La iniciativa de Berlín

Marzo 4, 2009 por modestolobon

El acuerdo logrado en Berlín días pasados por los grandes países europeos para asistir a la reunión del G-20 del próximo mes de abril, en Londres, con una propuesta común, liderada por Ángela Merkel, para hacer frente a la actual crisis económica y financiera me parece una de las noticias de mayor trascendencia en estos atribulados momentos de desconcierto colectivo en que vivimos.
Tanto por la forma como por el fondo, la iniciativa que ha surgido de Berlín supone, a mi entender, un rayo de esperanza en la solución de la doble vertiente de la crisis que padecemos los europeos: crisis económica compartida con el resto del mundo, y crisis de identidad europea compartida exclusivamente con nuestra propia historia.
Por la forma, porque se trata de una iniciativa de los cuatro grandes países europeos, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia que, junto con España, que también estuvo presente en la reunión de Berlín, constituyen el núcleo central de lo que realmente es Europa. Y en el fondo, porque la propuesta de Merkel sacude las adormecidas conciencias económicas de la “ideología dominante” en Europa y plantea con valor un nuevo camino, el camino del centro que es el que, no está de más recordarlo, verdaderamente obró el milagro económico de sus países tras las ruinas de la segunda guerra mundial.
Porque no es lo mismo la “economía de mercado” que la “economía social de mercado”, como tampoco es lo mismo la derecha que el centro, por más que desde la izquierda se pretenda asimilarlas. Y esa política centrista que obró el “milagro alemán”, el “milagro francés”, el “milagro italiano” y años más tarde el “milagro español”, adecuadamente ajustada a los tiempos actuales, puede también, a mi juicio, obrar el milagro que todos ahora necesitamos, tanto en la vertiente económica como de afianzamiento de nuestra nueva identidad.
Me encuentro entre los que opinan, en contra de las propuestas del actual ministro español de Industria, que no es exaltando los nacionalismos comerciales o de cualquier otro tipo como avanzaremos en la resolución de los problemas actuales, sino actuando precisamente en la dirección opuesta, es decir, apostando con más decisión por Europa, por una Europa centrada y centrista, y por el abatimiento de fronteras de todo tipo que dicha apuesta comporta.
El plan que Merkel ha presentado es una valiente apuesta reformista que introduce estrictas medidas de control sobre los mercados, otorga mayor protagonismo al Fondo Monetario Internacional, duplicando sus fondos, y exige un estricto control de todos los productos financieros de riesgo y de las agencias de calificación de riesgos, así como un abanico de sanciones para los que no cooperen. Y todo ello junto con una “carta global” para la consolidación de una economía sostenible en un sistema de mercado social. El plan es en síntesis un programa de reformas estructurales que apuesta por el gasto público para salir de la crisis.
Alemania, Reino, Unido, Francia, Italia, España, Holanda y la república Checa, liderados en esta ocasión por Ángela Merkel van a intentar sacar adelante el próximo 2 de abril, en Londres, esta apuesta común, europea, arriesgada y valiente que puede servir no sólo para afrontar la crisis económica actual, sino también para abrir un profundo debate sobre los contenidos de lo que debe ser una auténtica política económica europea en estos comienzos del siglo XXI, tras el derrumbe la concepción socialista y la crisis profunda de la economía neoliberal.
¡Ojalá la iniciativa liderada por Ángela Merkel dé los frutos deseados y pueda ayudar a resolver la crisis económica y con ello también, entre nosotros, la crisis profunda en que se encuentra Europa!

Un Presupuesto muy malo

Febrero 4, 2009 por modestolobon

Comparando los porcentajes de las respectivas partidas de gasto con respecto al montante total de los gastos no financieros, como es práctica habitual en la comparación presupuestaria, pues los gastos financieros pueden tener unas singularidades muy específicas en cada ciudad y, por lo tanto, no tienen el mismo valor comparativo, se puede afirmar que la estructura de los presupuestos del año 2008 del Ayuntamiento de Zaragoza, en comparación con la media de los ayuntamientos españoles, era mala porque dedicaba una proporción mucho mayor del conjunto de operaciones no financieras al gasto corriente, y correlativamente otra mucho menor a la inversión
Según los últimos datos disponibles en el Ministerio de Hacienda, que aunque no son estrictamente de ese año son lo suficientemente reveladores de la estructura general, mientras la media de los ayuntamientos españoles viene dedicando al gasto corriente, aproximadamente, un 70,13% de sus operaciones no financieras, el Ayuntamiento de Zaragoza, al año pasado, dedicó un 76,68%; y mientras aquellos aplican a la inversión un 29,87% de dichas operaciones no financieras, el de Zaragoza tan sólo un 23,32%.
Esta mala situación estructural se agrava todavía más en los presupuestos para el 2009, pues el gasto corriente pasa de representar el 76,68% de las operaciones no financieras al 84,51%, y descienden las inversiones del 23,32% al 15,49%. Es decir, que si los presupuestos de 2008 eran francamente malos, los propuestos para el 2009 son aún peores, y proyectan, además, una trayectoria que va en dirección contraria a la de la media de los ayuntamientos españoles, pues mientras éstos en los últimos cuatro años han mejorado en más de un punto porcentual la proporción de las operaciones no financieras que dedican a la inversión, reduciendo en la misma cuantía el gasto corriente, el Ayuntamiento de Zaragoza, en el mismo tiempo, no la ha aumentado, y no sólo eso, sino que descontando los efectos de la Expo, pues ha sido algo coyuntural, resulta que la ha disminuido, marcando así un rumbo inverso al que debería llevar.
Todo ello además con un aumento neto de las deuda por encima de los 260 millones en todo el tiempo del gobierno socialista, y tras soportar en los años pasados un de las subidas más abusivas de la presión fiscal de la historia de nuestra ciudad, más del 40%, coronada en el actual por un incremento de entre 3 y 5 puntos por encima de la inflación, lo cual, por la vía de las posibilidades de consumo, disminuye notoriamente la calidad de vida de los zaragozanos, sin propiciar ningún aprovechamiento de ese esfuerzo ciudadano, sino todo lo contrario, pues mientras en los ayuntamientos españoles la inversión realizada con fondos propios, es decir, sin deuda, supera el 27%, en el Ayuntamiento de Zaragoza no llega al 12%, bastante menos de la mitad.
La razón de esta deriva municipal radica, en lo económico, en la crónica falta de contención del gasto corriente, pues viene superando en tres puntos porcentuales los gastos corrientes medios de los ayuntamientos españoles, sin que por parte del gobierno de Zaragoza haya ninguna voluntad de corregir esta situación, sino más bien lo contrario, presentando la necesidad del actual montante como algo axiomático. Y en lo político, en la creencia, a todas luces errada, de que es posible distraer a la opinión pública con el deslumbramiento ocasional de grandes fastos aunque se abandone la gobernación diaria de la ciudad. Pero el efecto anestésico con que, en gran parte, ha sido empleada la Expo 2008 por parte del Gobierno no puede ocultar la realidad de la mala gobernación de la ciudad.
Ante estos presupuestos y la trayectoria económica que dibujan, sólo cabe pedir al Gobierno lo que ha pedido el primer partido de la oposición: que los retire y presente otros que tengan invertidas, aunque sea sólo de forma inicial, las tendencias básicas apuntadas. Y para que ello sea posible, es preciso, antes que nada, que se produzca un verdadero cambio de política de manera que se entronice la satisfacción de las necesidades reales de los ciudadanos por encima del cumplimiento de las ambiciones políticas de sus gobernantes. De lo contrario, el Ayuntamiento de Zaragoza continuará deslizándose, y cada vez más acusadamente, por una pendiente inclinada que sólo conduce a tener que hacer esto mismo en otro momento todavía peor.

