El alma europea

Lo más lamentable, a mi juicio, de lo sucedido en la pasada reunión del Consejo Europeo de mediados de junio ha sido el ejercicio de camuflaje que se ha requerido para poder avanzar algo y tratar de frenar a los que querían precisamente ir hacia atrás
A la idea europea se siguen oponiendo en estos momentos los prejuicios de algunas viejas naciones en crisis que se resisten a mirar al futuro y, como en todos los tiempos de crisis, intentan disipar las angustias que éste genera intensificando su mirada al pasado, es decir, recostándose en el nacionalismo.
En épocas anteriores, en tiempos en que en Europa era preciso la consolidación de nuevas realidades y la superación de la estructura medieval, el nacionalismo tuvo un efecto positivo: contribuyó a aglutinar esfuerzos y fue capaz de remover los obstáculos que impedían la aparición de dichas novedades sociales y políticas. Y así surgieron las naciones europeas, cuya fecundidad histórica fue palmaria hasta comienzos del siglo pasado.
Pero, en estos momentos, en Europa todo está de sobra consolidado. Y en esta situación, caracterizada por la necesidad de crecimiento en todos los aspectos, el nacionalismo va precisamente en la dirección opuesta al impulso nacionalizador que se requiere para alumbrar nuevas estructuras. Y lejos de tener la fecundidad creadora de otras épocas, puede convertirse en una monumental coartada para no abordar el futuro, para eludir el esfuerzo de nuevas y grandes empresas.
Aquí radica, a mi juicio, la gravedad de la situación por la que atraviesa Europa. Al problema habitual que viene sufriendo la construcción de la Unión Europea desde sus inicios, causado por el escaso entusiasmo británico en dicha tarea, se superpone ahora un cierto rebrote del nacionalismo francés que está más preocupado en ver qué puede hacer Europa por Francia que Francia por Europa.
Ante esta situación, no es de extrañar que para poder avanzar algo en el cuerpo europeo haya habido que renunciar a mostrar claramente su alma, quitando de en medio lo que inflama los sentimientos, como la bandera, el himno y las señas de identidad. Justo lo contrario de lo que urge hacer; porque es más importante crear una ilusión colectiva y un sentimiento europeo que afanarse en disposiciones técnicas que muy pocos comprenden en todo su valor.



Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: