La Política de Fomento

grafica.jpg En el actual marco económico de referencia, caracterizado por las grandes transformaciones globalizadoras y la importancia creciente del papel de las cabeceras de territorio, la política macroeconómica, como se ha debatido con profusión en el Partido Popular, aunque sigue siendo imprescindible para asegurar la estabilidad y crecimiento, resulta insuficiente para la mejor generación de riqueza, debiendo ser completada por políticas microeconómicas que, por su naturaleza, encuentran en los grandes municipios ámbitos adecuados para su puesta en funcionamiento, y en las autoridades locales agentes apropiados para su realización.
Asumir lo anterior supone reconocer que en las grandes ciudades existen una serie de potencialidades de todo tipo que permiten desarrollar una acción política que desborda la mera consideración administrativa para adentrarse de lleno en una concepción de gobierno, con toda la amplitud y profundidad estratégicas que dicha palabra entraña, permitiendo, de esa forma, el desarrollo de una política local que rebasa la concepción clásica del municipalismo.
La Política de Fomento municipal, inspirada en estos planteamientos y con la finalidad última de la creación de puestos de trabajo, fue puesta en marcha en el Ayuntamiento de Zaragoza en 1995, llevándose a efecto, por una parte, a través de grandes proyectos de transformación de la ciudad, y , por otra, por medio de acciones de incidencia directa sobre la mejora empresarial, los trabajadores, el mercado de trabajo y la captación de nuevas empresas. Y articulando todo ello en un amplio abanico de actuación concertada con los agentes empresariales y sindicales y el conjunto asociativo de la ciudadanía.
Esta política, que seguía igualmente las pautas del Tratado de Amsterdam, la Resolución de la Cumbre de Luxemburgo, el Libro Blanco de Jacques Delors, el Pacto de Confianza de Jacques Santer y el Plan Nacional para el Empleo del Reino de España, sin llegar a abandonarse conceptualmente, ha entrado en la Corporación actual, como ha denunciado repetidamente Domingo Buesa, en una fase lánguida, desembocando en la creación de estructuras administrativas que mantienen en parte el eco del discurso, pero sin acompañarlo de acciones operativas, terminando por pervertir de manera indirecta su propia razón de ser.
Urge, por lo tanto, la asunción, decidida y actualizada al momento presente, de una Política de Fomento que impulse con rigor la creación de riqueza en Zaragoza



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