Un segundo Renacimiento europeo

Al comienzo de este siglo XXI, podemos decir que nuestra sociedad afronta una época de grandes cambios, una etapa apasionante en la que, por una parte, la revolución telemática y la innovación tecnológica están teniendo una incidencia extraordinaria en nuestras vidas, y, por otra, la emergencia de nuevos valores y sensibilidades sociales está conformando una nueva conciencia ciudadana, como expuso claramente Domingo Buesa en las jornadas que el Partido Popular dedicó para presentar su modelo de ciudad.
Fruto de los cambios que se están produciendo, tanto tecnológicos como culturales, en el contexto internacional están emergiendo nuevos conceptos, a partir de los cuales se definen y cristalizan opciones de futuro que obligan necesariamente a un nuevo enfoque de las situaciones.
La globalidad de los planteamientos económicos, y el elevado grado de competitividad que esta situación impone a todos los agentes, hacen que el mundo moderno se articule hoy no tanto sobre escenarios nacionales, superados en gran parte por la dimensión multinacional de las grandes empresas, sino sobre el interés y las posibilidades que despiertan los distintos territorios, y cuya importancia estratégica es directamente dependiente de la pujanza de sus cabeceras, es decir, de la pujanza de las ciudades.
Y esta importancia de la ciudades, que puede predicarse de manera general para todo el mundo, es particularmente relevante en el ámbito europeo, en el que la gran mayoría de la población vive, precisamente, en ciudades, con un porcentaje tan alto que podría afirmarse, sin incurrir en exageración, que Europa es, por antonomasia, la Europa de la Ciudades.
Las ciudades europeas están llamadas, por lo tanto, a desarrollar un protagonismo singular que, unido a la profundización de los valores de la civilización que han ido conformando con el paso del tiempo, puede propiciar un segundo Renacimiento que arroje sobre el mundo actual luz orientadora para un nuevo resurgir de la persona.
Me encuentro entre los que ambicionan que Zaragoza se sitúe en la vanguardia de esta nueva inquietud renacentista.



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