Nuevo rumbo

Enero 4, 2009 por modestolobon

España ha entrado en recesión económica, a pesar de los juegos de palabras con que se ha querido disimular esta situación. Aragón, después de la emoción de una Expo que no ha conseguido beneficiar al conjunto del territorio, ha entrado en dicha recesión con más brusquedad que otras Comunidades, esperándose para este año, según las previsiones de Hispalink, un crecimiento económico negativo. Y Zaragoza, apagado el esplendor de sus fastos veraniegos, se enfrenta a esta realidad con unos servicios públicos cada vez más deteriorados y el triste privilegio de ser una de las grandes ciudades españolas con mayor incremento fiscal.
Este cuadro macroeconómico llevado a la realidad del día a día se traducirá en pérdida de empleo, cierre de empresas, caída del consumo y deterioro de todos los sectores productivos. Y todo ello en un contexto de pérdida de confianza empresarial y de restricciones al crédito por parte de las entidades financieras.
Este es el panorama de Aragón y su capital cuando se ha quedado atrás el año que pretendía ser mágico y aparece en toda su desnudez la cruda realidad, imposible de ocultar con ninguna propaganda, y ante la que el presidente de su Gobierno, en el mensaje de fin de año, sólo tuvo palabras que en muchos momentos eran más apropiadas para ser dirigidas a un grupo de boy-scouts que a una Comunidad Autónoma particularmente azotada por la crisis.
En el discurso de investidura del verano de 2007, el presidente Iglesias dijo que, para mejorar la calidad de vida de todos los aragoneses, uno de los principales objetivos políticos del nuevo Gobierno era mantener en Aragón un crecimiento económico del 3% durante los cuatro años de la legislatura. Al comparar esa cifra con las previsiones no sólo de Hispalink sino de cualquier otro informe solvente se puede medir la hondura de su fracaso y se comprende mejor la necesidad de apelar a palabras huecas y emotivas a la hora de dirigirse a su Comunidad con motivo del final de un año, que, según también él afirmó en ese discurso, iba a mostrar al mundo el esplendor de Aragón.
En lugar de ese esplendor se ha reducido el incremento del consumo a la mitad, se han superado los 50.000 desempleados y se ha convertido nuestra Comunidad en la líder en creación de paro.
Es indudable que la crisis económica por la que se atraviesa no es un problema exclusivo de Aragón, ni tampoco de España, por más que en nuestro país su virulencia sea mayor que en otros sitios, sino mundial y, por lo tanto, debida en gran parte a factores que escapan del control de cualquier gobierno aislado, y se inserta además en la propia sustancia del sistema capitalista, que es cíclico por naturaleza. Y no ofrece tampoco dudas el hecho de que las Comunidades Autónomas, sin perjuicio de las políticas microeconómicas que puedan poner en marcha en sus territorios, no tienen en sus manos el control de la política macroeconómica, ni menos aún el de los grandes flujos monetarios internacionales, careciendo de la posibilidad de cambiar sustancialmente el curso de los acontecimientos económicos.
Por eso no es imputable al presidente aragonés la situación de crisis económica en que está sumido Aragón, más o menos similar a la del resto de España. Pero lo que sí es imputable a él es el desenfoque en que está instalado su Gobierno, que se plantea como objetivos políticos lo que no depende de él, aparentando un poder del que carece, y olvidando al mismo tiempo la verdadera acción de su Gobierno en aquellas cuestiones que sí son de su incumbencia. Si España está en crecimiento económico, Aragón lo estará también, gobierne quien gobierne la DGA; y si España está en recesión igualmente lo estará nuestra Comunidad, con independencia del color político de su Gobierno. No depende esto del presidente del Gobierno aragonés.
Pero lo que sí depende de él en gran parte es que los aragoneses vean aliviada su carga financiera en los malos tiempos, las pequeñas y medianas empresas sean ayudadas en sus dificultades, las asistencias sociales lleguen a todos los que las necesiten, los servicios sanitarios y educativos funcionen adecuadamente, la Comunidad tenga una buena red de transporte público y en general el conjunto de servicios que hoy constituyen la calidad de vida funcionen adecuadamente y cada vez mejor. Como también depende de él que su voz sea escuchada donde sea preciso para que los aragoneses sean tratados como el resto de los españoles, aunque eso le obligue a incómodos enfrentamientos con su propio partido y a soportar situaciones desagradables. Y todo esto es lo que no está haciendo.
El Gobierno de Aragón necesita un cambio de rumbo. Debe dejar de ocuparse de las fantasías que no están en sus manos y dedicarse de lleno a aquello que puede y debe mejorar. Y este giro hacia un nuevo rumbo, realizado con inteligencia y sensatez, es lo que el Gobierno de Aragón necesita en este año 2009 que acaba de comenzar.

Salsagoza 2008

Diciembre 8, 2008 por modestolobon

Ayer tuve ocasión de asistir al espectáculo de clausura y a la posterior salsoteca de la 4ª Concentración Mundial de Salsa, “Salsagoza 2008”, que durante cuatro días ha reunido en Zaragoza, en el Parque de Atracciones, a más de mil quinientas personas pertenecientes a setenta países, en una impresionante exhibición cultural y de expresión corporal al calor de la música hispana más extendida en el mundo.
Todo el embrujo de esa danza integradora, interpretada por los primeras figuras mundiales, y el desbordante calor humano que le es inherente, y que no conoce fronteras, han hecho de la capital del Ebro durante esos días un foco mundial de cultura y proyección universal.
La Asociación Arte y Ritmo, organizadora del acontecimiento, presidida y dirigida por Miguel Ángel Lucía, se ha convertido durante estos días, al calor de la salsa, en el primer embajador de la ciudad, aunando la dimensión de proyección exterior que el Certamen ha tenido con una vertiente cultural de primer orden, particularmente interesante y necesaria para nuestra ciudad, sobre todo al considerar el páramo cultural en que está instalada la política de su Gobierno local.
Y al considerar que estas dos brillantes vertientes de Salsagoza 2008 se han dado precisamente en el año en que, al hilo de la Exposición Internacional, se ha pretendido que Zaragoza sea conocida en el mundo, resulta particularmente lamentable la indiferencia que el Gobierno de la ciudad ha mostrado ante el Certamen, ignorándolo por completo, sin ninguna presencia de ninguno de sus miembros en ninguno de sus días, y con un aporte financiero tan exiguo que no puede llamársele ni siquiera ayuda, sino más bien limosna.
La política de proyección exterior del Ayuntamiento necesita urgentemente ser revisada y la política cultural, algo más que eso: ser concebida, porque no existe. Al calor de la salsa este fin de semana en el Parque de Atracciones de Zaragoza no he podido por menos de reflexionar hasta qué punto es esto necesario, y en qué medida la expresión vital que la salsa propicia puede convertirse en el símbolo de esa necesaria expresión cultural de la ciudad que Zaragoza tanto necesita.

