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No sólo posar juntos

octubre 31, 2007

Resulta verdaderamente lamentable que entre los asuntos objeto del encuentro celebrado ayer entre le El Alcalde de Zaragoza y el Vicepresidente del Gobierno de Aragón no haya figurado el de la movilidad de la capital y su entorno, y, en concreto, la creación de una red de metro, que con tanto afán pregonó el segundo en la pasada campaña electoral.
La movilidad es el asunto de mayor importancia que tiene actualmente la ciudad de Zaragoza, y el que va a ocupar los mayores esfuerzos en la actual década, siendo vital para la capital de Aragón y su entorno metropolitano un adecuado planteamiento de la misma, máxime teniendo en cuenta que en dicho área se produce cerca del 80% del PIB de la Comunidad
La necesaria reforma del actual Plan Intermodal del Transporte de Zaragoza y su Entorno Metropolitano, concebido con el pie forzado, por razones electorales, de un planteamiento antiguo y nostálgico de la movilidad, y que no contempla en absoluto ninguna opción para el metro, obliga a un entendimiento fructífero entre el Ayuntamiento de la capital y el Gobierno de Aragón, sin perjuicio de otras instancias, y su ejecución requiere también una contribución económica sustancial por parte del Gobierno central.
Se trata del mayor asunto estratégico para la capital de Aragón y su entorno metropolitano, y de una enorme repercusión para el aumento de la competitividad de Zaragoza y la propia Comunidad.
Soslayar este asunto en el primer encuentro formal entre ambos mandatarios pone de manifiesto que se carece de una visión clara de las prioridades de la ciudad y de las necesidades de Aragón, y constituye la peor forma de comenzar unas relaciones institucionales que deben servir para algo más que para posar juntos.



Incumplimientos en lo referente al taxi

octubre 30, 2007

Hace ya más de un año que el Pleno municipal del Ayuntamiento de Zaragoza aprobó una moción del Partido Popular pidiendo que se elaborase un proyecto de puesta en marcha de un servicio de bono-taxi destinado al colectivo de personas mayores y discapacitadas, y no se ha dado todavía ningún paso para ello.
Ante esta situación, es preciso urgir al Gobierno local a cumplir sus compromisos y a retomar dicha iniciativa en el contexto de la necesaria Nueva Política para el Taxi que Zaragoza necesita para poner en valor toda la capacidad de servicio de su actual flota.
Porque, en toda ciudad, el taxi, entre otras cosas, puede contribuir al alivio del tráfico, al incremento de la seguridad ciudadana, al impulso del desarrollo turístico, a la elaboración de su imagen exterior, y al incremento de la calidad de vida para muchas personas que, por la razón que sea, tienen limitada su movilidad. Y si esto es válido para cualquier ciudad, lo es aún más para Zaragoza que tiene el próximo año el desafío de la Exposición Internacional.
Es sabido que la actual flota de taxis de Zaragoza, en condiciones de máximo rendimiento, podría llegar a absorber el transporte de casi el 70% de los usuarios del autobús, lo que unido al hecho de que los taxis hacen aproximadamente el 50% de su recorrido vacíos, da idea de hasta qué punto la capacidad del servicio, mejorada con nuevos productos, podría enriquecer la calidad de vida del conjunto de los zaragozanos en diferentes aspectos.
La implantación de un bono-taxi subvencionado, destinado a los ciudadanos mayores que, por la razón que sea, tengan limitada su movilidad es una exigencia de sensibilidad social hacia todo este colectivo, y contribuirá, sin perjuicio de otras acciones, a incentivar el uso del taxi
Y ante todo lo anterior, considero importante subrayar la condición del taxi como servicio público, en igualdad conceptual con el autobús urbano y en complementariedad directa con éste, de forma que, sin perjuicio del carácter privado de su titularidad, tenga el mismo acceso a las subvenciones municipales que cualquier otro servicio público, cuando razones de conveniencia social y ciudadana así lo aconsejen.



