Archive for 29 julio 2007

El ave enjaulada

julio 29, 2007

La paradójica situación histórica en que se encuentra Europa en estos momentos radica en que habiendo llegado sus países al más alto nivel de fecundidad en todos los órdenes, se encuentran sumidos en un profundo desasosiego que les hace mirar hacia fuera de Europa en busca de sentido.
Ni la globalización concebida como una americanización del mundo, ni la tentación de acostarse sobre lechos culturales de países emergentes, ni menos aún el afán de reverdecer nacionalismos de épocas pasadas puede solucionar a los europeos la grave crisis de identidad en la que se encuentran.
Y sin embargo, esta crisis de identidad, lejos de ser negativa, puede ser la ocasión de alborada de una nueva época de elevación en todos los órdenes, si se saben ver sus causas con claridad y obrar en consecuencia.
Los países europeos se encuentran atenazados por la contradicción que supone el hecho de que en el momento histórico en que han llegado a su nivel más alto de posibilidades en todos los órdenes, se ven más impedidos que nunca para realizarlas porque chocan con unas poderosas limitaciones que les paralizan.
Estas limitaciones son las fronteras políticas de los Estados respectivos. El problema radica en que la forma de vida pública en que han de moverse las capacidades europeas es incongruente con la dimensión de éstas. La actual impotencia que abruma a los países europeos en estos años de innegable vitalidad se debe a la desproporción entre el tamaño de sus potencialidades y el formato de la organización política en que tienen que desarrollarlas. Como una poderosa ave que, al haber crecido, sus alas topasen ya con los barrotes de su jaula, así la potencia europea en todos los órdenes se ve constreñida por los barrotes de sus propios Estados
Esto se percibe con claridad en la vida económica, y por eso nadie se opone al mercado único, a la moneda única y a la política económica prácticamente única ya. Pero lo que sucede en el ámbito económico acontece por igual en las restantes dimensiones de la vida, y de una manera muy acusada en aquella que aporta el sustrato profundo a todas los demás: la dimensión intelectual
Todo buen intelectual en España, Francia, Alemania o Gran Bretaña se siente hoy ahogado en los límites de su nación, siente su nacionalidad como un encorsetamiento, percibe que ser británico, alemán, francés o español es una forma de ser provinciano, y trata de batir las alas de su pensamiento más allá de los barrotes del rincón que le ha visto nacer.
Por eso, es preciso que la Unión Europea siga adelante, derribe fronteras, disuelva prejuicios, alumbre horizontes y ofrezca a los europeos un ámbito en el que puedan desenvolverse con arreglo a sus formidables posibilidades.



El alma europea

julio 22, 2007

Lo más lamentable, a mi juicio, de lo sucedido en la pasada reunión del Consejo Europeo de mediados de junio ha sido el ejercicio de camuflaje que se ha requerido para poder avanzar algo y tratar de frenar a los que querían precisamente ir hacia atrás
A la idea europea se siguen oponiendo en estos momentos los prejuicios de algunas viejas naciones en crisis que se resisten a mirar al futuro y, como en todos los tiempos de crisis, intentan disipar las angustias que éste genera intensificando su mirada al pasado, es decir, recostándose en el nacionalismo.
En épocas anteriores, en tiempos en que en Europa era preciso la consolidación de nuevas realidades y la superación de la estructura medieval, el nacionalismo tuvo un efecto positivo: contribuyó a aglutinar esfuerzos y fue capaz de remover los obstáculos que impedían la aparición de dichas novedades sociales y políticas. Y así surgieron las naciones europeas, cuya fecundidad histórica fue palmaria hasta comienzos del siglo pasado.
Pero, en estos momentos, en Europa todo está de sobra consolidado. Y en esta situación, caracterizada por la necesidad de crecimiento en todos los aspectos, el nacionalismo va precisamente en la dirección opuesta al impulso nacionalizador que se requiere para alumbrar nuevas estructuras. Y lejos de tener la fecundidad creadora de otras épocas, puede convertirse en una monumental coartada para no abordar el futuro, para eludir el esfuerzo de nuevas y grandes empresas.
Aquí radica, a mi juicio, la gravedad de la situación por la que atraviesa Europa. Al problema habitual que viene sufriendo la construcción de la Unión Europea desde sus inicios, causado por el escaso entusiasmo británico en dicha tarea, se superpone ahora un cierto rebrote del nacionalismo francés que está más preocupado en ver qué puede hacer Europa por Francia que Francia por Europa.
Ante esta situación, no es de extrañar que para poder avanzar algo en el cuerpo europeo haya habido que renunciar a mostrar claramente su alma, quitando de en medio lo que inflama los sentimientos, como la bandera, el himno y las señas de identidad. Justo lo contrario de lo que urge hacer; porque es más importante crear una ilusión colectiva y un sentimiento europeo que afanarse en disposiciones técnicas que muy pocos comprenden en todo su valor.



