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Compromiso formal del Alcalde de Zaragoza

agosto 1, 2007

(Artículo publicado en el periódico “Empresarios de Aragón”)

En el primer Pleno de la nueva Corporación, el Alcalde e Zaragoza, Juan Alberto Belloch, ante el acoso de la oposición y las iniciativas al respecto anunciadas por ésta, se ha comprometido formalmente a iniciar un amplio proceso de diálogo para reformar, con el más amplio consenso posible, la estructura de la red de autobuses urbanos.
El compromiso es verdaderamente importante porque la movilidad de los zaragozanos constituye el mayor desafío que tiene la ciudad, cuyo orden de importancia es del primer rango, superior incluso al de la Exposición Internacional de 2008, porque va a configurar la Zaragoza del futuro por encima de las emociones coyunturales y de los brillos pasajeros.
El proyecto de la nueva movilidad de Zaragoza está constituido por dos grandes capítulos: la asunción, a largo plazo, de nuevos sistemas de transporte de gran capacidad; y la reforma, a corto plazo, de la red de autobuses urbanos.
En el primer capítulo, como hemos venido comentando profusamente a través de estas páginas, Belloch ya ha fracasado como alcalde. Su empeño por llevar adelante el proyecto del tranvía, debido fundamentalmente a las exigencias de su entonces socio de gobierno, representa todo un fracaso político. Y con la contratación de su línea norte sur, hace pocos días, ahora que podía rectificar por carecer precisamente de dicho socio, certifica ese fracaso, con claro detrimento del futuro de la ciudad.
Porque no es ya que la mencionada línea sea un proyecto rechazado por la mayoría de las encuestas ciudadanas y recibido con agria división de opiniones por los agentes sociales, culturales, empresariales y sindicales; ni tampoco que resulte patente que su puesta en funcionamiento en lugar de resolver los problemas de la movilidad los va a agravar considerablemente; ni siquiera que vaya a erosionar de forma irremediable la vida en el centro histórico de la ciudad.
Lo que constituye la sustancia del fracaso de Juan Alberto Belloch en esta materia es que ha evidenciado su incapacidad política para ofrecer a los ciudadanos, al conjunto de ellos, un ambicioso proyecto de futuro que, recogiendo inteligentemente las virtualidades de ambos sistemas, metro y tranvía, tuviera el suficiente atractivo para articular en torno a él un amplio consenso en todos los órdenes.
Un proyecto de movilidad a largo plazo para cualquier ciudad, que va a hipotecar en su realización completa más de una década, sea cual fuere su formulación técnica, si no va acompañado de un consenso político, es un proyecto condenado al fracaso. Y a este fracaso es al que ha condenando el Alcalde Belloch el proyecto que se acaba de poner en marcha en Zaragoza, asociando al fracaso del proyecto el fracaso de su propia ejecutoria política como regidor de la ciudad.
Juan Alberto Belloch todo lo confía a la Exposición Internacional. Sin duda alguna, pretende pasar a la historia de esta ciudad como el “Alcalde de la Expo”, pero, por desgracia para los zaragozanos, va a pasar también como el “Alcalde de la movilidad perdida”. Y contemplando ambos proyectos en perspectiva, la Exposición Internacional y la Movilidad Sostenible, y descontando las emociones del momento que pueden refulgir con un brillo engañoso, el segundo es más decisivo para el futuro de la ciudad.
Con este precedente, el compromiso adquirido por el Alcalde Belloch en el último Pleno adquiere una dimensión especial porque pone de manifiesto que, en este segundo capítulo de la movilidad, al menos de palabra, está dispuesto a enmendar los yerros cometidos en el otro.
La actual red de autobuses de Zaragoza fue concebida hace mucho tiempo según un esquema radial diametral y, aunque ha ido evolucionando por prolongación de líneas o modificación de frecuencias u otras circunstancias menores, no ha variado en su estructura fundamental.
En todo este período de tiempo, la ciudad no sólo ha crecido de manera considerable, sino que los usos del suelo han sufrido también unas alteraciones sustanciales en muchas partes, produciendo con ello una demanda distinta tanto cuantitativa como cualitativamente, lo mismo en la ciudad consolidada que en los nuevos barrios de expansión.
La actual estructura, además de producir un enorme solape de líneas, con lo que de pérdida de frecuencias, velocidad comercial y congestión del tráfico conlleva, depara también el sinsentido de que por la Plaza de España, el centro de la ciudad, lleguen a pasar, en hora punta, más de 240 autobuses a la hora, dando con ello una idea del grado de obsolescencia que tiene
Esta situación se ha venido manteniendo inalterada durante toda la anterior Corporación, pues aunque el Gobierno municipal presidido por Belloch ha pregonado constantemente la necesidad de su reforma, no ha dado ni un solo paso en esa dirección, posponiendo sistemáticamente al futuro el abordaje de la cuestión.
La importancia del asunto es de tal magnitud que considero oportuno conceder al Alcalde un margen de confianza y pensar que su promesa pueda tal vez quebrar la línea de incumplimientos de anteriores promesas similares. Todo ello, sin dejar, naturalmente, de extremar la vigilancia porque la posibilidad de que esa línea continúe en sus trazos habituales no es, ni mucho menos, descartable



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