Rito oriental

octubre 28, 2007

Había pensado dedicar una parte importante de la mañana a mirar en perspectiva las obras de la Exposición Internacional de Zaragoza del año 2008. Cruzando el paseo de la Independencia, decidí llegar hasta la plaza de Europa a través del Mercado Central y la calle Predicadores, para poder contemplar desde el mismo inicio del puente de La Almozara, y a todo lo largo del parque de Ranillas, la perspectiva creciente y emocionante de esa parte de la ciudad que pretende erigirse, dentro de unos meses, en el gran escaparate de Zaragoza hacia el mundo
Mientras caminaba despacio por las calles, envueltas en el sol radiante de una mañana luminosa, iba pensando acerca de la conveniencia de que la Exposición no se quedase sólo en un hito de la apertura de Zaragoza al mundo, sino que fuera también, y sobre todo, una ocasión para que los zaragozanos se abriesen más a lo universal.
Y en éstas estaba, cuando, al acercarme a la plaza de Europa, al final de la calle Predicadores, dio mi vista con una iglesia muy bien remozada, con la puerta abierta, como invitando a entrar, y completamente solitaria. Azuzado por la curiosidad, me dispuse a visitarla, y, al acercarme a ella, un cartel claramente visible indicaba que se trataba de la Iglesia católica de Santa Teresa, de rito oriental.
Mi sorpresa fue enorme: no sabía que hubiera en Zaragoza este tipo de iglesias. Y con mi curiosidad completamente extremada ya, seguí leyendo y vi que anunciaba misa a las diez. Faltaban quince minutos para esa hora y decidí quedarme a ella, dando antes un par de vueltas a la manzana para hacer tiempo.
A las diez en punto estaba otra vez delante de la puerta. La iglesia seguía tan solitaria como antes. Sólo un hombre deambulaba de un lado para otro de la puerta como si esperase a alguien. Al cabo de observarle un poco y no ver a nadie más, decidí abordarle y preguntarle:
-¿Sabe usted si hay aquí misa a las diez?
-Si viene alguien, sí la habrá -me respondió encogiéndose un poco de hombros.
La perplejidad que debí demostrar yo ante la respuesta y algún gesto involuntario mío que debió traslucirle mi disposición, le hizo decir, al cabo de unos instantes:
-¡Pues vamos para adentro!
Comprendí enseguida que se trataba del sacerdote.
Mientras entrábamos, le dije que nunca había estado en una misa de ese rito, y que si ello constituía algún inconveniente para asistir. Según avanzaba hacia el altar, me respondió con un gesto de obviedad:
-¡No, en absoluto! ¡Qué inconveniente va a haber!
-¡No sé! -dije yo, por decir algo
En cuanto llegó al altar, empezó a revestirse con los hábitos que allí tenía. Yo me quedé a unos cuantos metros de distancia sin saber qué hacer ni dónde ponerme. La disposición de las sillas de la Iglesia era completamente distinta a la que se observa dentro de las de rito latino. Estaban pegadas a las paredes laterales y no miraban hacia el altar, sino hacia la pared de enfrente, como en una sala de baile, dejando prácticamente vacía toda la nave.
Por unos instantes, mientras el sacerdote se revestía con toda parsimonia, sentí el vértigo de encontrarme completamente solo y sin saber cómo actuar. Opté por sentarme en alguna de las sillas más próximas al altar, y mientras esto hacía, experimenté el enorme alivio de ver que una mujer entraba por la puerta. Decidí inmediatamente hacer lo que hiciera ella.
La seguí a coger una vela pequeña de un montón que descansaba sobre una mesita lateral. La encendí a continuación de ella y la instalé al lado de la que ella había instalado. Luego, siguiéndole los pasos, me dirigí a otra mesa que había en otro rincón y tomé unos papeles similares a los que ella tomaba. Y por último, me senté a su lado cuando ella se fue hacia el altar y se sentó en una silla próxima del lado derecho.
Comprendí enseguida por qué las sillas estaban pegadas a la pared. La misa empezó con una procesión del sacerdote por toda la iglesia, echando incienso a la hilera vacía de sillas y llegando hasta la puerta de entrada, para volver por el otro lado haciendo lo mismo a la otra hilera hasta el final, junto al altar, donde estábamos nosotros dos. Y esa procesión se repitió varias veces a lo largo de la misa, mientras el sacerdote iba cantando las preces correspondientes.
La mayor parte del rito, en los distintos momentos de la misa, era cantado. Todo estaba escrito en los papeles que teníamos en la mano. La mujer que estaba a mi lado cantaba con entonación y recogimiento. En esos momentos yo permanecía en silencio, rompiéndolo sólo en las partes rezadas, en las que su voz y la mía, dando la réplica al sacerdote, resonaban por toda la iglesia como si tuviéramos altavoces, sin duda ensalzada por las adecuadas características acústicas de su arquitectura.