Gasto inútil en Zaragoza

Noviembre 30, 2008 por modestolobon

Suele ser práctica habitual en la consideración económica de los presupuestos de las instituciones públicas distinguir con énfasis lo que se contempla como gasto corriente de lo que se contiene en el capítulo de inversión, abogando siempre por una reducción del primero en beneficio de un aumento de la segunda.
Este planteamiento, que es razonable y conveniente en términos generales, no agota toda la intensidad de la mirada que debe recaer sobre las cuentas públicas, porque una parte importante de lo considerado contablemente como gasto corriente es muy necesaria y, en consecuencia, su reducción resulta improcedente; y, por el contrario, una porción, a veces bastante abultada, de lo computado como inversión es perfectamente prescindible y, en consecuencia, se debiera desistir de ella.
Esto nos lleva a que junto con la dicotomía gasto corriente e inversión, debiera establecerse en paralelo la diferenciación entre gasto útil o inútil, y de la conjunción de ambos enfoques hacer posible un enjuiciamiento de las cuentas públicas más sensato del que viene siendo habitual.
Lo que está sucediendo con las obras del antiguo Seminario diocesano de Zaragoza, actualmente propiedad de su Ayuntamiento, y en otros muchos gastos municipales, pone, a mi juicio, de manifiesto hasta qué punto la aplicación del criterio de utilidad comentado podría encarrilar la vida municipal zaragozana por una senda de mayor sensatez que la que actualmente lleva. Muy pocos dudan de que la recuperación de ese edificio hubiera podido realizarse con criterios de mayor austeridad en su planteamiento y de más alto rigor en su ejecución, de forma que se hubiera prescindido de ese afán de lujo, impropio no sólo en el despacho del alcalde, sino en cualquier otra dependencia municipal, y se hubiera evitado la alta desviación sobre el presupuesto inicial con que se están terminando finalmente las obras.
Es cierto que ese lujo excesivo y ese coste de ejecución añadido que, por exigencias contables, figuran en el capítulo de inversión la incrementan notoriamente, lo que añadido a circunstancias similares en algunas otras obras municipales puede permitir al Gobierno, como se puso claramente de manifiesto en el último debate presupuestario, presumir de que la inversión había llegado a un récord histórico en esta ciudad. Pero esa realidad contable no se corresponde con la realidad de la utilidad ciudadana que tras la cifra aletea, sino, en gran parte, con ese exceso de gasto inútil o simplemente prescindible, y en cuyo montante, ciertamente se está batiendo un récord histórico.
Despilfarrar, en la acepción vulgar de la palabra, significa precisamente eso: “gastar profusamente en alguna ocasión”. Por eso, cuando la oposición califica políticamente de despilfarro ciertos gastos municipales, como todo lo relativo al Seminario, no sólo no está incurriendo en nada punible ante ningún tribunal, sino, al contrario, cumpliendo con su obligación democrática de intentar que el gobierno actúe lo más acorde posible con los intereses de los ciudadanos y no con trasnochados conceptos de grandeza institucional. Pues la verdadera grandeza del ejercicio político, y su prestigio, no se miden por la calidad de las maderas que forran las paredes de los despachos ni por la finura de los mármoles que les dan sustento, sino por el acierto en la gobernación del pueblo.
Y cuando este ejercicio democrático y responsable de la labor de la oposición pretende ser acallado por el gobierno amenazando con los tribunales de justicia, resulta inevitable el desagradable recuerdo de otros gobiernos y de otras épocas, afortunadamente superadas y de cuyo nombre no quiero acordarme, en las que no existía la libertad de expresión.

