LA EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE ZARAGOZA

(Artículo publicado en el periódico “Empresarios de Aragón”)

Comienza en este mes un curso político en el que el acontecimiento más importante que previsiblemente pueda ocurrir en la ciudad de Zaragoza sea la inauguración de la Exposición Internacional, que la ciudadanía, y el país entero, están esperando con expectación inusitada y tantos beneficios puede reportar a España y a Aragón
El manejo político de todo lo referente a la Exposición Internacional ha constituido desde un principio un hito público singular, sin parangón en la vida democrática de la ciudad, que se extendió al conjunto de la nación, caracterizado por un consenso prácticamente completo de toda la clase política y del conjunto de la ciudadanía, tanto de forma individual como a través de la amplia malla de asociaciones que componen el tejido social.
Semejantes antecedentes, unidos al esfuerzo que tanto la sociedad Expoagua como las distintas instituciones vienen realizando, hacen pensar que el éxito que toda la nación espera fervientemente va a ser confirmado por una realidad que ya está transformando Zaragoza, como lo atestigua el extenso despliegue de obras en que está embarcada, y que espera ver cuajada en los meses de apertura al público.
Pero a nadie se le esconde que un proyecto tan complejo, tan ambicioso y que afecta a tantas esferas de la vida de la ciudad, y de la nación entera, por más minuciosa y rigurosa programación que sobre él recaiga, puede tener, con la máxima probabilidad, desajustes en su realización, desequilibrios en sus presupuestos originarios, alteraciones sobrevenidas de los planteamientos iniciales, y todo un conjunto muy amplio de circunstancias fortuitas, imposibles de prever con antelación, que requieran una acción rigurosa y acertada para corregirlos adecuadamente en tiempo oportuno y con procedimientos adecuados.
Y esta es la situación en la que nos encontramos en estos momentos; situación completamente normal, a tenor de lo que acabo de comentar, pero situación también que requiere la adopción de ese amplio conjunto de medidas correctoras, afectantes con toda seguridad a distintos campos e instituciones, que enderecen las trayectorias torcidas, reparen los desajustes producidos y preparen con el mayor acierto posible los esfuerzos finales.
El comienzo de este curso político me parece un momento particularmente oportuno para realizar ese balance parcial del conjunto de actuaciones referentes a la Exposición Internacional, con todo rigor y transparencia, extraer las conclusiones a que su análisis dé lugar, y poner en marcha las soluciones precisas. Y todo ello realizado, como exigen el buen modo de gobernar y la tradición que en este proyecto ha habido, con la mayor transparencia ante la opinión pública y con la máxima colaboración de todos los partidos políticos.
Estoy convencido de que la ciudadanía desea esa información al comienzo de esta recta final para no decaer en la ilusión que tiene depositada en la Exposición y hacer frente al mismo tiempo a los brotes agoreros que el oscurantismo pudiera propiciar. Y estoy convencido también de que apoyaría cuantas medidas razonables hubieran de adoptarse, con independencia de los agentes a quienes implicasen, si viniesen determinadas tras una exhaustiva y veraz información y luego del suficiente debate político para su adopción.
La Exposición Internacional se está acercando a la hora de la verdad. Lo que Zaragoza, Aragón y España se juegan con el buen éxito de la misma es tanto que no podemos confiarlo a la marcha habitual y rutinaria de los acontecimientos, por más aceleración que a éstos parezca habérseles impreso en los últimos meses. En esta recta final, se requiere por parte de la ciudadanía y de los distintos agentes políticos una participación todavía más intensa e ilusionante si cabe que al principio del proyecto. Pero para que todo eso sea posible, es preciso que se aborde cuanto antes ese riguroso proceso de explicación de la situación actual al que vengo aludiendo.
Aunque sea la Exposición Internacional un proyecto de Estado, y tal vez al Gobierno general del Estado corresponda el mayor número de las acciones correctoras antes comentadas, es al Alcalde de la Ciudad a quien incumbe tomar la iniciativa de este proceso de información y preocuparse de que sea riguroso, exhaustivo y esclarecedor, y que tras él se adopten con el más amplio consenso posible las soluciones adecuadas.
Me encuentro entre los que consideran que esta es la tarea más importante que tiene el Alcalde de Zaragoza al comienzo de este curso político.



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