Enseguida empecé a encontrarme cómodo. Los cánticos del sacerdote, la novedad de las preces que se iban desgranando y la tranquilidad que me aportaba la guía segura que representaba la mujer que tenía al lado, me fueron transportando a una emoción distinta de la experimentada en otras misas a las que estoy acostumbrado.
Al acercarse el momento de la comunión, volví a sentir un punto de inquietud al considerar que tendría que habérmelas solo si la mujer no pasaba a comulgar. Pero enseguida se disipó la preocupación. En cuanto el sacerdote abandonó el altar portando las dos especies, la mujer se dirigió a él, y yo detrás de ella.
El sacerdote, con notable habilidad, sostenía, con una sola mano, una bandeja con trozos de pan y el cáliz, dejando libre la otra para tomar uno de los trozos, mojarlo en el vino y dárselo al comulgante.
La comunión era personalizada. Cuando la mujer estuvo a la altura del sacerdote, éste, llamándola por su nombre de pila, le dio la comunión recordándole que se trataba del cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Cuando llegó mi turno, el sacerdote me preguntó cómo me llamaba. Nada más decírselo, incorporó mi nombre a la fórmula y continuó con el ritual.
Antes de terminar la misa, el sacerdote volvió a dar otra vuelta por la iglesia en procesión solitaria. Y cuando la mujer se fue, me fui yo también detrás de ella. Pero, tan pronto como estuve en la puerta, me detuve, esperé a que el sacerdote se quitase las vestiduras, y, cuando salía, le abordé para expresarle mi deseo de conocer un poco más todo ese ritual y las circunstancias por las que en Zaragoza había aparecido una iglesia así. Mientras cerraba con llave la puerta de la iglesia, convinimos en tomar un café en el bar de enfrente y charlar con calma de todo eso.
Me contó que fue iniciativa de un par de sacerdotes preocupados por aportar un ámbito cultural adecuado a los inmigrantes católicos del este de Europa que se encuentran en nuestra ciudad, y que contó con el permiso y apoyo de Don Elías Yanes, el arzobispo de entonces, que adscribió a dicho servicio esta iglesia, perteneciente a un antiguo convento.
En un momento dado, y luego de explicarme con algún detalle las distintas comunidades que con nosotros viven, y abogar por llegar a un mestizaje cultural, me dijo:
-Al principio, un día se decía la misa en ucraniano, otro en rumano, otro en ruso, y así sucesivamente en unas cuantas lenguas. Pero, ahora que la mayor parte de los inmigrantes ya van conociendo el castellano, se dicen casi todas en esta lengua, que ya va siendo la lengua común de todos los inmigrantes.
Al cabo de un rato, nos adentramos en algunas de las diferencias religiosas que acompañan a los distintos ritos, y así, poniendo mucho énfasis en lo que me explicada, me contó:
-El rito latino de la misa pone el acento de una manera preponderante en el aspecto sacrificial, en la pasión y muerte de Cristo. Sin embargo, en el oriental la acentuación se extiende a toda la vida de Jesús, porque Jesús no vino al mundo para morir, sino que murió como consecuencia de la vida que llevó.
Estuvo un rato todavía hablándome del contenido de la misa, de su no obligatoriedad como precepto dominical en otras latitudes eclesiales, y de que no tiene sentido decir misa si no hay nadie en la iglesia. Sólo entonces comprendí la respuesta que me dio cuando le abordé a la entrada.
Luego nos adentramos en consideraciones eclesiales, e, incitado por mi curiosidad, me contó que hay cinco patriarcados católicos en el mundo, con sede respectivamente en Roma, Constantinopla, Antioquia, Jerusalem y Alejandría, que viven todos en comunión, pero ninguno en subordinación de ningún otro, y que un concilio no puede considerarse ecuménico si no afecta a los cinco a la vez.
La conversación fluía con facilidad, y con delectación por mi parte, de unos temas a otros. Se prolongaba ya por espacio de casi una hora y hubiera continuado mucho más si las respectivas ocupaciones de ambos lo hubieran permitido. Al despedirnos, nos intercambiamos los números de los móviles y quedamos en seguir charlando en otra ocasión. El cogió la moto que tenía aparcada junto a la iglesia y se fue por la plaza de Europa. Yo, desistí de ir a ver las obras de la Expo y me volví para casa, pensando que también por esta vía de los diferentes ritos puede haber una puerta de acceso a lo universal.