“Amor y Poder”

Noviembre 21, 2008 por modestolobon

[[Susana ascendía lentamente por las escalinatas de la Plaza de España, acariciada por el último sol de la tarde que, en aquel día de noviembre, a esas horas, poco más de las cinco, sólo alcanzaba ya la parte alta.
Había dicho que tenía urgencia por llegar a una reunión, pero era mentira. Era simplemente un pretexto para irse sola, caminando despacio, y saboreando las emociones que acababa de vivir. Incluso tuvo que improvisar otra mentira para no tener que hacer uso del coche que el embajador se empeñaba en poner a su servicio. No le costaban ningún esfuerzo esas respuestas rápidas, inventadas con ingenio y expresadas con tanta naturalidad que nadie pensaba nunca que fueran falsas. Sus dotes diplomáticas para ese saber estar en cualquier tipo de reunión se habían puesto de manifiesto desde mucho tiempo atrás, casi desde niña, pero florecieron de una manera particular durante su estancia en Harvard, primero como alumna y luego como profesora.
Al llegar a la parte más alta, la ligera brisa de la tarde ondulaba su fular de lana fría, dándole un aspecto etéreo, muy a juego con la soltura de su traje sastre beis, con el que, sin pretenderlo, había llamado la atención por su “sencillez y elegancia al mismo tiempo”, como llegó a decir el embajador
Pero no era solo por sus trajes por lo que Susana rara vez pasaba desapercibida. La sencillez de su vestido no hacía más que resaltar la elegancia y belleza naturales de su cuerpo, su esbelta figura y la hermosura de su rostro que atraían inevitablemente miradas desde todos los ángulos y a las que se mostraba indiferente, poniendo con esa indiferencia un punto añadido de atractivo a su magnetismo.
A Susana le gustaba caminar sola, y sobre todo por Roma, la ciudad que “la volvía loca”. Pero, más que caminar sin más, le gustaba ascender, caminar ascendiendo, en un ejercicio inconsciente que revelaba la estructura más profunda de su personalidad.
Al llegar a la explanada de la parte alta, se dirigió hacia la barandilla para contemplar el espectáculo de la perspectiva de Roma. A Susana, las ciudades, como los conceptos y las ideas, le gustaba contemplarlas en perspectiva, abarcando con un solo vistazo la amplitud de su dimensión y adquiriendo conciencia clara de sus límites, de sus fronteras. Le interesaba siempre más el bosque que los árboles y huía de los detalles con una aversión natural.
Y allí, apoyada en la barandilla, dándole la brisa en la cara y con los ojos un poco entornados, no pudo evitar pensar en sí misma, en su propia vida, esbozando un ligero balance parcial de sus logros, como le gustaba hacer con mucha frecuencia, en un intento de controlarlo todo en todo momento. Su ambición de llegar a general de la Orden antes de cumplir los cuarenta estaba bien encarrilada y, a menos que surgieran problemas impensables, su posición para lograr esa meta, contando con cinco años de experiencia como superiora para España y no teniendo más de treinta y cinco, la situaban en una posición privilegiada. Había sido la superiora más joven de la historia de la Orden.
Pero su ambición iba más lejos: su intención apuntaba a empresas más complejas, de corte reformador, como hicieron grandes mujeres que pasaron a la historia y cuyas vidas había leído de forma apasionada y minuciosa.
Con la vista esparcida por encima de tejados de cientos de palacios y bóvedas, en esa densa generosidad que solo Roma proporciona, sus ojos se posaron en la que dominaba el centro de la escena, la de San Pedro, símbolo para ella de la grandeza y el poder y experimentó entonces una rabia contenida. “¿Por qué no podía ella ser sacerdote u obispo, o cardenal, o incluso poder optar a Papa? ¿Por qué no? ¿Por qué su sexo era razón para privarla a ella de todas esas posibilidades para las que estaba más preparada y capacitada que muchos de los que ocupaban aquellas dignidades?”
Todo estaba cambiando, ¿por qué no podía cambiar también la Iglesia? En España, la Guardia Civil permitía a los homosexuales vivir juntos; en Turquía, los islamistas moderados pretendían ser demócratas sin dejar de ser islámicos; en Alemania, el jefe de la oposición era una mujer... El mundo estaba cambiando, ¿por qué no podía cambiar el mundo concreto que a ella le rodeaba? Por ahí iban sus ensueños de reforma. Y fue entonces cuando, sin saber por qué, se acordó de la mirada del canciller.]]
Este el comienzo de “Amor y Poder”, la novela que presentaré el lunes 24 en el Centro de Historia de Zaragoza, a las 20,00 h, y en cuyo acto intervendrán también la escritora Macu Armisén y el editor Joaquín Casanova, y al que invito a todos los lectores de este blog

Invitación

Noviembre 13, 2008 por modestolobon

Me complace invitar a los lectores de este blog a la presentación de mi libro “Amor y Poder”, editado por Mira Editores, que tendrá lugar el lunes 24 de noviembre, a las 20,00 horas, en el Centro de Historia de Zaragoza, Plaza de San Agustín nº 2.
En el acto intervendrán también la escritora Macu Armisén y el editor, Joaquín Casanova.