Europa tiene que seguir avanzando

julio 15, 2007

A pesar de la decepción que para muchos europeístas ha supuesto la pasada reunión del Consejo Europeo, con la renuncia a dotarse de una Constitución y los retrocesos habidos en cuestiones tan importantes como la definición del órgano de la Política Exterior y el abandono de los símbolos, es preciso seguir avanzando, aunque sea a un ritmo más lento, y no perder de vista que el objetivo es de naturaleza política, la unión política, y se trata del proyecto más ambicioso y sugerente que pueden concebir en esta hora del mundo los políticos que se afanan en el Viejo Continente
Por eso, conviene resaltar los destellos de ilusión, aunque sean tan sólo literarios, que pueden apreciarse en el informe del Consejo Europeo sobre lo sucedido durante los pasados días 21 y 22 de junio, y que se refieren a la firme voluntad de aportar al mundo ideas relativas a un orden económico y social sostenible, a perfilar la política europea con la vista puesta en los ciudadanos, y a reforzar la comunicación y el diálogo.
Aunque esta declaración puede parecer insulsa y superficial, contiene, en el fondo, tres reflexiones que a mí me parecen esenciales para comprender y valorar cabalmente la trascendencia del proyecto.
La primera es que lo que se pretende con la Unión Europea no es sólo resolver los problemas y mejorar la situación de una parte del Planeta, sino de todo él, lanzando desde este ángulo del mundo un mensaje de solidaridad y esperanza para humanizar la globalización.
La segunda se refiere a que todo el esfuerzo europeo en última instancia no está concebido para salvar los Estados sino las personas, en una onda expansiva superadora de fronteras y creadora de nuevas y mejores armonías.
Y la tercera, que todo esto se pretende hacer con las armas de la democracia, es decir, con la palabra y el diálogo, con la comprensión y el respeto, y renunciando a cualquier imposición y a toda violencia.
Me parecen escasísimos, por no decir inexistentes, los proyectos mundiales que contienen, en los momentos actuales, estas notas de grandeza. Por eso, bien puede afirmarse que La Unión Europea, a pesar de todo, debe seguir avanzando.



El desafío europeo

julio 7, 2007

Europa se encuentra en la encrucijada de persistir en su marcha actual de progresivo declinar frente a países emergentes como China, India, Brasil y clásicos como Estados Unidos y Japón, ó, afrontar vigorosamente el futuro, realizando en sus respectivos países las reformas necesarias para aumentar su capacidad de innovación, abordando con decisión su unión política.
Los profundos cambios realizados por las grandes empresas europeas y el enorme atractivo de la demanda global proveniente, en gran parte, de las potencias emergentes pueden facilitar considerablemente el necesario incremento de la liberalización de sectores y el avance hacia un auténtico mercado único interior sin intervencionismos gubernamentales de ningún tipo, condiciones todas ellas necesarias para quebrar la pendiente negativa de la evolución comparativa del conjunto de Europa con otras áreas del mundo.
Pero para que todo ello sea posible es preciso un rearme moral que lleve a disipar todas las dudas sobre la vigencia de los valores europeos que han constituido, y siguen constituyendo, la base de la civilización occidental, basada en la libertad, la democracia y la concepción universalista de los derechos humanos, cada vez más imprescindibles en el actual desafío global que imponen otras culturas, y que constituyen la razón última para luchar sin descanso contra toda forma de terrorismo, venga de donde viniere.
Este desafío europeo impone al mismo tiempo una política exterior y de defensa única, con clara definición de sus objetivos, y una inteligente articulación con Estados Unidos, en el marco de la Alianza Atlántica, que, superando cualquier afán de competencia, consiga una estrecha coordinación, desde la base de sus respectivas identidades.
Y todo ello requiere concebir Europa como un auténtico proyecto político, no sólo como una mera agrupación económica de Estados soberanos, caminando, con la prudencia necesaria pero también con la determinación suficiente, hacia esa “Europa de los ciudadanos” superadora de las soberanías nacionales.