Política partidista

octubre 27, 2007

En el Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza celebrado ayer, y en una de esas apasionadas discusiones que vienen propiciando desde el comienzo de esta legislatura los antiguos socios de coalición, el portavoz del Partido Socialista hizo con solemnidad una afirmación verdaderamente esclarecedora del estilo político con que se ha gobernado esta ciudad durante los cuatro años pasados
Con motivo del mutuo reproche por la inexistencia de las anunciadas escuelas infantiles, de las que la ciudad carece en número importante y sobre las que han recaído todo tipo de promesas incumplidas, el portavoz socialista proclamó, con minucioso detalle de fechas y acontecimientos, que la actuación de la Chunta Aragonesista en el Gobierno de la ciudad durante la anterior Corporación había sido completamente partidista, favoreciendo unos asuntos o retardando intencionadamente otros por intereses de su partido y no según las conveniencias de la ciudad.
Tal afirmación, que nada sorprende a quienes lo hemos denunciado repetidamente a lo largo de los cuatro últimos años, sentencia la actuación del Alcalde, Juan Alberto Belloch, durante el referido tiempo, pues era él y nadie más que él, el responsable supremo de la política municipal. Y, además, repetidas veces, y para que nadie tuviera la menor duda, en la solemnidad del Pleno municipal zaragozano, ha declarado su completo apoyo a la labor que venía realizando su por entonces teniente de Alcalde de Urbanismo y portavoz del socio de coalición, no sólo con palabras, sino con ostentosos gestos de proximidad, que reforzaban sin fisuras la voluntad de asumir cuanto hiciera o pudiera hacer en el interior de su Gobierno.
Esta constatación de haber empleado el poder local para satisfacer intereses partidistas, suficientemente grave en cualquier juicio histórico, adquiere tientes aún más alarmantes al considerar que el Alcalde de aquella Corporación es también el de la presente, y si de tal manera actuó durante aquellos años, ¿quién puede garantizarnos que no va a actuar de la misma en los actuales?