“Amor y Poder” relata una historia de amor entre una religiosa con afanes reformistas y un ministro del Gobierno español. Ambientada en la época actual, de comienzos del siglo XXI, entrelaza las ambiciones de un político por elevarse a la cúspide con las de una religiosa que anhela un cambio de las estructuras de la Iglesia para poder acceder, en igualdad con los hombres, a una carrera eclesiástica sin limitación de niveles. Sus diferentes visiones acerca del sentimiento religioso, compatibles con una misma ambición de poder, dibujan una trayectoria amorosa, enmarcada en la crisis de la Iglesia, el último Cónclave y la teología feminista, que refleja la fuerza transformadora del amor.

Réplica al Alcalde de Zaragoza

Noviembre 13, 2008 por modestolobon

En el desarrollo de los debates del Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza, el reglamento concede al Alcalde, que preside la sesión, la facultad de hablar en cualquier momento y por el tiempo que considere oportuno. Hasta el presente, no se ha prodigado el Alcalde en el uso de la palabra en dichas sesiones, limitándose a presidirlas y a ordenar las exposiciones de los demás, pero sí ha intervenido en algunas ocasiones importantes para dar su particular opinión al final del debate.
Esto fue lo que sucedió en el pasado Pleno municipal del mes de julio, entre otros asuntos, en el concerniente al proyecto del tranvía. Al final de todas las intervenciones, tomó la palabra el Alcalde para intentar endosar a la oposición la responsabilidad por el fracaso del consenso en materia de movilidad que, en nombre de mi grupo, le había yo censurado minutos antes.
Como por razones reglamentarias me fue imposible desmontar en aquel Pleno la falacia de su argumento, aproveché el Pleno de principios de este mes para replicarle como entonces no pude, y aprovecho esta tribuna para hacer llegar a todos sus lectores el contenido de esa réplica.
Es comprensible, y legítimo también, que el Alcalde trate de imputar a otros la responsabilidad de lo que, a mi juicio, constituye su mayor fracaso político en todo el tiempo que lleva rigiendo la ciudad. Cuando se emprende un proyecto de la envergadura de la transformación de la movilidad Zaragoza en torno a unas premisas en contra de las que se han pronunciado el 42% de los electores, la mitad de los colegios profesionales, la mitad de las asociaciones ciudadanas, algunos importantes sindicatos y todas las organizaciones empresariales es natural que el desasosiego cunda en el máximo responsable.
Los grandes proyectos estratégicos de una ciudad, aquellos que, por su naturaleza, van a requerir para su ejecución una duración temporal superior a los cuatro años de mandato de una Corporación, la concurrencia financiera y operativa de otras instancias públicas y privadas y la mejor comprensión ciudadana ante las molestias que pueden conllevar, hacen muy conveniente un amplio consenso político y ciudadano que mantenga la pervivencia en el tiempo del rumbo emprendido, asegure la constancia en los esfuerzos requeridos y anime la necesaria modificación de hábitos ciudadanos.
Este es el consenso del que carece la actual política de movilidad, como se evidenció en el último Pleno municipal con la aprobación de una de sus premisas conceptuales: el tranvía por el centro de la ciudad.
La movilidad de Zaragoza, orquestada con la del área metropolitana por el sistema de cercanías ferroviarias, se puede articular en torno exclusivamente a una red de tranvía por las calles que lo permitan, a una red de metro, a una red de autobuses, o a una combinación de dos de esos tres elementos, o de los tres conjuntamente. Personalmente, me encuentro entre los que piensan que ésta última posibilidad es la más conveniente para Zaragoza. Pero en todo caso, eso es una cuestión a discutir, y precisamente en esa discusión, y en la posibilidad de llegar entre todos los partidos políticos y fuerzas sociales y ciudadanas a un punto de equilibrio en todas esas posibilidades, consiste el consenso de la movilidad.
Pero el Gobierno municipal, con el Alcalde a la cabeza, ha hecho justamente lo contrario. Ha asumido de forma unilateral y dogmática una premisa, el tranvía por el centro de la ciudad, y se ha negado a considerar cualquier otra posibilidad ni para el tranvía ni para ninguna otra combinación de los restantes elementos, intentando hacer creer a la opinión pública que su disposición a aceptar retoques de matiz en dicha premisa fundamental demostraba un amplio espíritu de consenso.
Que la catenaria del tranvía vaya por el aire o soterrada en algunas calles; que el giro del convoy se realice por una esquina o por la siguiente; o que las paradas se estipulen cada cuarenta o cincuenta metros, con ser asuntos interesantes, en modo alguno suponen la alteración de la premisa fundamental consistente en que el tranvía cruce el centro de la ciudad. Y en la negativa a entrar en esos detalles, que no alteran lo más mínimo el carácter estructurante de dicha premisa, es en lo que el Alcalde basaba su intento de endosar a la oposición falta de voluntad de consenso, en una inútil pretensión de levantar una cortina de humo para ocultar el perfil de su rigidez y oscurecer el reflejo de su fracaso.
Porque esta es la realidad: en materia de movilidad, el Alcalde ó no ha querido el consenso ó no ha sabido lograrlo. En cualquier caso, es su fracaso como regidor de todos los zaragozanos y una losa para el futuro de la movilidad de la ciudad.

