Cultura, ciudades y Europa

Hace ya algunos años que la Fundación para una Historia de la Civilización Europea, en Bruselas, viene reflexionando, a mi juicio con gran acierto, en el papel de la cultura en la construcción europea.
Partió de una clara distinción conceptual entre lo que podía entenderse por cultura y por civilización, atribuyendo a la primera los esfuerzos de exploración de la condición humana en su relación con la sociedad de la época, y a la segunda, la aspiración unitaria que se inscribe en los fundamentos de todo ideal de humanismo.
Según lo anterior, la cultura expresa el dinamismo de la libertad, pudiendo, por lo tanto, renovarse continuamente, sin limitación ni constreñimientos, dentro del ámbito de la diversidad, y estando permanentemente asociada a su tiempo y a sus circunstancias. Mientras que la civilización apunta a la permanencia de unos valores que son inmutables en el tiempo y que generan el elemento unificador.
Según lo anterior, Europa ha creado una civilización que le da su unidad, y tiene en su seno diversas culturas que le aseguran su diversidad.
Esta civilización, que inspira los fundamentos y finalidades de la Unión Europea, se asienta sobre la base de la paz y la prosperidad, la libertad, la democracia, el reequilibrio entre las regiones pobres y ricas, y el valor de la persona humana como foco aglutinante de todo lo anterior.
Y en paralelo a ello, las distintas culturas de Europa constituyen la expresión de su vitalidad y de la libertad de sus distintos pueblos, erigiéndose al mismo tiempo en vehículos privilegiados y diversos para acceder, por vías distintas, a los mismos valores comunes de su civilización.
Y es en la acentuación y enriquecimiento de esta diversidad cultural donde las ciudades tienen, a mi juicio, un papel primordial a desarrollar.
Toda política cultural de una gran ciudad que vaya en la dirección de reforzar las señas de identidad de sus propios ciudadanos, recuperar su patrimonio histórico y su historia, incrementar la sensibilidad personal hacia la variedad de los bienes culturales y el anhelo de los mismos, y perfilar los rasgos de su singularidad frente a otras ciudades, es una política cultural que está haciendo ciudad y al mismo tiempo está construyendo Europa.
Por eso, el Partido Popular, con el programa cultural que presenta Domingo Buesa para la Alcaldía de Zaragoza, puede decir con plenitud de sentido que pretende construir la gran Zaragoza al tiempo que desea contribuir al fortalecimiento de la Unión Europea.



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