Dos novelas

octubre 22, 2007

Hoy he colocado en Internet, a través del sistema “Coloriuris”, de creación completamente zaragozana, dos novelas cortas, relativas a temáticas muy diferentes, cuyos títulos son: CITA EN LA CUMBRE y AMOR Y PODER

CITA EN LA CUMBRE relata un singular almuerzo del Presidente de la República francesa, François Mitterrand, con dos invitados excepcionales: sus antecesores en el cargo, Charles De Gaulle y Georges Pompidou, ya fallecidos. A lo largo del encuentro se alternan escenas de insólita amistad, nacida de un sincero perdón histórico, con pasajes en los que afloran sin piedad sus viejos desencuentros, y todo ello en un clima de anhelante búsqueda existencial.

AMOR Y PODER relata una historia de amor entre una religiosa con afanes reformistas y un ministro de un Gobierno español. Sus diferentes visiones acerca del sentimiento religioso, compatibles con una misma ambición de poder, dibujan una trayectoria amorosa, enmarcada en la crisis de la Iglesia y la teología feminista, que refleja la fuerza transformadora del amor.



La OTAN y Zaragoza

octubre 17, 2007

En la pasada reunión plenaria del Ayuntamiento de Zaragoza tuvo lugar un interesante debate sobre el papel actual y la moderna misión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y sobre cómo ha ido evolucionando el concepto de la defensa de Occidente en las últimas décadas, sobre todo, desde la caída del Muro del Berlín.
Hay algunos que piensan que estas cuestiones no son propias de los ayuntamientos; que lo que a estos incumbe es el gobierno de lo doméstico, de lo menudo, del cotidiano afán de los ciudadanos, y no el meterse en cuestiones de la competencia de otros ámbitos de gobierno.
Yo no soy de esta opinión. Por supuesto, todo lo cotidiano, lo doméstico y el conjunto de atribuciones que a los ayuntamientos reserva la legislación al respecto tienen que constituir el núcleo de sus preocupaciones. Pero la Constitución española, al referirse a la organización territorial del Estado, considera a los ayuntamientos no sólo como una parte integrante del Estado, sino situados al mismo nivel que la Administración central o la autonómica, pudiéndose afirmar con plenitud de sentido que los ayuntamientos son Estado, y que el Poder Local es un poder del Estado, no un poder subordinado al Estado.
Siendo esto así, y teniendo todo ayuntamiento siempre el derecho de petición, que en las ciudades se hable además de los grandes asuntos de la nación me parece enriquecedor y una vía muy certera de acercar la política al ciudadano, practicando con ello el más puro estilo democrático.
La OTAN se creó para salvaguardar la libertad, la herencia común y la civilización de las naciones occidentales, fundada en los principios de la democracia, la libertad individual y el imperio de la Ley
Nacida para preservar estos valores frente a la amenaza soviética, es preciso ahora que siga defendiéndolos frente a otras amenazas, cambiando la orientación y siendo capaz de adecuarse a los tiempos actuales por medio de las reformas necesarias, pero preservando su sentido último que, a mi juicio, sigue tan en vigencia como en los primeros momentos.



FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL PILAR

octubre 12, 2007

Hoy, 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la Hispanidad y fiesta nacional española, me parece una fecha muy oportuna para reflexionar sobre uno de los proyectos más apasionantes que pueden contribuir, en este siglo en cuyos albores nos encontramos, a llenar de contenido el quehacer colectivo de los españoles
España, por exigencias de su ubicación territorial y voluntad de sus moradores, se encuentra inmersa en el gran proyecto político de la construcción europea; una empresa colectiva que, asentada sobre los valores de la paz, la democracia, la solidaridad, el estado de derecho, el reconocimiento de los derechos humanos y el valor supremo de la persona puede contribuir, a través de su expresión política, la Unión Europea, a expandir por el mundo ondas de paz, solidaridad, progreso y humanización.
Pero junto a este proyecto político, España tiene, a mi juicio, la posibilidad de embarcarse en un ambicioso y genuino proyecto cultural en torno a la lengua común de todos los españoles, que es también la lengua común de cientos de millones de americanos, que lejos de producir interferencias con el primero, puede contribuir poderosamente a ensancharle y engrandecerle en todos los aspectos.
España puede convertirse en puente de Europa con toda esa gran parte de América que se expresa en la misma lengua, y al mismo tiempo puente de esa gran parte de América con Europa, dando con ello a su permanencia en la Unión Europea una dimensión especial y singularísima, y contribuyendo a aportar al mundo el contrapeso de una cultura que tiene unas posibilidades todavía no sondeadas en toda su dimensión.
Y dentro de ese nobilísimo papel cultural de España, cualquier ciudad, naturalmente, con toda legitimidad, puede introducir entre sus afanes culturales la contribución a esta empresa colectiva, pero me parece que dos de ellas, Valladolid y Zaragoza, o Zaragoza y Valladolid, como se quiera, capitales de reinos históricos sobre cuya conjunción se originó eso que venimos llamando España, tienen algún título adicional para entregarse a este apasionante proyecto cultural.