Escasa repercusión internacional

Octubre 6, 2008 por modestolobon

Concluida ya la Exposición Internacional de Zaragoza y retomándose con ello el curso normal de la vida de la ciudad y de los afanes municipales, y sin perjuicio de analizar más serenamente su legado cuando una cierta distancia de ella permita su enjuiciamiento más objetivo, me parece oportuno poner de relieve, junto a las luces que tanto ha glosado su Alcalde, alguna de las sombras que, con la misma intensidad, se han apresurado a resaltar cualificadas autoridades en la materia. Se trata de su escasa repercusión internacional
Algunos días antes incluso de que la muestra acabara, el propio Bureau International des Expositions de París, el supremo órgano de las exposiciones, reconoció, con tristeza que todos compartimos, que había sido la Exposición que menos repercusión internacional había tenido. Y los propio organizadores, cuando no se había llegado ni siquiera a la mitad de su tiempo de existencia, viendo el escaso eco exterior que la muestra estaba teniendo, anunciaron la realización de una campaña urgente de divulgación de la misma en los principales medios informativos internacionales, en un ejercicio que valía más para reconocer de forma meridiana lo que no habían hecho antes que para remediar verdaderamente la situación.
La cifra de visitantes extranjeros ha sido manifiestamente baja, la presencia de jefes de Estado o de Gobierno no ha llegado a la décima parte de los países representados, la incidencia en los medios nacionales ha sido clamorosamente escasa y la repercusión en los internacionales prácticamente inexistente.
No sólo resulta paradójico que en el balance de una exposición internacional sea precisamente la dimensión internacional lo más lamentable de sus resultados, sino que debe servir, a mi juicio, de aldabonazo en las conciencias municipales, de sereno toque de atención para reflexionar con rigor sobre la política exterior del Ayuntamiento de Zaragoza y sacar las conclusiones precisas con el fin encarar el futuro de manera más adecuada.
La proyección exterior de una ciudad no consiste sólo en viajar, por más que esto sea necesario; ni en organizar festejos o acontecimientos deportivos de relieve, casi siempre convenientes por otra parte; ni en efectuar hermanamientos con ciudades en todas las direcciones de la rosa de los vientos, siendo interesantes muchos de ellos; ni en pertenecer a todas las redes mundiales de ciudades, aunque su presencia en algunas de ellas sea obligada. No consiste sólo en esto. Consiste en esto y muchas otras acciones, de muy compleja ejecución, pero realizadas todas ellas en un marco de sentido unitario, fruto de un análisis previo de lo que se pretende conseguir y de los medios que para ello se dispone, trazadas en un horizonte temporal amplio, pues los efectos son siempre a largo plazo, y realizadas todas ellas dentro de un contexto de verdadero interés para la ciudad por encima del brillo que puedan aportar a sus regidores.
Y este marco de sentido unitario, esta concepción global de la política exterior como una acción no aislada sino vertebrada con todas las demás, esta jerarquización de objetivos y prioridades que antepone lo necesario a lo meramente conveniente y, por supuesto, a lo sencillamente superfluo, es, entre otras condiciones, lo que ha faltado, y está faltando, en el Ayuntamiento de Zaragoza en esta materia.
Sin esta articulación interna, sensatamente concebida, debatida y acordada entre todas las fuerzas políticas, y sin las alianzas externas de todo tipo, públicas y privadas, debidamente establecidas para su realización, la acción exterior puede brillar de forma momentánea con el deslumbrante fulgor de unos fuegos artificiales, pero nunca conseguirá ser la iluminación permanente del desarrollo de una ciudad.
Este mes hace exactamente tres años que en el Ayuntamiento de Zaragoza, a iniciativa de la oposición, se constituyó una Comisión de Exteriores que tenía por finalidad llevar a efecto, de manera dialogada y rigurosa, todo esto que acabo de decir, pero, a pesar del entusiasmo con que el Alcalde la recibió, nunca se ha puesto en funcionamiento.
Me encuentro entre los que piensan que ha llegado el momento de desempolvarla y erigirla en aquello para lo que nació: el ámbito político para concebir una sensata política exterior, la fuente de impulso para realizarla, y el órgano de control y evaluación de lo que se vaya consiguiendo.
La Exposición Internacional nos ha dejado muchos sabores agradables, pero el regusto amargo de lo que no se ha logrado en la medida esperada debiera servir al Gobierno municipal para reflexionar y obrar en consecuencia cuanto antes.