Fracaso político de la estación de autobuses de Zaragoza

julio 5, 2007

Todo lo concerniente a la estación de autobuses de Zaragoza puede ya considerarse un fracaso. Ha sido un fracaso el retraso de años en su puesta en funcionamiento. Es un fracaso la mala señalización existente, que desconcierta a los viajeros, y para cuya mejora habría que insistir con tenacidad ante el Gobierno central. Y es un fracaso la insuficiente conexión entre los andenes a distinto nivel, que requiere, por lo menos, duplicar el número de rampas entre la entrada principal y el andén de cercanías.
La deficiente funcionalidad de la estación ha sido incluso reconocida por el propio Director General de Transporte del Gobierno aragonés, que ha tenido que salir al paso, deprisa y corriendo, para intentar parchear con 1,2 millones de euros lo que no es mas que una incomprensible falta de previsión.
De poco vale que el Director General se explaye en detalles administrativos que escasamente interesan a los usuarios, presentados además como si fuera toda una hazaña política. Lo de menos es que haya o deje de haber una nueva licitación o que la obra salga a concurso mediante modificación de proyecto o de la forma que sea, como se ha recreado en explicar el Director General. Lo que él, o el Consejero, tendrían que explicar es cómo ha sido posible que después del retraso acumulado de años en su puesta en funcionamiento surjan ahora estos problemas, y qué tipo de política de aprovechamiento de la situación estratégica de Zaragoza y de creación de imagen de la ciudad y de la Comunidad tiene el Gobierno aragonés cuando está permitiendo que lo que iba a ser la tercera estación más importante de Europa esté estos días, por culpa suya, rayando los límites tercermundistas, sin que ello se pueda solucionan antes de octubre.
Por otra parte, es necesario que el Ayuntamiento se disponga a abordar la solución de su conexión con el centro de la ciudad por autobús urbano, largamente demandada por la ciudadanía y, hasta el momento, resuelta de manera insuficiente con las modificaciones parciales de las líneas que se han realizado.
Y por último, es preciso resolver el problema de su lejanía de diversos barrios de la ciudad, ya que a muchos zaragozanos les cuesta casi más llegar a ella desde su casa que desde ella a donde viajan. Se precisan suficientes intercambiadores que hagan posible la parada de los autobuses interurbanos en diferentes zonas de la ciudad.
Esta situación de la estación de autobuses debería ser objeto prioritario de la recientemente creada Comisión Mixta Gobierno de Aragón-Ayuntamiento de Zaragoza.
Gobernar es resolver problemas; no eternizarlos ni crearlos o aumentarlos. Y la estación de autobuses es un claro ejemplo de lo que no es gobernar.



Mal comienzo del Alcalde de Zaragoza

julio 3, 2007

(Artículo publicado en el periódico “Empresarios de Aragón”)