POPULORUM PROGRESSIO

octubre 6, 2007

Este año se cumplen cuarenta de la aparición de la encíclica “Populorum Progressio” y me parece muy interesante recordar algunas de las cuestiones que con mayor claridad deja dichas Pablo VI en aquel documento
Con respecto a los sistemas políticos, efectúa una denuncia del capitalismo en su versión liberal del pasado, aquel liberalismo llamado “sin freno” o “en estado puro”, que acompañó a la industrialización en los países desarrollados. En este sentido lo critica por hacer del lucro el motor esencial del progreso económico, de la competencia la ley suprema de la economía, y de la propiedad privada de los medios de producción un derecho absoluto, excluyéndolo como éticamente aceptable, al igual que sistema colectivista puro.
En lo tocante a la propiedad, la sitúa en el contexto bíblico del destino universal de los bienes de la tierra, lo que hace que el derecho a la propiedad no constituya para nadie un derecho incondicional y absoluto.
En lo referente al desarrollo, considera que éste no es sólo una cuestión económica, de generación de recursos, ni siquiera de distribución equitativa de los mismos, sino una cuestión ética que afecta a la persona en toda la profundidad de su dimensión humana. Afirma que la sola iniciativa privada y el simple juego de la competencia no bastan para lograrlo, y propugna que los poderes públicos fijen objetivos, establezcan medios y estimulen a todos, sin sustituir a la sociedad pero coordinándola y orientándola.
Con referencia a la violencia, resalta la necesidad de abordar reformas profundas de las estructuras provocadoras de injusticias persistentes como única forma de quitar la base a la tentación de su empleo.
Y termina propugnando la colaboración de todos los países a través de unas instituciones que estén por encima de cada uno hasta constituir un orden jurídico universalmente reconocido.



Dicen que el Alcalde de Zaragoza no recibe a nadie

octubre 4, 2007

(Artículo publicado en el periódico “Empresarios de Aragón)