La segunda descentralización

Septiembre 5, 2008 por modestolobon

Al comienzo del curso político ha saltado a la primera plana de la atención pública, con toda la fuerza de las primicias informativas, la noticia de que los ayuntamientos van a ser los primeros en pagar las consecuencias de la crisis económica, viendo restringido el montante que los presupuestos generales del Estado les aporten.
La noticia es enormemente preocupante no sólo por lo que tiene de marginación de los entes locales, con el consiguiente deterioro de las ya muy maltrechas arcas municipales, sino por la vertiente adicional que presenta como expresión de una reiterada ausencia de voluntad política para encarar el verdadero problema de fondo que aqueja a la estructura del Estado.
A través de estas páginas lo he afirmado repetidamente, pero no me parece inoportuno volverlo a recordar en estos momentos. Uno de los mayores problemas que tiene actualmente el Estado español radica en el desequilibrio existente entre sus tres poderes ejecutivos, el central, el autonómico y el local. Nadie discute que el intenso proceso descentralizador iniciado en España a partir de 1978, con el traslado de competencias en beneficio de las Comunidades Autónomas ha situado a España en la vanguardia de Europa en materia de descentralización, con unos beneficios sociales palpables en todos los órdenes.
Pero resulta igualmente indiscutible que este notable avance en la consolidación del Estado de las Autonomías, no ha tenido un reflejo similar en el siguiente escalón territorial, los entes locales, cuya configuración se ha visto inalterada en todos estos años pasados, en perjuicio manifiesto de los ciudadanos, cuya calidad de vida no se mejora por el dislocado crecimiento de uno de los tres poderes del Estado, en perjuicio de los dos restantes, sino por el adecuado equilibrio entre los tres.
El problema no se resuelve, a mi juicio, limitándose a crear un frente común para evitar que la financiación de las Comunidades Autónomas no se realice a costa de la de los ayuntamientos, como parece propugnar el Alcalde de Zaragoza, por más necesario que esto sea siempre, sino acometiendo con decisión la reforma estructural que el Estado de las Autonomías necesita para que ese equilibrio de los tres poderes sea una realidad.
Y para ello se requiere no sólo un nuevo modelo de financiación municipal, sino todo un proceso de transferencia de competencias de las Comunidades Autónomas a los Ayuntamientos. Y ambas cuestiones, por la propia exigencia constitucional española, que en su reparto competencial en esta materia reserva al Estado la legislación básica y a las Comunidades Autónomas la de desarrollo; por la diversidad tipológica de los ayuntamientos españoles con las específicas exigencias de las grandes ciudades; y por la propia modificación de los ámbitos de poder político que todo reparto competencial conlleva, requieren un pacto Estado lo más amplio posible, pero, en cualquier caso de los grandes partidos nacionales.
Este es a mi jucio el desafío de la modernidad política en esta hora de España, y la verdadera piedra de toque para medir la altura de nuestros gobernantes, no sólo en el gobierno de la nación sino el todos los demás niveles de gobierno.
Y si esto es urgente y necesario para el conjunto de municipios españoles, lo es todavía de una manera más acusada para Zaragoza por la singularidad de nuestra Comunidad Autónoma, cuya capital alberga la mitad de la población y en su entorno metropolitano se produce cerca del 80% del PIB aragonés. Por eso, a mi juicio, la voz que el Alcalde de Zaragoza ha levantado a raíz de este asunto no debería quedarse en un mero gesto para la galería, tocando tan sólo de refilón el problema, sino ahondar decididamente en la entraña profunda del mismo, aprovechando además el eco que la Exposición Internacional del 2008 puede brindar a cuando desde Zaragoza se diga, y no sólo en materia de medio ambiente.
Por la forma y por el fondo; por el momento y por el contenido, levantar desde Zaragoza la bandera de la necesidad de la segunda descentralización, al hilo de la necesaria reforma de las haciendas locales, contribuiría notablemente a incrementar la densidad del “discurso de Zaragoza” y, lo que es más importante, a acercar el día en que los ciudadanos, todos, en cualquier ciudad española, puedan conocer una vida mejor.