La economía municipal

Resulta de todo punto comprensible que la primera rueda de prensa de la campaña electoral de Domingo Buesa haya girado en torno a la política económica que ha llevado el Ayuntamiento en estos cuatro años, porque ella ha dado lugar a una abusiva subida de impuestos, a todas luces injustificable, que califica por sí misma la insensibilidad ciudadana con la que se ha gobernado el Ayuntamiento durante estos cuatro años.
Analizando los dos períodos políticos sucesivos, el presidido por el Partido Popular y el actual liderado por el PSOE, puede apreciarse que mientras en el primero los gastos corrientes crecieron a un ritmo anual ligeramente superior al 4%, en el segundo lo hicieron a cerca del 12%, al tiempo que la presión fiscal evolucionaba de una forma similar, es decir, con una presión fiscal tres veces superior en la época socialista.
Junto a este rasgo fundamental de la economía municipal de estos años se han dado también dos características interesantes de resaltar. En primer lugar, en la época del Partido Popular por cada euro de impuestos que pagaban los zaragozanos correspondían el Gobierno central y otros gobiernos aportando otro, mientras que ahora sólo aportan 85 céntimos. Y en segundo lugar, en estos años no se ha cobrado la gran deuda que el Gobierno de Aragón acumula en materia social con el Ayuntamiento de Zaragoza, y que es de un montante superior a lo recaudado con la subida de los impuestos.
Con estos tres rasgos básicos que han presidido la actuación hacendística de estos cuatro años, puede concluirse diciendo que el esfuerzo inversor del Ayuntamiento ha recaído prácticamente en exclusiva sobre los zaragozanos, abandonando otras posibles vías de financiación, como son la contención del gasto corriente, el esfuerzo negociador con el Gobierno de Aragón, y las iniciativas para obtener fondos de otras Administraciones que hubieran permitido, entre todas, el mismo nivel de inversión sin esa abusiva subida de impuestos.
El Gobierno municipal se ha limitado a lo más fácil, y lo más injusto al mismo tiempo: exigir el esfuerzo exclusivamente a los zaragozanos, claudicando de cualquier acción política en todas esas vías apuntadas, y otras más que existen, intentando hacer creer, con una demagógica y pertinaz campaña, que lo que hacía estaba dotado de inexorable rigor técnico, cuando no era sino una forma de encubrir el vacío de una auténtica política económica municipal.



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