Ha llegado hasta mí el clamor de que el Alcalde de Zaragoza se niega sistemáticamente a recibir a los ciudadanos, que desvía las solicitudes de entrevista, que alarga hasta el infinito la fecha de encuentro con los vecinos que se lo piden, o simplemente que no responde a las solicitudes de audiencia.
Debo reconocer que me cuesta un enorme trabajo llegar a creerlo, porque la esencia de la vida democrática es el diálogo permanente, la consulta constante a todos los interlocutores, la auscultación de todos los sentimientos ciudadanos, y el ejercicio de la palabra continua con los vecinos para mejorar siempre los cursos de acción.
Y digo que me cuesta trabajo creerlo porque el Alcalde de Zaragoza, sin perjuicio de lo criticable de su política en muchos aspectos, es un Alcalde democrático, elegido en elecciones libres y democráticas, y al servicio, por exigencias de la propia Constitución de nuestro país y del ordenamiento municipal concreto, de los ciudadanos, de su bienestar y del florecimiento de sus vidas, y no de otros asuntos.
Todo cargo democrático, al margen del humor coyuntural en que la persona que lo ostente pueda encontrarse en un momento dado, e incluso por encima de los rasgos particulares de su carácter o de las aristas de su personalidad, tiene que cumplir, aunque fuera en grado mínimo, estas funciones que son inherentes a la condición de su cargo. Por eso me cuesta creer que el Alcalde de Zaragoza se sitúe extramuros de las exigencias democráticas que comporta su condición de primer regidor de la ciudad.
Pero, por otra parte, no puedo dudar de la honorabilidad de las personas que, en representación de asociaciones ciudadanas muy concretas y respetables, que se preocupan denodadamente de todos los asuntos ciudadanos, y con una particular atención a los problemas del Centro Histórico de Zaragoza, se han acercado hasta mí para denunciar, por esta vía política, el comportamiento de la máxima autoridad local zaragozana.
Ante esta situación, y puesto a conjeturar las motivaciones, que nunca serían razones, del supuesto proceder del Alcalde de Zaragoza, no puedo por menos de pensar la posibilidad de que fuera el asunto del tranvía la causa de tan antidemocrática aversión al diálogo ciudadano.
La oposición al tranvía es ciertamente una de las causas que con más ardor, a mi juicio completamente fundado, están defendiendo las aludidas asociaciones, y miles de ciudadanos en la Zaragoza consolidada que contemplan con pasmo la pretensión de dividir en dos mitades esa parte de la ciudad por medio de una línea de tranvía que lo atraviese de norte a sur.
El resultado previsible de una Zaragoza al este y otra al oeste de dicha línea de tranvía en la ciudad consolidada, y particularmente en su Casco Histórico, casi evoca, salvando naturalmente todas las distancias políticas, la función de aquel muro cuyo derribo feliz a finales del siglo pasado permitió la apertura a la libertad y a la modernidad de millones de personas.
Porque la línea de tranvía norte sur, para Zaragoza, y de una manera particularmente intensa para su Casco Histórico, supone levantar una barrera por sus calles más transitadas, incomunicar unas partes con otras, hacer imposible celebraciones populares tradicionales profundamente ancladas en el espíritu de la ciudad, y cercenar, por la vía fáctica, derechos de movilidad privada inherentes a todo ciudadano. Y contra todo ello, esas personas que dicen que no son recibidas por su Alcalde, y la gran mayoría del Centro Histórico zaragozano, vienen desde tiempo atrás sistemática y democráticamente clamando.
Y se me ocurre pensar que pudiera ser éste el motivo de la situación denunciada, porque el proyecto de la línea norte sur de tranvía, considerado también desde el ángulo apuesto, es decir, por lo que afecta al Alcalde de Zaragoza, constituye uno de sus mayores contrasentidos políticos, pues habiendo sido asumido fundamentalmente para satisfacer a su antiguo socio de Gobierno, ahora que está liberado de él y éste se encuentra en la oposición, se dispone a llevarlo a la práctica con un nuevo socio que, precisamente, es completamente contrario a dicho proyecto, y de cuya oposición ha hecho el eje de su última campaña electoral
Es comprensible que al Alcalde de Zaragoza le resulte incómodo hablar de todo esto, pero ello en modo alguno puede justificar la negativa a establecer el saludable lazo de comunicación permanente con la ciudadanía que todo alcalde que pretenda serlo cabalmente tiene que mantener.
Como decía al principio, me cuesta trabajo creer que el Alcalde de Zaragoza se instale en un proceder tan antidemocrático, y como me resulta igualmente difícil pensar que mis interlocutores faltan a la verdad, sólo me resta, situado en esta perplejidad, desear que estas palabras encuentren réplica por parte de dicho Alcalde si el supuesto de su proceder no fuera cierto, ó provoquen la rectificación de su actitud en caso contrario.