No hay peor comienzo para cualquier andadura política que establecer sus bases sobre las propias contradicciones. Nada más terminar las elecciones dijo el Alcalde que para hacer un pacto con alguien y no tener mayoría, era mejor estar sólo. Poco tiempo ha tardado en mudar de opinión. Pero, a pesar de ello, y de lo poco que dice en la consideración de cualquier gobernante el desdecirse de forma tan abrupta de las propias opiniones, lo más importante radica en otras consideraciones.
A mi juicio, lo verdaderamente decisivo para Zaragoza no es si se logran o no mayorías para gobernar el Ayuntamiento, sino si se es capaz de orientar el Gobierno municipal para encarar con acierto los desafíos que tiene la ciudad, y dirigirla por rumbos ampliamente consensuados y cargados de sentido común, ó si, por el contrario, se diseña el futuro en función de espurios intereses políticos. En el primer caso, con cualquier tipo de mayoría, no faltarían nunca apoyos abundantes para gobernar adecuadamente; y en el segundo, cualquier composición está condenada al fracaso.
La estabilidad matemática no es un valor en sí mismo, no es un valor absoluto; como tampoco la inestabilidad numérica es un factor negativo si da paso a una estabilidad política lograda por el acierto de la gobernación. Ambas modalidades no son mas que medios para lograr fines, y sólo por los resultados podrá finalmente decirse si fue o no acertado el curso de acción elegido.
Ejemplos de estabilidad inservible los tenemos muy próximos: el Gobierno de Aragón y el saliente Gobierno municipal. El primero tiene a Aragón anclado en la parálisis, y el segundo ha cosechado en las urnas un correctivo doble del que en Europa suele considerarse como desastre, perdiendo cerca del diez por ciento de su apoyo inicial y dejando graves asuntos, como el modelo de ciudad y la movilidad empantanados. Y ejemplos de gobiernos en minoría buenos para los gobernados también existen en número suficiente, siendo el primer Gobierno de Aznar tal vez uno de los más paradigmáticos.
Un Gobierno municipal minoritario en Zaragoza que abordase con decisión el planteamiento de una moderna red de metro, sin prisas, analizando bien las distintas posibilidades, calibrando con prudencia los tiempos de realización, dialogando con la ciudadanía sus mejores trazados y olvidándose de dogmatismos antiguos, podría contar con todos los apoyos necesarios, y sin contrapartidas de poder, para afrontar la modernidad de Zaragoza y elevar su calidad de vida.
Sabido es que el proyecto que más ha envenenado la solución de la movilidad del futuro y que de manera más poderosa ha contribuido al fracaso actual del tráfico zaragozano y a su planteamiento de futuro ha sido el de la línea de tranvía norte-sur, que ha conseguido colorear con su dogmatismo el Plan Intermodal del Transporte, haciendo de esa pretendida “Biblia” de la movilidad de los socialistas un documento inservible en su globalidad para un adecuado planteamiento de la movilidad del futuro
Pues bien, una vez que el partido que más ha insistido en ese proyecto, llevando su fanatismo doctrinal hasta el dogmatismo municipal, ha renunciado a formar parte del Gobierno, el Alcalde debería haberse sentido liberado de toda hipoteca para abordar en esta materia soluciones de futuro, y, dando un inteligente volantazo, haber encauzado la movilidad de Zaragoza por una senda acertada.
En lugar de ello, ha cometido lo que es peor que el error: la contumacia, la perseverancia en el error, cerrándose a sí mismo las puertas de un cambio saludable, formando un gobierno que ni consigue la estabilidad ni cambia rumbos erróneos, y ofreciendo además un consenso acompañado de las condiciones necesarias para hacerlo imposible.
Es ésta la primera gran ocasión perdida por el Alcalde, que sin duda va a lastrar muy considerablemente el devenir de esta Corporación, y cuyo error no puede ocultarse tras los oropeles de la Exposición Internacional ni tras la laudable intención de poner a Zaragoza en el mapa
Se equivoca, a mi juicio, el Alcalde, y muy gravemente, si pretende confundir la ciudad con la Expo, esperando que el brillo de la segunda pueda ocultar el vacío de la gobernación de la primera, o los errores de bulto en el diseño de su futuro. Y supondría también un desprecio a la inteligencia de los zaragozanos considerarles incapaces de distinguir entre lo uno y lo otro, pensando que él, como un moderno flautista de Hamelín pudiera conducirles alegremente por las calles de la ilusión al despeñadero de su futuro ciudadano con los sones seductores de su flauta municipal.
Haría muy bien el Alcalde en reconsiderar este punto referente a la movilidad en su nuevo programa de coalición, y, abandonado apriorismos dogmáticos y condiciones previas, abrir, ahora que hay tiempo, un diálogo sincero, pausado y fecundo con los demás grupos políticos y con la ciudadanía, para lograr por consenso el mejor proyecto para la movilidad del futuro.