Cultura y valores

La historia de Zaragoza refleja de una manera meridiana las claves básicas de la ciudad, que han girado siempre en torno a su ubicación estratégica, a su función de nudo de comunicaciones español y europeo, al río como elemento fundacional y vertebrador, y a su condición de zona fronteriza en importantes momentos de su historia.
Si las tres primeras claves han condicionado e inspirado casi siempre el conjunto de preocupaciones estratégicas del desarrollo de la ciudad, y lo están haciendo en estos momentos de una manera notable, sirviendo de base a los grandes proyectos que actualmente se contemplan, la última ha estado, a mi juicio, sistemáticamente preterida, cuando no olvidada por completo, privando de esa forma a Zaragoza de una inspiración cultural a la que, a mi modo de ver, habría que prestar la suficiente atención.
La situación de Zaragoza como zona fronteriza en determinados momentos de su historia, y particularmente como punto de confluencia entre los mundos cristiano y musulmán durante grandes períodos de la Edad Media, acrisoló en ella una cultura de frontera que fomentó en sus gentes la apertura a distintos planteamientos existenciales y la convivencia pacífica entre personas con diferentes modos de entender la vida, dando a nuestra ciudad un poso complejo, pero muy rico, que constituye uno de sus más valiosos activos culturales.
Y este espíritu de apertura que aquellos momentos medievales aportaron fue brillantemente reforzado en épocas posteriores, cuando el vigor de los intelectuales erasmistas de la Zaragoza del siglo XVI, o el vanguardismo de nuestros ilustrados, dos siglos después, situaron a nuestra ciudad de nuevo en la frontera avanzada del progreso cultural, en medio de la tensión entre un mundo que se resistía al cambio y los horizontes de un nuevo despertar, intensificando de esa manera la complejidad y la densidad de nuestra historia.
Estas claves culturales, adecuadamente actualizadas, pueden constituir muy bien la base de un nuevo florecimiento de valores morales en cuya divulgación y fomento está empeñado el Partido Popular. Por eso, en su programa para la Alcaldía, Domingo Buesa ha puesto especial énfasis en diseñar una política cultural, de la que se carece en estos momentos, en la que, junto con la diversidad inherente a la libertad en que debe florecer toda actividad cultural, se fomente también la práctica y divulgación de esos valores de tolerancia, comprensión y entendimiento que están en el sustrato de los mejores momentos de nuestra ciudad, y a los que alude el título de “Sitio Emblemático de Cultura para la Paz”, que le otorgó la UNESCO, en 1999.



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