juicio, el escollo más grande que existe para lograr algún día estos ambiciosos objetivos es la actual política de AENA, que no contempla ninguna estrategia nacional que pueda lesionar lo más mínimo los intereses de Madrid y Barcelona, entendidos ambos casi como si fueran por sí solos los intereses nacionales, sin reparar que puede haber para el conjunto de España otra forma de ver las cosas, que no tiene que remitirse necesariamente a la dialéctica centro-periferia, anticuada en cualquiera de sus dos polaridades, y que puede resultar mucho más ventajosa no sólo para los intereses generales de España, sino también para los de Europa, sin cuya consideración de fondo no debe hoy concebirse ningún desarrollo estratégico de futuro.
Por ello, pienso que la noticia de que AENA puede cambiar de orientación, y con ello iniciarse un nuevo planteamiento de la política aeroportuaria, abre una expectativas que pueden ser decisivas para Zaragoza y Aragón, si son adecuadamente aprovechadas



La España constitucional

noviembre 2, 2007

Me encuentro entre los que piensan que uno de los ejercicios políticos más urgentes de la hora actual española es la reivindicación de la idea constitucional de España, es decir, de la España contenida en la Constitución de 1978.
Cuando desde algunos planteamientos nacionalistas, por la vía que sea, se pretende en el fondo conculcar esa idea, no resulta obvio ni innecesario desenmascarar cuantas veces sea necesario dicha pretensión, y hacerlo, precisamente, desde el estricto cumplimiento de la Ley en el marco del Estado de Derecho
El Estado de las Autonomías que consagra esa Constitución no es en modo alguno un punto de arranque para llegar a otra situación cuyo nombre empieza a invocarse cada vez más sin ningún disimulo, sino una auténtica instalación de los españoles en una realidad social y jurídica que, sin perjuicio de la condición cambiable y mejorable de todo lo humano, tiene entidad propia, sustancia suficiente y rango sobrado para no constituir una mera situación transitoria, sino el lugar común de entendimiento y la libertad para todos los españoles.
Defender hoy la modernidad y la libertad en materia de ordenamiento político y social en España pasa, a mi juicio, por defender con decisión la Constitución y denunciar, con el mismo empeño, los intentos de cambio de la misma por vías espurias, vengan éstas tanto de la prepotencia de algunos nacionalismos como de la debilidad de un Gobierno central que carece de una visión clara de lo que implica la gobernabilidad de la Nación y ha consagrado de hecho la frivolidad política como suprema norma de comportamiento público.
Está ampliamente extendida la idee a de que la Constitución requiere alguna reforma. En el fondo, lo que mejor puede decirse de algo es que necesita ser reformado, porque ello implica que es imprescindible y capaz de nueva y más plena vida. Por eso, la reforma de la Constitución, cuando se aborde, debe concebirse como una forma de robustecer lo fundamental, no de diluirlo o hacerlo sutilmente desaparecer.